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Jueves, 05 de diciembre de 2002 - 18:48 GMT
Argentina: historia del hambre
Niño en un comedor comunitario de Argentina
¿Son los problemas de desnutrición en Argentina puestos en evidencia por la muerte de niños en la provincia de Tucumán, una consecuencia de la actual crisis económica del país o tiene raíces más profundas?

Este y otros interrogantes llevaron a BBC Mundo a consultar a un especialista de la Universidad Nacional de Tucumán, en el noroeste argentino sobre qué explicaciones pueden darse a este fenómeno.

Esta es parte de la conversación mantenida con Oscar Pavetti, catedrático en historia del populismo y sindicalismo en Argentina.


En primer lugar, ¿hay una respuesta simple e inmediata para esta gran paradoja: niños que se mueren de hambre en un lugar donde hay de todo para sobrevivir?

No quisiera ser fundamentalista en mi respuesta, pero se puede decir que el problema básico es una mala distribución de los bienes. A esto se agrega un aparato productivo que ha ido decayendo y achicándose mientras el índice demográfico va subiendo, poniéndonos en una suerte de crisis malthusiana. Resulta absurdo pensar en esos términos, pero lamentablemente es así.

Ahora bien, esta crisis ¿es algo reciente o tiene raíces históricas más profundas?

Hay un libro de Tulio Halperín Donghi, "la larga agonía de la Argentina peronista" cuyo título sugiere que esta crisis es demasiado larga. Coincido con él en el sentido de que a partir de 1930 no hay un modelo conducente a desarrollar el país en el mismo sentido y con el mismo éxito al modelo anterior a esa fecha.


A pesar de las marchas por el hambre, no se ve una salida inmediata.
El peronismo fue un intento en este sentido, el "desarrollismo" del presidente Arturo Frondizi otro. También lo fueron la Revolución Argentina del 66 o la dictadura militar del 76. Todos fueron fallando hasta llegar a la presidencia de Carlos Menem con un modelo que fue presentado aparatosamente como el más exitoso. Bien, los resultados están ahora a la vista.

Antes de continuar, por qué no nos recuerda en que se basó ese "éxito" argentino anterior a la década del 30.

En un modelo que viene del siglo XIX emparentado con la segunda revolución industrial y que convierte a muchos países europeos, Estados Unidos y Japón en potencias mundiales. Al mismo tiempo sitúa a otra serie de países en ese engranaje mundial como proveedores de materias primas para los que se considera con ventajas comparativas.

En ese sentido, Argentina fue un país con muchísima suerte porque pudo proveer de carne y granos en forma barata y abundante. A partir de ese proyecto, muy sencillo, de acoplamiento a un mercado mundial, se fue edificando la Argentina que todo el mundo conoce y conoció, que funcionó en la medida en que el mercado mundial también iba creciendo.

Pero la crisis que desata la quiebra de Wall Street con su consecuente impacto en el mercado mundial, impone el desafío de reorientar la economía de Argentina y otros países, esto es dejar de pensar en una economía que se desarrolla hacia afuera por otra, que se desarrolle hacia adentro.

Bien, eso en términos ecónómicos. ¿Pero qué impacto tiene todo esto en el perfil político y social de su país?

Bien, a partir de 1930 comienzan los intentos de desarrollar ese modelo alternativo con su consecuente correlación en ese fenómeno político que conocemos como "populismo".

Estas formas políticas intentaron desarrollar una economía hacia adentro, a través de la industrialización por sustitución de importaciones y la creación de un mercado interno lo suficientemente fuerte que estimule el crecimiento que tiene que tener esa industria.

Este proyecto se agotó en la década del 90, cuando Carlos Menem lo abandona definitivamente con una "economía trasnacionalizada" donde se perciben muchos cánones de antes del 30. Por supuesto, el problema es que ya estamos en un mundo distinto, mucho más rapaz.

El sindicalismo tampoco escapa a las consecuencias de este proyecto y sufre una herida casi mortal. No es aventurado decir que este modelo del 90 terminó enterrando definitivamente toda esperanza de desarrollo argentino.

Sin embargo, muchos argentinos creyeron y aún creen que se trató de una fórmula exitosa que permitió la radicación de nuevas compañías en el país.

Hemos caminado diez años con Menem. Hubo una serie de reformas tendientes a desmontar todo ese modelo que había crecido a partir de los 30, creando otro totalmente abierto, creyendo que las inversiones extranjeras iban a desarrollarnos, dándonos una gran mano. Hemos descubierto al final del camino que las inversiones así como entran, así también se van dejando poco y nada en el aparato productivo.

