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Viernes, 02 de noviembre de 2001 - 23:04 GMT
Nicaragua después del sandinismo
![]() En esta contienda, el FSLN, el PLC y el PC son los únicos partidos que pudieron participar.
Escribe Arturo Wallace, corresponsal de la BBC en Nicaragua
El 4 de noviembre representa la cuarta elección libre desde la caída del régimen de Somoza. Todo un logro para un país cuya historia reciente ha estado caracterizada por la violencia y el conflicto. Pero no todo es motivo de celebración. De acuerdo a varios analistas, estas elecciones no serán la fiesta democrática que los nicaragüenses se merecen. Mirada crítica Para Carlos Tunermann Bernheim, ex rector de la Universidad Nacional y ex presidente del grupo de observación electoral Ética y Transparencia, el actual proceso electoral ha marcado cierta involución en el desarrollo democrático de Nicaragua.
Para Tunermann, el pacto político entre liberales y sandinistas permitió la aprobación de una ley electoral que restringe las opciones partidistas actuales y dificulta el surgimiento de nuevas. "Prácticamente le impone al pueblo nicaragüense un bipartidismo forzoso", declaró Tunermann a la BBC. Poca diversidad Una de las principales diferencias con los comicios anteriores reside en el limitado número de partidos políticos en contienda. De 24 aspirantes a la presidencia que participaron en las elecciones de 1996, la oferta para este año se ha reducido a sólo tres: el Partido Liberal Constitucionalista, el FSLN y el Partido Conservador. Pero este último parece carecer de opciones reales.
Todos han jugado un papel relevante en la historia de Nicaragua. Pero los tres han tenido que "reinventarse" para estas elecciones. Transformación partidista Uno de los cambios más notables ha sido el del Frente Sandinista, quien ha abierto sus puertas a representantes de varios sectores del espectro político nicaragüense, incluyendo algunos tradicionalmente antisandinistas. Si muchos ven esta apertura con escepticismo o desconfianza, para el analista político Aldo Díaz Lacayo, resulta más que inevitable. Díaz Lacayo considera que los diferentes partidos han tenido que reaccionar ante los cambios del entorno mundial. Y lo han logrado hasta cierto punto. Sin embargo, Lacayo lamenta que en el fondo no hayan podido desprenderse de algunas de las principales taras de la cultura política nicaragüense:
Sin debates Probablemente, esta aparente falta de capacidad para buscar un consenso que trascienda los pactos, pueda explicar por qué estas elecciones discurrieron sin que mediara un verdadero debate. Mientras tanto, los nicaragüenses piden a los candidatos que sin importar quien gane trabajen juntos. Tal vez esto sea la prueba que demuestre una democracia en Nicaragua que avanza más en la calle que en las estructuras políticas. |
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