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Jueves, 20 de diciembre de 2001 - 15:01 GMT
Argentina y sus malas palabras
![]() Uno de los detenidos en los últimos incidentes en Argentina.
Espacio de opinión en el que periodistas y colaboradores de BBC Mundo nos ofrecen su perspectiva personal.
Escribe Matías Zibell Existen palabras que pertenecen al diccionario del dolor de cada pueblo. Vocablos que son más que una combinación de letras, son una combinación de números que abren una caja fuerte de malos recuerdos y estremecimientos colectivos. En el "diccionario" argentino, muchas de estas palabras fueron escritas durante la dictadura militar: Tortura, Picana, Desaparecidos, Vuelos de la Muerte. Por eso, en un país donde la Constitución fue tantas veces violada e ignorada, las palabras Estado de Sitio o Excepción, es decir, suspensión de las garantías constitucionales, no son agradables a la memoria, por más gobierno democrático que lo dicte. Pero entonces ¿por qué se vuelven a pronunciar en Argentina?. Sin subestimar en absoluto las explicaciones del gobierno, ni dejar de lado hechos tan concretos como la muerte de más de 10 personas, los más de 130 heridos, y las imágenes que llegan de todo el país, quiero seguir en esta nota con la idea de las "palabras malditas" y hablar de los saqueos. Saqueo pertenece a esa parte del diccionario del dolor que fue escrita en democracia. Junto a Hiperinflación, remite inmediata y profundamente a un momento de la vida argentina: invierno de 1989. El poder de las palabras "Hola Mati. No sabés qué difícil viene la mano por acá. Te cuento que están los carros de asalto en la calle en plena zona de Tribunales. Y siguen los saqueos a los supermercados. Acá, a las 15.45 hs., los negocios están con las persianas bajas. Me recuerda a viejas épocas... Maru".
Aquí está el poder de estas palabras. No respetan las reglas espacio - tiempo en su trayectoria a la memoria colectiva. Cuando Maru escuchó que había nuevamente saqueos debió acordarse de algo doloroso inmediatamente. Yo recordé aquel Matías de 17 años, que tuvo que abandonar el aula de su colegio secundario en Buenos Aires para correr a su casa, porque mis profesores estaban atemorizados de que los saqueos que había en la provincia se extendieran a la capital. Así, uno a uno, cada argentino se acordó en estos días de ese invierno en que el dinero valía cada vez menos, de los empleados de los supermercados que corrían adelante de los clientes para volver a aumentar el precio de cada mercadería, de los ataques a negocios en Rosario, Santa Fe y Buenos Aires, y del caos que terminó con la caída de un gobierno, el de Raúl Alfonsín, seis meses antes de que tuviera que delegar el poder. Por eso la palabra Saqueo lleva a las palabras Estado de Sitio, como la palabra Caos lleva a la palabra Control, como la palabra Miedo lleva a la palabra Orden, porque las malas palabras nunca vienen solas. El juego de las diferencias Aunque los paralelismos históricos son siempre arbitrarios y no del todo exactos, es inevitable para los argentinos no remitirse al juego de las diferencias entre ambas épocas. Esta es una lista -arbitraria como todas- de los hechos nuevos y viejos entre aquel invierno del 1989 y este verano de 2001, destacados que por los analistas políticos y repetidos una y otra vez en la mente del ciudadano a pié.
La primera diferencia que surge entre estos dos momentos históricos es que en mayo de 1989 se habían producido en Argentina elecciones presidenciales, ganadas por amplia mayoría por el justicialista Carlos Menem. Entonces, cuando meses después la crisis desbordó al gobierno del presidente radical Raúl Alfonsín, existía una alternativa política porque ya había otro mandatario elegido.
En el caso actual, algunos analistas han expresado su temor de que el desgaste del gobierno de Fernando de la Rúa no aguante hasta las elecciones presidenciales del 2003. Por eso, la administración de la Alianza ha planteado en los últimos días un gobierno de concertación nacional en el que, según diarios locales, no se descarta que líderes de la oposición ocupen algunos ministerios.
Otra diferencia grande entre ambos períodos es que el gobierno de Alfonsín tenía un interlocutor claro en la oposición política con quien negociar. El justicialismo, el partido con más afiliados del país, se había encolumnado detrás de la figura de Menem, quien había ratificado su liderazgo al vencer en los comicios presidenciales.
Los analistas concluyen que el estado actual del principal partido opositor también contribuye a la sensación general que tienen los argentinos de que no existen alternativas políticas viables, por lo menos en el corto plazo.
La palabra que resume la crisis de 1989 es Hiperinflación. Si uno toma en cuenta que la variación porcentual promedio de la inflación en 1989 (que mide las variaciones de los índices de precios al consumidor de ese año) fue de 3.079,4%, mientras que este año los datos parciales hablan de una deflación del 0.4%, la diferencia es clara.
Pero si bien la distancia entre ambos índices inflacionarios es abismal, la desesperación que se registró en algunos supermercados de las provincias argentinas en los últimos días no es tan diferente a la de aquel invierno del 89. Un factor nuevo se agregó a esta ecuación desesperada en los últimos 12 años: el desempleo. En octubre de 1989, el índice que medía la cantidad de gente sin trabajo en Argentina era de 7,1%. El índice de octubre de 2001 es de 18,3%. Los desempleados han sido uno de los actores principales en las últimas protestas que han sacudido a Argentina. Han estados presentes en los cortes de rutas, en las manifestaciones, y ahora en los saqueos. Esto, sumado a los ajustes económicos, las rebajas salariales y las restricciones para extraer dinero de los bancos, ha equiparado peligrosamente dos crisis separadas por más de una década. Es que como las palabras, las crisis tampoco respetan al tiempo.
Envíe su opinión Lamentablemente hemos caído en un desgarro de todos los valores que como argentinos teníamos. Confiábamos en algunos políticos, confiábamos en que trabajando se podía generar una vida digna. Pero los políticos han sembrado a lo largo de varios años una gran mentira, la mentira del "mañana estaremos mejor" y ese mañana nunca llegó. Y hemos sido víctimas de una política económica que nos ha dejado con los bolsillos vacíos a casi todos y llenos a unos pocos. Hoy hay gritos en mi país. Gritos de sufrimiento, incomprensión, desconfianza dirigidos hacia aquellos que lentamente tuvieron un gran despliege de palabras pero nunca de certezas. Son momentos de cambios rotundos, quiero evitar decir radicales, en los cuales es necesario invitar a personas de probada honorabilidad, quedando exceptuados políticos, a formar un consejo de gobernabilidad que sea el que genere la confianza, el colchón mental que necesitamos para preveer un futuro posible no digo mejor aunque lo deseo fervientemente.
Quizás ese consejo pueda tener gente como Magdalena Ruiz Guiñazú, Horacio Verbisky, Sabato y muchos más que han demostrado vivir lo que dicen con sus palabras.
Dios quiera que quien tome el dominio de la bronca en la argentina sea un hombre o mujer que entienda que la violencia no nos sirve y nos dejará aún más hambrientos.
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