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Lunes, 31 de diciembre de 2001 - 19:38 GMT
La ira de la clase media
Desazón frenta a un banco de la ciudad de Buenos Aires
La clase media comenzó a declinar a partir del segundo gobierno de Menem.
¿La profunda crisis que vive Argentina permite vislumbrar algo de luz al final del túnel?

¿Acaso las protestas no revelan el surgimiento de un nuevo poder social en el país, capaz de hacerse oír ante una clase política que parece haber perdido el contacto con la realidad?

¿Se está ante un punto de inflexión en la situación del país?

BBC Mundo dialogó con el sociólogo argentino Ricardo Sidicaro, profesor e investigador de la Universidad de Buenos Aires y de la Unesco, sobre este crítico momento de la tercera economía latinoamericana.

-¿Qué transformación esencial nota en la población a partir de la agudización de la crisis?

-La gente tomó conciencia de que el modelo neoliberal, que llevaba más de una década, tocó fondo y hace falta que el Estado y las organizaciones sociales intervengan en la solución de los problemas, con políticas activas.

Cacerolazo frente a la casa de gobierno
El cacerolazo: emblema de la clase media.
Esto no significa volver a un Estado todopoderoso, sino eliminar la simplificación de que el liberalismo todo lo resuelve de manera automática. En definitiva, hace falta una política comprometida para resolver las dificultades que la economía no resuelve -o agrava- por sí sola.

-Los cacerolazos de la clase media han logrado aturdir a los gobiernos, al punto de hacerlos renunciar. ¿Estamos ante un nuevo poder social?

-La población salió a protestar por muchos motivos. Algunos por las restricciones a los depósitos bancarios. Otros, por la desconfianza en los políticos que los defraudaron.

La clase media se sentía representada en la Alianza que llevó a la presidencia a Fernando de la Rúa y en alguna medida en el partido de centro-derecha del ex ministro de Economía Domingo Cavallo. Pero ahora se quedó sin interlocutor.

No se trata de un nuevo actor, pero los resultados de sus movilizaciones han hecho que tome conciencia de que puede cambiar las cosas, hacer respetar sus derechos.

Este sector ha logrado tener una personalidad reconocida por medio del cacerolazo y por el eco en los medios de comunicación, que le prestan su micrófono.


Este sector (la clase media) ha logrado tener una personalidad reconocida por medio del cacerolazo y por el eco en los medios de comunicación, que le prestan su micrófono

En adelante, el gobierno de turno tendrá que considerar sus intereses o podría enfrentarse a un nuevo cacerolazo.

Acá está el otro cambio: medidas que antes pasaban inadvertidas hoy pueden hacer tambalear a los gobernantes.

-Las protestas se concentraron sobre todo en Buenos Aires...

-Sí, es una ciudad con un ingreso muy alto (cada año, US$25.000 per cápita) y con una población educada. Este sector tiene una gran participación en la formación de la opinión pública, de ahí la importancia del nuevo fenómeno.

-Al referirnos a la clase media, ¿de cuántas personas hablamos en todo el país?

-Estamos refiriéndonos a tres millones de hogares en Argentina, es decir, unos 10 millones de personas. Es un caudal electoral importante y define comicios en varias ciudades.

-¿Puede decirse que la clase media ha sido una de las más perjudicadas con los últimos gobiernos?

-Se benefició en el primer gobierno de Carlos Menem (1989-1995), porque las políticas neoliberales en principio le trajeron beneficios: bajaron los precios de los productos en el mercado interno, apareció la posibilidad de comprar viviendas en cuotas gracias a que se venció a la inflación.

Custodia militar en la casa de gobierno
Las fuerzas de seguridad se han visto desbordadas en las últimas protestas.
En el segundo gobierno de Menem (1995-1999) se detuvo el crecimiento del país y empezaron los recortes. La clase media comenzó a declinar hasta que un buen día se comparó con aquella época de expansión y decidió movilizarse.

Generalmente, no son los sectores que están permanentemente en trayectoria de caída los que protestan, sino los que creían que iban mejorando y de pronto empezaron a declinar.

