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Domingo, 30 de noviembre de 2008 - 19:57 GMT
La era del "terrorismo de celebridad"
BBC
Paul Cornish
Director del programa de seguridad de Chatham House

Hombre leyendo las noticias sobre el atentado en Bombay
Quizás se dijo más de lo que debía decirse en los medios.

Más allá de las decenas de muertos y cientos de heridos, lo que los atacantes en Bombay realmente querían era una reacción exagerada -y preferiblemente extrema- de parte de los gobiernos, los medios y la opinión pública.

En esos términos, recibieron tanta como soñaron y la atrocidad en Bombay sólo puede ser descrita como un éxito muy significativo.

El atentado saturó los medios en todas partes desde el principio.

En cuestión de minutos, las pantallas de televisión mostraban angustiosas escenas, con charcos de sangre en los lugares en los que gente había sido herida o había perecido, hoteles en llamas, francotiradores del ejército indio disparándole a blancos lejanos, e imágenes de cámaras de circuito cerrado de los perpetradores del atentado.

Especialmente perturbadores eran los informes de que rehenes y sobrevivientes contaban que ciertas nacionalidades habían sido identificadas por los pasaportes y que se habían llevado a sus portadores para ejecutarlos.

No importa cuán oscuros, todos los detalles de este ataque múltiple y sostenido era rápidamente estudiado minuciosamente por expertos en terrorismo que trataban de encasillar el caso de Bombay en algún patrón.

Preguntas sin respuesta

Imagen de uno de los atacantes
A los atacantes no les importaba que les vieran el rostro.
Así, las preguntas especulativas -y a menudo tediosas- empezaron.

¿Cuáles son las tácticas de los atacantes? ¿Qué armas tienen y dónde las obtuvieron? ¿Cuánta planificación y preparación es necesaria para realizar una operación de estilo militar como ésta? ¿Quiénes son, de dónde son y qué quieren?

¿Quién está detrás de los ataques? ¿Tienen el sello de al-Qaeda? ¿Son parte del yihad global contra Occidente?

Así es precisamente como el terrorismo debe funcionar: la acción tiene que ser complementada por la reacción del blanco.

Cómo se realiza un atentado y qué le hacen a quién no importa tanto -y a menudo menos- que la forma en que se recibe el ataque y el impacto que se le concede.

Y la repercusión ciertamente ha sido instantánea y extensiva, alcanzando la esfera de la política, economica y hasta el deportiva, y a todo nivel, internacional, regional y nacional.

Añadiendo significado

No obstante, a pesar de cuán horrible fue el atentado en Bombay, quizás fue menos de lo que parece a primera vista y una respuesta precipitada y exagerada pudo haberle dado más importancia al ataque del que merecía.

Cámara frente al Taj Majal
Los medios cubrieron todos los detalles, por pocos que hubiera.
Nadie parece haber oído de los Deccan Muyahidín, quizás porque nunca existieron.

Y es posible que después de todo no sea tan complicado planear y ejecutar un ataque como este: las armas livianas y granadas de mano no son difíciles de encontrar; los botes no son precisamente equipos especializados, y Bombay es una ciudad vasta y abierta con muchos blancos vulnerables.

Quizás no sabemos mucho sobre el origen de los perpetradores porque podrían haber venido de casi cualquier lugar.

Los atacantes estaban dispuestos a mostrar sus rostros en las cámaras de circuito cerrado. ¿Se trata de suicido por martirio -como en Nueva York y Washington en 2001, Madrid en 2004 y Londres en 2005- o suicidio por fama, como en Columbine en 1999 y Virginia Tech en 2007?

Y quizás se sabe tan poco sobre la causa de esos hombres porque ellos sencillamente no sintieron la necesidad de adoptar alguna.

El ataque en Bombay obviamente fue planeado, pero probablemente no es necesaria una planificación "de estilo militar" (sea lo que sea que eso signifique) para masacrar a civiles desarmados y despistados en estaciones de trenes y restaurantes.

Éste pudo además ser un plan con un gran hueco en el que la causa o declaración de principios debía haber estado.

Pero no importa. Los atacantes pudieron haber asumido, correctamente, que los medios mundiales y la industria del análisis del terrorismo rellenaría ese hueco.

Escribiendo la narrativa

Hombres viendo televisión
Las angustiosas escenas se repetían en las pantallas de tv del mundo.
Es ampliamente aceptado que el carácter del terrorismo moderno fue moldeado por una idea de mediados del siglo XIX conocida como la "propaganda del hecho", una estrategia para el cambio político en la que el mensaje o causa era expresada a través, y estaba contenida dentro, de un acto violento.

En un nuevo giro, los atacantes de Bombay quizás se embarcaron en la propaganda del hecho pero sin la propaganda, con la expectativa de que la racionalización del atentado -la narrativa- sería proporcionada por los políticos, los medios y los analistas.

De ser así, Bombay podría representar algo distinto en la historia del terrorismo y hasta algo mucho más alarmante que el yihad global.

Es posible que hayamos llegado al punto en el que individuos informalmente autoradicalizados y sicópatas pueden formar una organización poco estricta, adquirir las armas y equipos necesarios por unos cuantos miles de dólares, concebir un plan de acción básico y permitirse expresar violentamente su desafecto y anomia.

Este tipo de individuos lo hacen sencillamente porque pueden, mientras que su audiencia se inventa una base lógica en su nombre.

Bienvenidos a la era del terrorismo de celebridad.

La invitación al mundo de los descontentos de baja alcurnia dice lo siguiente: no importa cuán corrupta sea tu moral, cuán enrevesada tu visión del mundo, cuán sosas y mal expresadas tus ideas, cuán poco talento tengas, cuán exagerado sea tu motivo de queja, un público obsesivo observará cada uno de tus movimientos y te convertirá en lo que deseas ser, poco antes de tu muerte.



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