La zona oriental de la República del Congo fue descrita una vez de forma memorable por la periodista Kate Thomas.
Las colinas del oriente del Congo sirven de marco para una tragedia humanitaria.
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La región "parece el paraíso", escribió, "pero se siente como el infierno".
Ella tenía razón. La región cuenta con imponentes volcanes, ríos correntosos y lagos cristalinos. El paraíso sin duda.
Y también están las colinas, las verdes y fértiles colinas que se extienden desde la actual zona de conflicto hasta la frontera de la vecina Ruanda, país que a su vez es llamado "la tierra de las mil colinas".
Esa debería ser una pista de por qué el oriente del Congo es un infierno.
La geopolítica de África Central ha unido el corazón del oriente congoleño -las provincias del Norte y el Sur de Kivu- a Ruanda, quieran ellas o no.
Huellas del genocidio
Luego del genocidio de la etnia tutsi en Ruanda en 1994, los asesinos -el ejército ruandés y gran parte de la población ruandesa de la etnia hutu- fueron derrotados militarmente y perseguidos hasta la República Democrática del Congo.
Algunos de ellos permanecieron en el este congoleño y formaron una milicia que, según las nuevas autoridades tutsis de Ruanda, podrían intentar un nuevo genocidio.
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En realidad, ninguno de estos grupos está defendiendo a nadie ya que al utilizar el camino de la violencia exponen a su gente a las represalias del otro grupo
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Pero luego surgió en la región otro actor, una fuerza congolesa tutsi liderada por un auto-denominado general, que dice defender a los congoleños tutsis de la milicia ruandesa hutu.
Casi todos los congoleños piensas que el "general" Laurent Nkunda es un títere de los tutsis ruandeses.
En realidad, ninguno de estos grupos está defendiendo a nadie ya que al utilizar el camino de la violencia exponen a su gente a las represalias del otro grupo.
Así es cómo se siente el infierno en el este de la República Democrática del Congo.
Según las Naciones Unidas existen actualmente cerca de un millón de personas desplazadas por la guerra sólo en la provincia del Norte de Kivu.
Con ojos capitalinos
Para la capital del país, Kinshasa, ubicada a unos 3.200 kilómetros de esta región, el oriente congoleño es como otro país.
El norte del país está unido a la capital a través del Río Congo, esa gran arteria comercial que baja hasta Kinshasa.
El sur del país está vinculado a la capital por el dinero: las industrias mineras más rentables están en el sur y obviamente los políticos congoleños están cerca de ellas.
Nadie sufre tanto el infierno congoleño como los desplazados.
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Pero el este del Congo es tan sólo una serie de problemas aparentemente imposibles de resolver con Ruanda pegada ahí.
Desde Kinshasa, Ruanda es vista como una nación humillantemente pequeña y firmemente gobernada que ha peleado con éxito batallas con la gigante e ingobernable República Democrática del Congo.
Los periodistas suelen caer en definiciones como "el mayor contingente de cascos azules de la ONU" en "uno de los países más grandes de África".
Pero en realidad, casi todas las fuerzas internacionales están concentradas en y alrededor de la zona oriental.
La región es una fuente de tensiones que ha alimentado todas las guerras en este territorio en la última década.
Aunque parezca el paraíso, para ese millón de desplazados es como el infierno.
Y las Naciones Unidas, con todas sus fuerzas en la región, no ha logrado arreglarlo.