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Escribe: Ma. Elena Navas
  América Latina
Domingo, 01 de abril de 2001 - 16:46 GMT
La marcha del color de la tierra
Mural sobre los zaptistas hecho en Querétaro.
"El personaje se fue haciendo grande, las fotografías y los afiches se multiplicaron y fue llegando a cada vez más mexicanos".
Escribe María Elena Navas, corresponsal de la BBC en México.

No es fácil verlos decir adiós. Fue como haber hecho el viaje juntos. Los vi salir de San Cristóbal, en Chiapas, donde todavía incrédula me preguntaba quiénes y cuántos los seguirían en esa marcha que parecía tan ajena y tan ingenua.

Esa noche en la plaza de San Cristóbal se fueron disipando las dudas. En una tradicional espera de cuatro horas hubo tiempo para observar a la gente que también esperaba a los zapatistas, o más bien, que esperaba al "sub" Marcos.


Lo rechazan los campesinos porque "por ellos está aquí el ejército y no podemos sembrar libremente las tierras"

Allí, en la ciudad colonial que ha sido siempre un centro turístico importante, estaban los curiosos, los periodistas, los estudiantes y los viajeros con sus cámaras; algunos, jóvenes, enterados de la "revolución" que habían armado los zapatistas en alguna selva del país; otros, más viejos, pasaban por allí y, atraídos por la multitud, se quedaron a mirar.

Cierto que en la plaza había pocos indígenas. Los que estaban sabían poco de los zapatistas y su líder, y sabían menos de la "lucha" que habían armado para defender sus derechos. Cierto que el zapatismo no abriga a todos los indígenas de México, ni siquiera a todos los de Chiapas, el estado donde nació el movimiento y donde, quizás, ha sido más rechazado.

El "zapatour"

Ceremonia de purificación en El Zócalo.
Los indígenas reconocieron a Marcos como portavoz legitimo de su comunidad.
Lo rechazan los campesinos porque "por ellos está aquí el ejército y no podemos sembrar libremente las tierras"; lo rechazan los ganaderos, porque "por ellos nos quitaron tierras que han sido nuestras y de nuestras familias"; lo rechazan los mestizos "porque estamos cansados de que sólo se les atiende a ellos cuando nosotros también tenemos problemas".

A medida que se acercaba la caravana, la plaza se fue llenando de indígenas, muchos portando el emblema zapatista: el pasamontañas, otros entonando los cantos de "Zapata vive, la lucha sigue". Y la plaza se colmó hasta desbordarse y los que saben calcular dijeron que eran miles, diez mil. Y éste era sólo el comienzo.

Marcos habló y todos los que estaban allí lo escucharon. Bautizó su marcha "de la dignidad y del color de la tierra" y con sus frases llenó los titulares de los medios del mundo.

Poco a poco, a medida que recorrió más de 3 mil kilómetros, 12 estados del país en 32 días, el discurso zapatista se convirtió en el discurso de Marcos y el personaje se fue haciendo grande, las fotografías y los afiches se multiplicaron y así fue llegando a cada vez más mexicanos, hasta aquellos que no querían escuchar.

Para algunos, el Marcos "cursi, ridículo y vividor" que habitó en la selva durante 7 años, se volvió más cursi, más ridículo y más vividor a medida que recorría el país. Otros lo aplaudieron con más entusiasmo y de pronto Marcos "ya éramos todos", porque Marcos "estaba en todas partes".

Pasó por Michoacán donde estaban reunidos en el Congreso Nacional Indígena representantes de los 56 pueblos indígenas de México. Allí, "los verdaderos indígenas" reconocieron a Marcos como portavoz legitimo de su comunidad.

Encontrando la noticia


No siempre fue fácil "encontrar" la noticia. Hubo veces en que el discurso zapatista parecía repetitivo y gastado y la única novedad era la marcha hacia el siguiente estado o quizás la elocuencia de algún gobernador que los había amenazado de muerte.

Hubo días en que entre la nebulosa de los personajes, las "guerras de imágenes" y los grandes titulares se perdió el objetivo de la marcha: la reivindicación de los derechos indígenas y la situación de marginación y discriminación en que viven 10 millones de indígenas mexicanos.

No siempre fue fácil "encontrar" la noticia. Hubo veces en que el discurso zapatista parecía repetitivo y gastado y la única novedad era la marcha hacia el siguiente estado o quizás la elocuencia de algún gobernador que los había amenazado de muerte. Los periodistas tenemos "sed" de malas noticias y en esta marcha la noticia era que todo iba transcurriendo sin ningún incidente.

Llegar a los comandantes fue cada vez más difícil. La guerra entre los reporteros que pedíamos una frase, una foto o "un poco" de Marcos, y los "monos blancos", ese grupo de extranjeros que se autoimpuso la tarea de protegerlo, se hizo cada día más hostil. La prensa mexicana los calificó de "malolientes y agresivos". A veces había poco qué decir sobre los comandantes, pero siempre hubo mucho de qué hablar sobre los odiados "monos blancos" que poco a poco parecieron ir desapareciendo, quizás despedidos por los propios zapatistas.

El Zócalo

Llegada de la caravana zapatista al Zócalo, en México D.F.
200.000 personas recibieron la caravana en el Zócalo.
El EZLN llegó a la ciudad de México. En el Zócalo los esperaban punks, rockeros, "chavos banda", huelguistas universitarios, señoras elegantes, familias de paseo dominical, estudiantes, periodistas, intelectuales, artistas y muchos, muchos vendedores ambulantes que ofrecían desde pasamontañas, camisetas, afiches, fotos, muñecos¿ todo, por supuesto, con la imagen de Marcos.

Y cuando Marcos dijo "Ciudad de México, llegamos¿ aquí estamos¿" el silencio de las 200 mil personas que ocuparon la enorme plaza central, fue aplastante. Calladamente, respetuosamente, la multitud escuchó a los comandantes hablar del sufrimiento de los pueblos indígenas.

Los zapatistas hicieron contacto con la gente lejana a su movimiento y lograron sacudir el corazón de México donde la marginación de los indígenas es desconocida y lejana.

Después, tras amenazas de irse con las manos vacías, vino el triunfo político. En un hecho sin precedentes, el Congreso mexicano recibió por la puerta principal a la dirigencia zapatista que con sus trajes tradicionales y pasamontañas ocuparon los sillones usualmente destinados a los miembros del gabinete.

En la máxima tribuna del país, la comandante Esther, con la misma fuerza con que afirmó "sufrimos tres veces porque somos mujeres, somos indígenas y somos pobres" dijo a los legisladores "venimos a que nos escuchen y a escuchar y a dialogar". Y Marcos no llegó.

Con su ausencia en el recinto legislativo Marcos, inteligente y respetuosamente, hizo a un lado el espectáculo y cedió el privilegio de la palabra a los propios indígenas. Al final, con su ausencia y sin necesidad de comunicados ni discursos poéticos dejó en el centro del debate el objetivo principal de la marcha zapatista: el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas.

Al concluir esta marcha, entre los expertos, políticos, empresarios, ciudadanos comunes ricos y pobres con quienes logré conversar, nadie desconoce hoy en día que México tiene una deuda que saldar con millones de indígenas marginados. Así, me parece, cumplieron los zapatistas con su marcha del color de la tierra.


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