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Jueves, 08 de agosto de 2002 - 11:03 GMT
Un ruego por pan y trabajo
Procesión a San Cayetano
El rezo, la espiga de trigo y la estampita de San Cayetano.
Escribe José Baig, corresponsal de la BBC en Argentina.

Miles de personas se agruparon esta semana a las puertas de un modesto santuario de la capital Argentina. Esperaban ver a San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, para pedirle alivio a su situación de hambre y desempleo.

Aunque la procesión se repite cada siete de agosto, este año tuvo más participantes que nunca, dada la situación por la que atraviesan muchas familias a raíz de la crisis económica argentina.

"Yo me quedé sin trabajo hace dos meses", dice una señora mayor que hace cola pacientemente para entrar al santuario. Otros han estado buscando empleo sin encontrarlo durante meses y a veces durante años.

Los miles de fieles son apenas una expresión de la situación de empleo que vive Argentina en la actualidad. Solamente en los últimos doce meses, más de 380 mil argentinos se quedaron sin trabajo.

Sin trabajo

La población desempleada, o subempleada (que trabaja menos de 35 horas a la semana), supera en este momento el 45%, según datos del Instituto de Estadísticas y Censos, INDEC, que depende del Ministerio de Economía.

Incluso los que tienen un trabajo y han logrado conservarlo, han visto reducidos sus ingresos a escalas dramáticas, si se toma en cuenta la devaluación que ha sufrido el peso argentino.

Procesión a San Cayetano
Las colas para ver a San Cayetano son más largas cada año.
"Antes de diciembre, yo ganaba mil seiscientos pesos (US$ 1.600, al cambio de entonces), ahora apenas alcanzo a cobrar 700 (US$ 200 al cambio actual)", le dijo a BBC Mundo Adriana, una profesional.

Además, según el INDEC, son casi 700 mil las personas que trabajan pero no están registradas por sus respectivas empresas (para poder otorgarles salarios menores a los que establece la ley y no tener pagar que obra social y jubilación).

La situación que no tiene visos de cambiar a juzgar por lo que dijo la ministra del trabajo, Graciela Camaño, quien señaló que hasta que termine el actual gobierno (mayo de 2003) es poco probable que se pueda bajar el índice de desempleo.

Para que ello ocurriera, según cálculos del gobierno, el crecimiento del país debería ser del 5% anual, una cifra imposible de lograr en una economía en recesión y durante un gobierno interino.

Tal vez por eso son tantos los argentinos los que este año fueron literalmente de rodillas a rogarle a San Cayetano que les haga el milagro.

¿Y la salud?

"Un médico que trabaje en un hospital del Estado gana alrededor de 220 pesos al mes", le dijo a BBC Mundo Fernanda, una estudiante de medicina. Pero los sueldos son sólo uno de los indicadores del estado de la salud en Argentina.

Este año el país retrocedió siete posiciones en el "ranking" latinoamericano de inversión en políticas sanitarias, por debajo de países como Barbados, Uruguay y Panamá, según cifras que maneja la Asociación Civil de Actividades Médicas.

De 612 dólares per cápita que la Argentina dedicaba a la salud a finales del año pasado, pasó a invertir 184 en los primeros meses de 2002 y la Asociación calcula que, en total, esa cifra caerá un 15% más hasta diciembre.

Ministro de Economía argentino, Roberto Lavagna
El gobierno interino tiene poco tiempo para modificar los índices negativos.
La diferencia es atribuida fundamentalmente a la fuerte devaluación del peso argentino entre diciembre y julio de este año. De la paridad que disfrutaba frente al dólar, cayó a casi 3 pesos con 60 centavos con respecto a la moneda estadounidense.

La mayoría de los insumos médicos son importados, así como los equipos y muchos de los medicamentos. En consecuencia, sus precios se multiplicaron más de tres veces y media.

Mientras tanto, el presupuesto asignado a la salud siguió siendo el mismo (en pesos) y muchos temen que pueda incluso reducirse en los próximos años por los efectos de la crisis económica.

La situación es aún peor fuera de la capital argentina. La expectativa de vida de un 2porteño" que nazca hoy es superior a la de un habitante de las provincias de Corrientes o Misiones, según datos de la Asociación.

También son desiguales las oportunidades de atención médica oportuna y adecuada si se compara a la capital con otras regiones del país. Muchos provincianos tienen que viajar a la capital por falta de equipos o especialistas en sus lugares de origen.

Niños y jóvenes, los más afectados

Mientras tanto, avanza la pobreza en todo el país y casi el 70% de los menores de edad es pobre o indigente, es decir, casi ocho millones y medio de niños y jóvenes que no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas.

Según las estadísticas del INDEC, para finales de año habrá en el país alrededor de 23 millones de pobres, esto es, personas cuya capacidad adquisitiva no les permite pagar la canasta básica de bienes y servicios, equivalente a 680 pesos mensuales (US$ 194).

Casi la mitad de los pobres son indigentes, es decir, familias que ni siquieran pueden cubrir la canasta básica de alimentos, que cuesta alrededor de 300 pesos mensuales (US$ 85).

Paul O'Neill, secretario del Tesoro de EE.UU., en un comedor de la provincia de Buenos Aires
El mismo O'Neill visitó un comedor escolar infantil argentino.
En Buenos Aires y otras ciudades del país cada vez son más las familias que recorren las calles pidiendo limosna o hurgando en las bolsas de basura en busca de algo para comer.

Oficios como el de "cartonero" (reciclador de papel y cartón) se han convertido en una opción para muchos de los que han perdido sus empleos. En ocho horas de trabajo, un "cartonero", si le va bien, puede reunir el equivalente a dos dólares.

Estos niveles de ingreso no permiten sostener una familia promedio (cuatro personas), y es lo que explica el crecimiento de la pobreza y la indigencia entre pobres y niños, pues difícilmente tienen posibilidad de trabajar o recibir asistencia del Estado.

Hasta diciembre de 2001, 56,4% de los menores de edad eran pobres o indigentes. Sólo entre enero y julio de 2002, más de 250 mil niños y jóvenes por mes pasaron a engrosar esta estadística.

Esto tiene impacto, a su vez, en los índices de mortalidad infantil, al deserción escolar y el crecimiento de la violencia como consecuencia de la desocupación (el 15% de los jóvenes no trabaja ni estudia).


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