El presidente Eduardo Duhalde junto a obreros de una fábrica de neumáticos
Argentina necesita crear más fuentes de trabajo.
Aquí la cuestión del empleo se vuelve un aspecto fundamental. Tenemos un aparato productivo desquiciado, achicado y el trabajo sigue esa misma tendencia. El trabajo asigna menos recursos y esto hace que uno sienta la crisis como una situación muy vieja.

Los índices de desnutrición tan altos en realidad no son un fenómeno de hoy, son el resultado de una acumulación de graves errores que se manifiestan con muchísima fuerza y que continuarán.

Lo llamativo de la situación que describe es que los gobernantes con los proyectos que imponen no surgen por generación espontánea. ¿Cómo es posible que la misma gente que se muere de hambre fue y es la que vota a por estos gobernantes y modelos? ¿Qué pasa en la sociedad argentina? ¿Hay un divorcio entre la dirigencia y las necesidades de la gente?

Sí, hay un divorcio entre los gobernantes y las necesidades de la gente. Pero no creo que haya un divorcio entre gobernantes y gobernados. Creo que la clase política representa fielmente lo que es el pueblo argentino.

El Estado está volcando una serie de recursos importantes, pero en lugar de reinvertirse en producción y fuentes de trabajo terminan alimentando una especie de "clientela" política. La gente recibe los subsidios y devuelve el voto a quien le da esos recursos. Hay una acción recíproca que no se cortará en la medida en que no se funden nuevas fuentes de trabajo. En la medida en que el aparato productivo no se reactive, la situación no cambiará.

Es algo muy concreto, la gente está votando con su estómago. Es la clase política la que les está dando de comer.

¿De qué manera influyó la oligarquía local y los tiempos de gobiernos militares en la sociedad?

Me parece que la historia de la represión y la hegemonía de las élites azucareras aquí en Tucumán es algo que pesa, en el sentido de que no hay una violencia explícita. Se puede decir que esas estructuras adormecieron los tipos de resistencia violenta.

De todos modos la solidaridad de la gente, los intentos de organización, el reclamo público son aspectos que no se pudieron borrar en la sociedad y se evidencian día a día a través de comedores comunitarios, protestas o huelgas.

Aún así, a la distancia se percibe una sensación de que la sociedad se encuentra "desarmada" o sin fuerzas para cuestionar con efectividad a los gobernantes.

No, hay críticas y condenas. Pero cualquier cuestionamiento no se hará efectivo en la realidad mientras no haya una alternativa. Esa alternativa es muy difícil que se logre abrir en la medida en que están presentes todos estos canales que van soldando la relación entre el estamento político y la gente.

Pareciera ser entonces, que Argentina de algún modo sigue presa de discursos populistas y su rumbo económico y social sigue perdido?

Coincido. Parece que todavía no se vislumbra una salida y que hay una tendencia a retornar al populismo. En realidad todas las manifestaciones de la clase gobernante son netamente populistas.

Manifestación en Argentina
Las protestas y condenas no provocarán cambios si no hay una alternativa.
Si hay alguna posibilidad de apertura, tendrá que venir desde arriba y en esto quizá piense como Voltaire. Serán los dirigentes nacionales quienes presenten batalla sacándose de encima esa lápida latinoamericana que es la deuda externa. A partir de ahí, con la suficiente independencia y autonomía para manejar los recursos, la palabra clave es "desarrollar", fundamentalmente la creación de fuentes de trabajo.

En esto no estamos ni siquiera hablando de "socialismo" sino de recuperar las bases mínimas de un desenvolvimiento capitalista que permita ofrecer a la gente una ocupación. Porque en estos tiempos lo que define a una persona es su inserción laboral. Como no hay trabajo, entonces hay un amplio sector de hombres que ni siquiera puede definirse como persona. Allí es donde la crisis se siente agobiante.

Para lograr esas fuentes de trabajo se necesita una ayuda internacional, pero no a través de donaciones de remedios o alimentos, o ropas, sino condonando la deuda externa y dejando librados a cada uno de los gobiernos nacionales la administración de los recursos.

Si se le entrega esta autonomía, puede surgir dentro de la misma dirigencia, la "valentía" suficiente como para entablar otro tipo de diálogo con la sociedad y replantear los proyectos viables.

Lo que hay que pensar muy seriamente es en la recomposición del aparato productivo y de esa manera reconstruir los lazos sociales que si bien están debilitados, no están perdidos.


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