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Lunes, 5 de enero de 2009 - 21:27 GMT
Una apuesta peligrosa
Jeremy Bowen
BBC, Frontera entre Gaza e Israel

Cae una bomba israelí a territorio de Gaza.
"Se escucha el ruido del motor, una pausa y luego el trueno de una explosión", relata el corresponsal de la BBC.
A lo largo de la frontera entre Israel con la Franja de Gaza, los campos que antes estaban llenos de tanques y tropas, están ahora casi vacíos.

Los hombres y las máquinas se han trasladado a la Franja de Gaza y en Israel ahora sólo retumban a lo lejos los sonidos de lo que ahora están haciendo.

Tras el primer día de la ofensiva terrestre, más tropas se dirigían hacia el territorio palestino y se puede observar a los helicópteros que siguen el mismo camino.

Se escucha el ruido del motor, una pausa, y luego el trueno de una explosión.

En la ciudad fronteriza israelí de Sderot, donde me encuentro, hay más personas en las calles ahora que hace algunos días.

El ambiente, ahora que Israel mandó los soldados a la Franja de Gaza, es mucho menos tenso.

Israel ha justificado su ofensiva con la necesidad de proteger a sus ciudadanos en Sderot y otras ciudades donde podían llegar los cohetes de Hamas lanzados desde el territorio palestino.

El fantasma de 2006

Pero no se trata sólo de la seguridad. El ejército israelí también quiere alejarse del fantasma de la guerra del Líbano de 2006, que fue considerado como un fracaso.

La localidad de Sderot, en la frontera entre Israel y la Franja de Gaza.
En Sderot esperan la mayoría de los periodistas extranjeros que desean entrar en Gaza.

Las fuentes militares dicen que sus soldados están ahora mejor preparados y también están manejando las expectativas de otra manera.

En 2006, Israel dijo que el objetivo de su ofensiva en Líbano era para poner fin al lanzamiento de misiles de Hezbolá.

Esto significó que Hezbolá pudiera decir que le había ganado a Israel si lanzaban nuevos misiles. En el día que terminaron las hostilidades, la guerrilla en Líbano disparó más cohetes de lo que había lanzado mientras duró el conflicto.

Hamas quiere emular el desempeño de Hezbolá en 2006.

Por eso, Israel se ha cuidado y no ha dicho que el objetivo de los soldados es acabar del todo con el lanzamiento de los cohetes. Al contrario, los portavoces militares dicen que el objetivo es "reducir" esos ataques y su potencia.

Israel, además, quiere estar en condiciones de dictar las condiciones del cese de hostilidades y mandar un mensaje a sus enemigos en otras partes del Medio Oriente, en especial a Hezbolá en Líbano.

Y espera que su ejército recupere su poder para intimidar y asustar a los posibles enemigos.

En 1967 las fuerzas armadas israelíes parecían invencibles cuando derrotaron a Jordania, Egipto y Siria en seis días.

Pero después de lo que pasó en 2006, cuando no pudieron vencer a una fuerza irregular de guerrilleros que disparaba hacia su territorio, su reputación es mucho menos impresionante.

La vida continúa

Estoy escribiendo estas líneas en una cafetería en Yad Mordejai, en una carretera entre el cruce de Sderot y el principal camino hacia la Franja de Gaza. Aquí se reúnen muchos periodistas y soldados israelíes a la espera de cruzar la frontera.

Un manifestante en Cisjordania.
Los palestinos en Cisjordania organizan protestas en contra de la ofensiva israelí.

Israel se ha negado a dejar entrar a los periodistas internacionales al territorio palestino, a pesar de un fallo de la Corte Suprema, por lo que muchos estamos aquí atrapados.

Yad Mordejai se ha convertido así en uno de esos lugares surrealistas que siempre surgen en las zonas de guerra.

Es extraño no porque es anormal, sino por cuán normal es: el personal de la cafetería es amigable, el lugar está limpio, la comida es buena y las noticias se siguen en grandes pantallas.

Sin embargo, a sólo un par de millas de distancia, Israel y Hamas están enfrentados en una guerra.

Hasta en los mejores momentos, el contraste entre las exuberantes tierras agrícolas en esta parte de Israel y el paisaje devastado del norte de la Franja de Gaza, al otro lado de la frontera, es muy fuerte.

El ruido, suciedad y el olor de la guerra cercana, al otro lado de las defensas fronterizas israelíes, debe ser abrumador.

Ocasionalmente recordatorios de la guerra llegan al café: las ventanas se sacuden después de una explosión. Los soldados y periodistas se miran unos a otros para luego seguir comiendo.

No es difícil imaginarse cuán diferente debe ser en la Franja de Gaza, cuán aterrador debe ser el ser un padre atrapado en ese infierno tratando de proteger y tranquilizar a los horrorizados niños.

Esto es lo que dice el último boletín de la oficina de Naciones Unidas para la coordinación de asuntos humanitarios en Gaza: "La incursión militar agrava la crisis humanitaria tras más de una semana de bombardeos y un largo bloqueo de 18 meses".

"Hay un mayor peligro para los civiles debido a los combates en zonas urbanas densamente pobladas".

"Los hospitales trabajan por encima de su capacidad debido al gran número de heridos que se han acumulado desde el comienzo de los ataques israelíes. Las ambulancias y el personal médico se enfrentan a muchas dificultades para poder llegar a las víctimas".

"La electricidad y las telecomunicaciones han disminuido en la mayor parte de la Franja de Gaza. La distribución de alimentos se ha suspendido y todos los puntos de cruce permanecen cerrados".

La ira árabe

Israel dice que no tiene otra alternativa. Asegura que ningún otro país podría tolerar los ataques contra sus civiles, y reaccionaría de la misma manera que ellos.

Sus acciones, insiste, son actos totalmente legítimos de defensa y su aliado, Estados Unidos, está de acuerdo.

El uso de tanta fuerza y la muerte de tantos palestinos, sin embargo, podrían ser contraproducentes a largo plazo.

Lo que está sucediendo en la Franja de Gaza está siendo transmitido en directo por satélite a millones de hogares en todo el Medio Oriente.

Para aquellos árabes que creen en una solución negociada con Israel, la misión ahora será mucho más difícil.

Los palestinos en Cisjordania, separados de la Franja de Gaza por el territorio israelí, siguen organizando más de protestas. Hablar de un proceso de paz no hace eco en las calles palestinas hoy.

Durante los últimos 18 meses, Israel y sus aliados acordaron aislar a Hamas y permitir que recibieran sólo las necesidades básicas en el territorio que controlaban.

Era una medida que reflejaba su rechazo total a la ideología de Hamas y sus acciones.

Fue más fácil mantener esa política que tratar con seriedad los problemas de la Franja de Gaza, los palestinos e Israel.

Los diplomáticos y dirigentes de todas partes debían haber hecho algo mejor. Quizás habrían podido evitar esta guerra.

Pero eso no sucedió y ahora es muy tarde, al menos hasta que esta ronda sangrienta termine.



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