-Para los argentinos, ¿se ha devaluado irremediablemente la política?

-Para empezar, se trata de un fenómeno global. Hoy hay más información circulando, por medio de los innumerables canales de televisión y de internet. Por eso, la población tiene muchos más elementos para comparar y para desconfiar. Los niveles de insatisfacción guardan relación directa con el caudal informativo.

-Pero en el caso particular de Argentina existe la sensación de que la política se ha deteriorado significativamente en los últimos años. Por ejemplo, tras la renuncia de De la Rúa parece que lo principal hubiera sido resolver la interna del peronismo en lugar de sacar el país de la crisis.

-La corrupción, las luchas internas y la falta de proyecto son cosas que vienen de antes, pero nunca quedaron tan evidentes como en las últimas semanas.

Además, la realidad política se ha vuelto cada vez más compleja: el electorado está más fragmentado, hay más indecisos y por lo tanto el grado de incertidumbre es mayor para los dirigentes.


Los partidos políticos se han desorganizado de tal manera en los últimos años hemos visto a presidentes tomando medidas con a lo sumo cuatro amigos. Lo vimos con Menem y con De la Rúa. Y se repitió con el ahora ex presidente interino Adolfo Rodríguez Saá

Por otra parte, los gobiernos se ven obligados a escuchar a los empresarios, a los industriales, a los bancos y a los acreedores internacionales, además de la población fragmentada en diversos grupos de interés.

La actual clase política no sabe cómo manejar tantas variables juntas y termina dedicándose a lo más fácil: las internas partidarias. Hoy las pujas dentro de una agrupación parecen dominarlo todo, de una manera descarada.

Esto ha hecho que la desilusión de la política se haya extendido incluso a muchos dirigentes capaces, que prefieren mantenerse al margen.

-Llama la atención cómo se están tomando las decisiones en estos días, como si se tratara de un grupo de amigos...

-Los partidos políticos se han desorganizado de tal manera en los últimos años que hemos visto a presidentes tomando medidas con a lo sumo cuatro amigos. Lo vimos con Menem y con De la Rúa. Y se repitió con el ahora ex presidente interino Adolfo Rodríguez Saá.

Todo puede resumirse en aislamiento y falta de representatividad.

-¿Cree que han perdido el contacto con la realidad?

-Los discursos de Rodríguez Saá, por ejemplo, recordaban por momentos a los años 40 y por momentos a los 50.

Muchos políticos han dejado de ser contemporáneos y eso ha acentuado su falta de legitimidad.

Menem, De la Rúa y Rodríguez Saá representan los problemas de la política argentina llevados al extremo. La gente no parece dispuesta a seguir aceptando ese tipo de políticos.

-¿Y cómo sigue todo esto?

Adolfo Rodríguez Saá, ex presidente interino de Argentina
Rodríguez Saá perdió apoyo político en apenas días.
-En las actuales circunstancias, las posibilidades de realizar una política de integración, de satisfacer demandas de toda la sociedad y de dar respuesta a las deudas existentes son muy débiles. Actualmente no hay recursos económicos ni institucionales para llevar adelante un buen gobierno.

Pero esto no quiere decir que todo lleve al desastre. Hay un posible camino: tomar medidas tendientes a recuperar la capacidad del Estado de cobrar debidamente los impuestos y a equilibrar las cuentas sin quitarle ingresos a la población. Eso para empezar.

Pero ante todo hay que recomponer la capacidad política. Si no, la sociedad va a seguir desorganizándose.

-Alguien seguramente va a salir perdiendo en la crisis. ¿Pero quién?

-Hasta hace 20 días todo apuntaba a que iba a ser la clase media. Yo creo que hoy, después de las protestas, este sector ha logrado reducir la magnitud del posible daño por una eventual devaluación o pérdida de los ahorros.

Quizás no se quede sin dinero. Pero con las reducciones presupuestarias que serán necesarias para reactivar el país no sólo la clase media, sino todos los argentinos, perderán en seguridad, salud y educación.


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