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Jueves, 25 de abril de 2002 - 20:28 GMT
El costo de la ambigüedad
![]() El gobierno de Chávez sigue siendo un desafío para Estados Unidos.
Escribe Javier Lizarzaburu, corresponsal de la BBC en Washington.
Si los demócratas se salen con la suya, estaríamos a punto de presenciar el mayor escándalo en política exterior del presidente George W Bush. Dirigentes demócratas han prometido investigar el nivel de vínculos que las autoridades de la actual administración mantuvieron con los opositores a Hugo Chávez en las semanas, días y horas previas al golpe.
Lo que empezó como una crítica a la cautelosa bienvenida que le dio la Casa Blanca a los responsables de los eventos del 12 de abril, parece haber adquirido vida propia. El Pentágono ha ordenado una investigación para averiguar qué tipo de comunicación mantuvieron algunos de sus funcionarios con líderes de la oposición en las 48 horas antes de los hechos. Ese 12 de abril, mientras el presidente George W Bush lo bautizaba como el Día del Panamericanismo y exaltaba los principios democráticos establecidos en la Carta Interamericana, el portavoz de la Casa Blanca Ari Fleischer condenaba a Hugo Chávez por haber provocado la crisis, en lugar de condenar el quiebre institucional. El silencio oficial Lo cierto es que en las primeras horas de ese 12 de abril, la Casa Blanca decidió que los eventos no ameritaban la categoría de golpe de Estado. Todos los funcionarios vinculados con Venezuela o con la región guardaron silencio y ninguna autoridad repudió los hechos públicamente.
Más aún, "a nadie se le ocurrió hablar directamente con algún miembro del gobierno para enterarse de los hechos" comentó un alto funcionario del gobierno de Bill Clinton y crítico de la política Bush, quien prefirió mantener su anonimato al hablar telefónicamente con la BBC. "Reich [Otto Reich, secretario de Estado Adjunto para Asuntos Hemisféricos] se defendió diciendo que esos días sólo había hablado con sus amigos" explicó esta fuente. "Y bien -continuó- sus amigos, entre los que se cuenta (el empresario venezolano) Gustavo Cisneros, considerado el poder detrás del golpe, no sólo son personajes poderosos en Venezuela sino que forman parte de la oposición". Muchos analistas coinciden en que los indicios hablan de una participación más directa de lo que Washington por ahora quiere admitir. Pero la Casa Blanca ha sido enfática al rechazar estas insinuaciones. Ari Fleischer, tras reconocer que varios miembros del gobierno se habían reunido con líderes de la oposición, declaró que "nosotros explícitamente les dijimos que Estados Unidos no apoyaría un golpe". El riesgo de la ambigüedad Pero lo que distintas fuentes señalan es que, si bien es posible que este país haya rechazado de manera explícita la opción de un golpe, su actitud general le habría dado a los golpistas la sensación de estar respaldados.
Esto, en todo caso, es lo que declaró el vicealmirante Carlos Molina, uno de los dirigentes de la revuelta, cuando señaló que "creía que estábamos actuando con apoyo de los Estados Unidos". Y esto es un grave error, comentó John Coatsworth, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. "La ambigüedad es un instrumento que se debe usar a conciencia". "En caso de grupos opositores -comentó- la simpatía es una cosa, pero frente a evidencia de conspiración o posibilidad de golpe, Estados Unidos debe tener una voz unificada y firme". Guerra fría En el caso de Venezuela, el mayor exportador de petróleo a Estados Unidos fuera de Medio Oriente, el lenguaje había sido muy protocolar hasta el 12 de abril.
Frente a la actitud desafiante de Hugo Chávez desde su llegada al poder, Washington había optado por mantener una actitud de cautela. Mientras, la preocupación y la impaciencia iban en aumento. Y en este contexto, las noticias de la caída de Chávez -quien regresó al poder 48 horas después luego de otra masiva protesta popular, esta vez a su favor- parece que sirvieron más como válvula de escape que como oportunidad para reafirmar políticas establecidas. Varios expertos han descrito la reacción como típica de la Guerra Fría. Coatsworth, de la Universidad de Harvard, la define como "una actitud que no respeta la institucionalidad de los gobiernos que irritan a los Estados Unidos". Críticas al equipo Bush Esto ha llevado a algunos sectores en este país y en varias partes de América Latina a cuestionar el equipo político y de expertos designados por el presidente Bush (ver nota anexa)
Nuccio aclaró que la lección de Bush padre, después de lo que se considera la agresiva política de los años Reagan, fue la de "buscar individuos que no tenían una actitud de enfrentamiento frente América Latina y que en casos como Centroamérica, buscaban soluciones negociadas". América Central Charles Barkley, portavoz de Asuntos Hemisféricos del departamento de Estado, comentó que el equipo actual, tanto aquellos que son funcionarios de carrera como aquellos designados por Bush, son individuos "cuyas credenciales incluyen apoyo a las democracias en América Latina, particularmente en Centroamérica".
Según la posición oficial, el esfuerzo concentrado que el gobierno de los Estados Unidos puso en América Latina en los años 80 está dando dividendos una década después. "Sólo hay que ver a la América Central de hoy en relación a los años 80 para darse cuenta de eso" aseguró Barkley. "Se han hecho grandes avances en áreas de política y economía y los gobiernos son todos electos". Condena en la región Aún así, los eventos del 12 de abril parecen haber desatado una reacción en cadena desde Washington a lo largo del continente, que empezó a cuestionar los límites del compromiso Bush con las democracias de la región.
En uno de los editoriales más severos del Washington Post fue el del ex asesor de Bill Clinton para América Latina y director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, Arturo Valenzuela. En su opinión, a consecuencia de su silencio y de sus actos del 12 de abril "Estados Unidos corre el riesgo de perder mucho del considerable liderazgo moral y político que con justa razón se había ganado durante la última década". Desconfianza Y los cuestionamientos, así como las dudas, han venido abundando estos días. ¿Cuál será en el futuro la actitud de la Casa Blanca ante democracias con las cuales no está de acuerdo? ¿La nueva doctrina de seguridad Bush tendrá prioridad sobre la defensa de los principios democráticos de la región?.
A Ari Fleischer no le cabe duda de que la respuesta a los problemas políticos "tiene que venir de soluciones democráticas". Según Barkley, del departamento de Estado, esta ola de denuncias es más bien un producto de los medios de comunicación y de los sectores críticos que de niveles oficiales porque "nuestras relaciones de gobierno a gobierno son excelentes". "Seguimos trabajando en áreas de interés común, como comercio y desarrollo, y lo seguiremos haciendo". Lección ¿Cuál es la lección que queda por ahora? Para John Coatsworth, este gobierno tendrá "que imponer mayor disciplina en los que intervienen en la formulación y adopción de la política de Estados Unidos hacia América Latina, sobre todo en lo que tiene que ver con democracia". Pero el revuelo por ahora no se ha calmado y es posible que de llevarse a cabo una investigación en el Congreso, más información comprometedora podría salir a la luz. Algunos sectores esperan ver qué va a hacer Estados Unidos para renovar su compromiso político con la región, al tiempo que despeja dudas y tensiones. Hay quienes sostienen que una señal sería responder en detalle si el actual equipo de funcionarios es el más adecuado, tal como sostiene hasta ahora la Casa Blanca o si más bien, como sostienen otros, es un factor de desconfianza e inestabilidad. |
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