Hillary Clinton será la primera Secretaria de Estado de Estados Unidos que combina la experiencia de ser madre, primera dama, senadora y candidata presidencial.
Con su nombramiento asume el puesto diplomático más importante de Estados Unidos y, quizás, del mundo entero.
Ese rol ya lo han desempeñado otras dos mujeres: Madeleine Albright -precisamente durante el segundo gobierno de su esposo Bill Clinton- y su antecesora inmediata, Condoleezza Rice.
Hace sólo algunos meses muchos pensaron que la carrera política de Clinton no tendría cabida en el proyecto de Barack Obama.
Sus virulentos ataques hacia el senador de Illinois durante la campaña no hacían sino profundizar las diferencias ideológicas entre ella y su ahora jefe inmediato.
En un debate en febrero, la abogada acusó a Obama de querer "bombardear Pakistán" y de tener intenciones de reunirse con "dictadores del mundo".
Obama, por su parte, contraatacó y le recordó que ella votó a favor de la invasión a Irak.
Clinton también es percibida por algunos sectores como el continuismo de la "vieja política", que contrasta con la promesa de "cambio" de la exitosa campaña de Obama.
Al frente
Tras su derrota, Clinton ayudó a Obama en su campaña presidencial.
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Durante la larga y tensa campaña presidencial, Clinton siempre hizo énfasis en el hecho de que ella era la candidata con experiencia, pero sus críticos resaltaron el hecho de que sólo tenía experiencia como senadora y que nunca tuvo un cargo en el poder ejecutivo.
También cuestionaron sus posibilidades reales de ser elegida, ya que fue durante mucho tiempo una de las personas que genera más división en Estados Unidos: con ella no parecía haber espacio para los grises. O era amada u odiada.
Sin embargo, con el paso del tiempo sus posturas parecieron modificarse y se movió más hacia el centro del espectro político.
Si durante el mandato de su esposo se le criticó por querer sacar adelante una reforma del sistema de salud muy radical, la propuesta que presentó como candidata pareció demostrar que había flexibilizado sus posturas.
Pero según varios observadores políticos de Estados Unidos, el momento crucial para garantizar un puesto en el equipo de trabajo de su otrora contrincante fue cuando, tras reconocer su derrota en las primarias, convocó a la unidad de su partido y se dedicó a hacer campaña por Barack Obama como una seguidora más.
Incluso en algún momento se insinuó que Obama la elegiría como candidata a vicepresidente. Pero esa partida la ganó el senador Joe Biden.
Su pasado
Una de las cosas curiosas sobre Hillary Clinton es que siempre usa su apellido de soltera -Rodham- además del apellido de su esposo.
Quizás busque hacer una declaración de su independencia, pero el hecho que mantiene Rodham habla también de la fuerte relación con su padre.
Para algunos analistas, Hillary Clinton transformó el rol de la primera dama de Estados Unidos.
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Según su biografía, Clinton aprendió de su padre, Hugh Rodham, un profundo patriotismo y una fuerte convicción en la responsabilidad fiscal.
De su madre, Dorothy -quien la acompañó en varios eventos de su campaña presidencial- heredó un "profundo sentido de justicia y la creencia de que ningún niño debía ser maltratado".
Egresada de la prestigiosa Universidad de Yale, Clinton trabajó como abogada del Fondo de Defensa de los Niños.
Además, fue una de las dos abogadas que formó parte del Comité Judicial de la Cámara de Representantes que consideró la destitución del presidente Richard Nixon.
En 1975, se casó con Bill Clinton, con quien concibió a su única hija, Chelsea, y a quien acompañó durante sus ocho años en la Casa Blanca.
Como primera dama, enfrentó dos fuertes tormentas.
Un primer escándalo cuando Gennifer Flowers aseguró haber mantenido un romance con el entonces candidato presidencial, y el otro -aún mayor- cuando su esposo debió admitir "relaciones impropias" con la pasante de la Casa Blanca, Monica Lewinsky.
Clinton se mantuvo junto a su esposo y cuando él dejó la Casa Blanca, ella se convertió en 2000 en senadora por Nueva York.
Ahora, Clinton deberá abandonar ese escaño para volver a rozarse con el poder ejecutivo del país.
No en la forma en la que ella deseaba -como la primera presidenta mujer de Estados Unidos- pero no por ello de una manera menos desafiante: le tocará llevar las riendas de la diplomacia en un contexto internacional para el que la palabra "complejo" parece tímida.