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Martes, 21 de mayo de 2002 - 23:00 GMT
"El camino para la paz es el diálogo"
Iglesia de Bojayá, totalmente destruida.
En la iglesia de Bojayá murieron 119 personas, entre ellas más de 40 niños.
En los últimos años, la iglesia católica colombiana se ha destacado por su defensa de los derechos humanos y de la solución política al conflicto armado.

Uno de los incansables trabajadores por la paz y los derechos humanos dentro de la iglesia es monseñor Héctor Fabio Henao, director de Pastoral Social.

Monseñor pasó por Londres y BBC Mundo dialogó con él.


¿Cómo afectó a la situación humanitaria en Colombia la ruptura del proceso de paz con las FARC?

La ruptura del proceso con las FARC representó un momento de muchas expectativas, porque se esperaba que el conflicto armado se desarrollara primordialmente en las ciudades.

Pero ese paso del conflicto, que se dio en los primeros días después de la ruptura con atentados muy graves como en Villavicencio y algunas otras ciudades, ha venido quedando atrás y se ha abierto paso una lucha muy fuerte en el Chocó, en torno al control del Río Atrato, que representa un punto estratégico muy importante.

Héctor Fabio Henao.
Héctor Fabio Henao.
Allí se dio la masacre de Bojayá en la cual murieron 120 personas, sobre todo niños y mujeres que habían buscando refugio en la iglesia ante los combates en la región de paramilitares y guerrilleros de las FARC.

La diócesis de Quibdó ha denunciado cómo unas 45 mil personas han quedado en "estado de desplazamiento", es decir, que se encuentran en condiciones muy difíciles y quisieran desplazarse a Quibdó [capital del Chocó], lo que representa un reto muy grande en toda la región.

Esa misma crisis humanitaria está afectando nuevamente a la región de Urabá, en el Atlántico, en la cual se desarrolló una problemática muy difícil hace unos ocho años y que nuevamente empieza a recrudecerse.

Hay una situación humanitaria generalizada en el país de unas proporciones muy grandes y que representa un reto para el gobierno actual y para el próximo.

¿Cree que el gobierno colombiano está haciendo lo suficiente para evitar que se presenten estas catástrofes humanitarias, pero también para atender a las personas que han sufrido las consecuencias?

La Defensoría del Pueblo, poco después de que sucedieran los hechos de Bojayá, denunció que habían presentado varias "alertas tempranas" al gobierno nacional y a las fuerzas armadas sobre la inminencia de esa situación.

También la Diócesis del Chocó había llamado la atención sobre lo que podría suceder.

El Ministro del Interior reconoció que esas alertas no habían sido atendidas en su momento. Hay problemas por la extensión del conflicto armado, pero también por las posibilidades que tienen las fuerzas armadas de actuar en algunas regiones, por ejemplo en el Chocó.

La gran preocupación es que se responda con prontitud a los llamados de la población, sobre todo cuando hay organizaciones tan serias como la Defensoría del Pueblo, o la iglesia misma, pidiendo protección al Estado.

Los otros problemas tienen que ver, prioritariamente con la atención a la población desplazada.

¿Cómo recibió la iglesia católica la ruptura del proceso de paz?

La misma noche que se produjo la ruptura había una reunión de los obispos en Bogotá, donde se encontraban reflexionando precisamente sobre al temática del conflicto armado en Colombia.

Se elaboró un comunicado donde se deploraron los hechos y fundamentalmente se dijo que para la iglesia católica el camino hacia la paz seguía -y sigue siendo- el diálogo


Hay que buscar una solución política, y sobre todo social, a las causas que han originado el conflicto

Hay que buscar una solución política, y sobre todo social, a las causas que han originado el conflicto. En ese sentido, sea con otro esquema u otras perspectivas, la iglesia sigue insistiendo en que se retome al diálogo como solución al conflicto armado.

La experiencia del gobierno de Pastrana con las FARC fue muy importante y de ella se rescata que hubo un período de acercamiento muy largo y que hubo una agenda.

El clima que reina en Colombia, en un año en que se elige presidente, parece favorecer la salida armada al conflicto

La sensación que hay en general es que se requieren nuevas condiciones de seguridad en el país.

Recientemente se ha hecho en Colombia un ejercicio llamado talleres del Milenio, propiciado por las Naciones, donde se ha insistido en la necesidad de ver la seguridad no como un tema solamente de defensa o de represión de hechos criminales, sino como un tema de democracia, en donde estarían la seguridad alimentaria, educativa y laboral.


El de la seguridad es un tema complejo, pasa por la protección de la población y represión del crimen, pero abarca sobre todo las condiciones sociales en las que una población pueda vivir

Es decir, encontrar que el de la seguridad es un tema complejo, que abarca muchos aspectos, que pasa indudablemente por los temas de protección de la población y represión del crimen, pero que abarca sobre todo las condiciones sociales en las que una población pueda vivir.

Ahí es donde se ha venido poniendo el énfasis en este período, la democratización del concepto de seguridad.

¿Cree posible un proceso de paz en el futuro cercano?

Esta semana las FARC lanzaron un comunicado en el que hablaban de esa posibilidad.

Yo veo que las posiciones se han alejado muchísimo en la concepción de qué debe ser un proceso de negociación y cómo lograrlo.

Pero eso no quiere decir que el proceso no se pueda efectuar. Creo que el hecho de que se vuelva a hablar de ello, tanto por parte de todos los candidatos presidenciales como de las FARC, es positivo. No se si vaya a ser posible a corto plazo, dado lo distantes que están las posiciones, pero por lo menos la puerta está abierta.

¿Cómo se siente la Iglesia católica colombiana en estos momentos luego del asesinato del Arzobispo de Cali, Isaías Duarte Cancino?

Para la Iglesia ha sido todo un reto no sólo la muerte de monseñor Isaías, que fue un hecho supremamente doloroso y grave, sino también las amenazas a varios sacerdotes y obispos.


Muchas veces se quiera acallar a la iglesia para que no cumpla con su labor de acompañamiento de las comunidades

La dificultad que tenemos en estos momentos en Colombia es que el mensaje de la Iglesia, que es un mensaje por la paz y los derechos humanos, en algunos sectores es interpretado, no como un trabajo a favor de la paz, sino como una amenaza para algunos grupos o intereses.

Eso ha conducido a estigmatizaciones, a que haya crecido el riesgo para las gentes de pastoral y, sobre todo, que muchas veces se quiera acallar a la iglesia para que no cumpla con su labor de acompañamiento de las comunidades o con su labor de iluminación de la vida de las gentes.


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