Rusia reconoció la independencia de las regiones de Abjasia y Osetia del Sur -escenarios del reciente conflicto armado con Georgia- como estados independientes, desatando la peor crisis de seguridad europea desde las guerras balcánicas de los años 90.
En las regiones separatistas celebraron la decisión rusa.
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En muchos sentidos podría ser hasta peor ya que los intereses de Estados Unidos y Rusia están más directamente contrapuestos que antes.
A Rusia no le gustó que Occidente reconociera la independencia Kosovo que este año se separó de Serbia, pero podían hacer muy poco para impedirlo.
Serbia, aun con el apoyo ruso, no está situada en la periferia de Rusia ni es considerada de interés estratégico por los rusos.
Sin embargo, la actual crisis cuestiona la supremacía rusa en su propio patio trasero.
Y la retórica europea de una Europa "unida y libre" se opone directamente a la voluntad rusa de imponer su poder cerca de sus fronteras.
Condena vacía
La condena al reconocimiento ruso de Osetia del Sur y Abjasia fue inmediata.
Pero la amenaza de ataques retóricos occidentales no consiguió disuadir a Rusia de invadir Georgia ni que las tropas rusas se retiraran de territorio georgiano.
Y ahora es difícil concebir que Rusia dé marcha atrás en su reconocimiento.
¿Nueva política?
Además de la retórica, Occidente está teniendo problemas para encontrar otros factores que puedan servir para presionar a Moscú.
Rusia ha redibujado la frontera de su vecina Georgia a pesar de la furiosa reacción occidental.
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Es la misma historia que al inicio de la crisis.
Los países occidentales saben que cualquier comentario o medida económica contra Rusia podrían terminar haciéndoles daño a ellos mismos.
Construir una nueva política colectiva contra esta Rusia más dinámica y defensora de sus intereses tomará tiempo y requerirá un liderazgo de Estados Unidos claro.
Y siempre existe el peligro que divisiones dentro de la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hagan que una postura común constituya el mínimo denominador de visiones contrapuestas.