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Miércoles, 26 de noviembre de 2008 - 20:19 GMT
Tailandia: amarillos contra rojos
Redacción BBC Mundo

Primer ministro tailandés, Somchai Wongsawat.
Somchai dijo que había sido electo por el pueblo y por lo tanto no renunciaría.
El conflicto entre gobierno y oposición en Tailandia se profundiza después de que este miércoles el primer ministro tailandés, Somchai Wongsawat, se negó a acatar el llamado del ejército para que abandone el poder.

En una aparición en televisión, Wongsawat dijo que su gobierno fue elegido democráticamente por lo que no dimitirá, a pesar de que el general del Ejército tailandés, Anupong Paochinda, le pidió al parlamento que disolviera el gobierno y llamara a nuevas elecciones.

La crisis política se desató después de que cientos de miembros del partido opositor Alianza del Pueblo para la Democracia (APD) ocuparon el aeropuerto de Suvarnabhumi, en Bangkok, para interceptar a Somchai a su vuelta del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) que se celebró en Perú.

La acción obligó al avión del primer ministro desviar su rumbo a una provincia del norte de Tailandia, donde cuenta con el apoyo de la mayoría de la población.

Una situación que es inversa en la capital, donde cientos de manifestantes partidarios del APD continúan en el aeropuerto internacional vestidos con camisetas amarillas como símbolo de apoyo a la monarquía tailandesa.

País agrietado

Ésta no es la primera vez que los "camisa amarilla" lideran protestas para derrocar a lo que consideran es un gobierno corrupto y hostil a la corona.

Ocupación del aeropuerto en Bangkok por la oposición tailandesa.
No es la primera vez que los "camisa amarilla" lideran protestas para derrocar a Somchai.
Durante semanas la oposición ha tomado edificios gubernamentales exigiendo la dimisión de Somchai Wongsawat, a quien tildan de títere del ex premier tailandés Thaksin Shinawatra, depuesto en 2006 por un golpe militar y acusado y condenado a dos años de prisión por corrupción.

Para el corresponsal de la BBC en Bangkok, ésta es "una pugna peligrosa entre dos fracciones políticas hambrientas de poder" que ven la situación como un juego de todo o nada.

Un pulso que ha dividido a la sociedad tailandesa y a la región en clases y cuya grieta está marcada por quienes visten de amarillo y quienes visten de rojo. O mejor dicho, entre pobres y ricos.

Los de rojo

En las provincias del norte, mayoritariamente agrícolas y donde se concentra la mayor población de clase humilde, el apoyo al ex mandatario Thaksin y su yerno Somchai es contundente.

"Camisas rojas" partidarios del gobierno.
En las provincias del norte el apoyo al ex mandatario Thaksin y su yerno Somchai es contundente.
La participación de la opinión pública en programas de radio así lo confirma. En uno de ellos se puede escuchar la voz de una mujer mayor advirtiendo a los militares.

"¡Ahora escuchen soldados!", grita por el teléfono, "si se atreven a intentar otro golpe de Estado, olvídense de recibir rosas, porque me vestiré de rojo, de pies a cabeza, y saltaré al frente de sus tanques. Tendrán que pasar sobre el cadáver de esta vieja campesina".

El presentador del programa Kwanchai Sarakam, está acostumbrado a recibir estas llamadas a diario y le anticipó a nuestro corresponsal en Tailandia que habrá derramamiento de sangre antes que el país salga de la crisis.

Los de amarillo

La sensación de estar inmerso en una guerra de clases es común para ambos lados del conflicto.

Tenemos una brecha muy grande entre el rico y el pobre, en el que el pobre no recibió nada del Estado durante mucho tiempo... hasta que, por primera vez, Thaksin les dio una oportunidad
Attajak Satayanutak, académico
"¿Ves a esta gente?", pregunta un partidario de la oposición en Bangkok. "Son todas personas educadas, a diferencia de quiénes apoyan al partido de gobierno que carecen de educación, especialmente los del norte y noreste".

Para Jonathan Head, éste es un comentario típico de un miembro del PAD, que insinúa que las millones de personas que han estado votando por políticos afines a Thaksin es porque han sido sobornados o no saben lo que hacen.

Una posición que enfurece a campesinos del norte, como Ankham Ratanasingha, quien a pesar de haber tenido que abandonar la escuela a los 10 años, se esforzó para que sus hijos tuvieran una educación universitaria.

La brecha entre riqueza y pobreza

"El problema de la crisis política tailandesa es la lucha de clases", le dice a la BBC Attajak Satayanutak, un académico de Chiang Mai, ciudad de la que es originario Thaksin.

"Tenemos una brecha muy grande entre el rico y el pobre, en el que el pobre no recibió nada del Estado durante mucho tiempo... hasta que, por primera vez, Thaksin les dio una oportunidad".

Ésta es una razón por la que el afecto al ex primer ministro en las provincias del norte se ha mantenido fuerte, a pesar de que haya sido destituido y acusado de corrupción.

Los residentes de esa región ven que sus políticas, como la de ofrecer asistencia sanitaria universal, han significado grandes cambios en favor de su calidad de vida.

"Ellos (ciudadanos de las provincias del norte) me dijeron que Thaksin les ofreció la esperanza de mejorar, sin que se los hiciera sentir menos o humillados", explicó el corresponsal de la BBC.

Es por esto que el presunto lado más oscuro del ex mandatario, como abusos de poder, violaciones a los derechos humanos o su arrogancia han sido dejados del lado por sus seguidores.

Rojo contra amarillo

Ex premier Thaksin Shinawatra.
Thaksin goza de gran apoyo a pesar de haber sido depuesto y acusado de corrupción.
Si bien hoy en día la batalla de la oposición es para conseguir que el primer ministro Somchai salga del poder, la guerra es para debilitar al partido de Thaksin, quien cuenta con una legión de adeptos dispuestos a darlo todo por él.

Ya lo comprobó hace un par de semanas cuando durante una gigantesca manifestación en su apoyo, los más de 60.000 "camisas rojas" presentes pudieron escuchar por los altavoces la voz de su líder desde algún lugar en el exilio que hizo una sola pregunta: "¿Me han extrañado?"

Head fue testigo entonces de las no pocas lágrimas derramadas entre la multitud. "Este fue un evento cuidadosamente coordinado para enviar un mensaje a PAD y los seguidores de la corona", explicó el corresponsal.

"Entre la multitud un hombre se volteó hacia mí y me dijo: 'si los militares planean otro golpe de Estado, esta vez el país se dividirá y habrá una guerra civil", recuerda Head.

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