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Martes, 16 de julio de 2002 - 13:58 GMT
Llacta!: "seguirán llegando"
![]() Los ecuatorianos siguen reclamando su derecho a trabajar y vivir en Europa.
Escribe Marcelo Risi, corresponsal de la BBC en España.
Los ecuatorianos representan el grupo más importante entre los inmigrantes latinoamericanos, y todo indica que su número seguirá creciendo. Al mismo tiempo España está empeñada en hacer más restrictiva su política de inmigración. La nueva Ley de extranjería, en vigor desde el 23 de enero del 2001, se podría ver sometida a un nuevo ajuste de tuercas antes de fines de año. No obstante y a pesar de las normativas "seguirán llegando mientras se trate de escapar de la pobreza", afirman al unísono las organizaciones de ayuda a los inmigrantes. "Ilegales" Organizaciones no gubernamentales de asistencia a los ecuatorianos como Llacta!, estiman el número de sus compatriotas en unos 250.000.
"Mientras se esté mal en Ecuador la gente llegará aquí", dijo a la BBC Miguel González, secretario de la organización Llacta!. Ante la falta de perspectivas de una mejora económica en Ecuador, tampoco hay indicios de que disminuya la llegada de inmigrantes, a pesar de que haya "graves problemas para regularizarse, porque el gobierno está cerrando todas las puertas", apunta González. Primeros en Madrid Tradicionalmente los ciudadanos marroquíes constituyen el mayor número de inmigrantes no comunitarios en España. Por ello, y considerando la gran distancia geográfica, a muchos sorprende el elevado número de ecuatorianos, que en algunos casos sobrepasa al de los marroquíes. Según datos recientes, el 4% de la población de la Comunidad de Madrid (la capital y su entorno) está constituida por ecuatorianos, colocando a este grupo de inmigrantes a la cabeza, por delante de marroquíes y colombianos. Madrid como capital es asimismo la ciudad española con el mayor número de ecuatorianos. Le siguen Barcelona (donde ya doblan el número de marroquíes), Murcia y Valencia. Tierras de Murcia Según datos de la afiliación a la Seguridad Social, los ecuatorianos tienen una amplia representación especialmente en los trabajos del campo.
Ubicada en la costa mediterránea, delimitada por Andalucía en el sur y Valencia en el norte, los ecuatorianos comienzan a disputarle a la comunidad marroquí el rango de primer grupo de extranjeros. Carlos Ortega es uno de ellos. Dejó su país porque, como casi todos con quienes comparte el sueño de la Madre Patria, no veía futuro para su familia en Ecuador. Desgarro y bajas garantías Pero la familia está desgarrada. Sólo su mujer lo acompaña en España, y sus dos hijos esperan en Ecuador el día en que la familia pueda reunirse, sin saber bien dónde. A pesar de esta situación, Carlos Ortega dice estar "contento y agradecido de poder trabajar en España", como afirma cauteloso ante los atentos ojos de sus superiores en una de las tantas sociedades de "transformación agraria" que impulsan la economía en esta parte de España. Pero según los sindicatos españoles, este caso es la excepción de la regla. El sector agrario es considerado un ámbito de empleo informal, sin garantias, prestaciones y con una demanda de mano de obra altamente volatil. Se conjugan por lo tanto la necesidad de unos de trabajar a toda costa con una oferta de trabajo "que ningún español quiere". Combinados, crean el caldo de cultivo para la explotación laboral del eslabón mas débil en esta cadena, es decir, de los inmigrantes sin documentación y por lo tanto sin amparo alguno. Las cuotas no funcionan El Gobierno español asignó a Ecuador una cuota de 35.000 personas que podrían llegar a España con los papeles en regla. La concesión final de un permiso de estadía y de trabajo depende de una oferta de trabajo en España.
Ante esta exigencia, organizaciones como la Asociación Hispano-Ecuatoriana Ruminahui temen que parte de la estrategia del gobierno resida en aplicar un filtro migratorio más severo una vez que se haya viajado a Quito. No existen garantías sino sólo declaraciones de intención, es la sospecha. A pesar de la cuota concedida para trabajadores ecuatorianos, actualmente sólo se habrían cubierto 140 plazas, afirma Miguel González de la organización Llacta!, "porque el sistema de cuotas es irreal". En términos prácticos exige que los empleadores sepan con un año de antelación cuánta mano de obra van a demandar, para emitir las correspondientes ofertas de trabajo. Pero en sectores como el agro o el trabajo doméstico, la demanda es muy volátil e impredecible. Para los trabajos en cuestión "el sistema es inviable". La sentencia de González es clara: "Una cosa es lo que dice la ley y otra es lo que hace la gente". |
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