La experiencia muestra que la muerte de líderes específicos no reduce la violencia.
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El ejército de Estados Unidos en Irak dice haber matado al número dos de al-Qaeda en el país.
Informó que el hombre conocido como Abu Qaswara, que se cree es originario de Marruecos, murió durante un asalto de las fuerzas estadounidenses en la norteña ciudad de Mosul en octubre.
A pesar la mejoría general en el tema de seguridad en otras áreas, en Mosul la violencia por enfrentamientos con insurgentes no amaina.
Un vocero del ejército de EE.UU. dijo que Abu Qaswara fue uno de cinco militantes que perdieron la vida cuando las tropas allanaron lo que describió como un centro de comando clave de la red al-Qaeda en Mosul.
Describió a Qaswara como un líder carismático, que había tomado el control de las operaciones de la organización en el norte y logrado mantener sus redes activas a pesar de los golpes que han recibido en otras áreas.
¿Mejoría?
Mosul y otras ciudades norteñas han sido escenario de muchos atentados suicidas y de otros tipos atribuidos a al-Qaeda.
El portavoz señaló que esperaba que la muerte de este dirigente surtiera efecto y que perturbara las actividades de tal organización.
En el pasado, la desaparición de un líder aparentemente no ha cambiado mucho la situación de violencia en el terreno.
Mucho más efectiva ha sido la táctica de convencer a los grupos sunitas y a las tribus de que trabajen con el gobierno iraquí y los estadounidenses, mientras se mantiene una implacable presión militar.