Algunos consideran a Cheney como "el vicepresidente más poderoso de la historia de EE.UU."
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La figura del vicepresidente en Estados Unidos tendrá un antes y un después de Dick Cheney, quién acompañó al presidente George W. Bush durante los ocho años de su gobierno.
Hasta su llegada a la Casa Blanca, en la mayoría de los casos el papel del vicepresidente fue más bien decorativo.
No pasaba de ser más que el "número dos", que tomaría las riendas sólo en caso de emergencia mayor.
La propia Constitución estadounidense le otorga un papel muy limitado a la figura del vicepresidente.
"Su misión según la Carta Magna es la de presidir el Senado, pero con una autoridad muy limitada y sólo vota cuando hay un empate. La otra responsabilidad, quizás más importante, es la de asumir las funciones del presidente en caso de alguna emergencia como incapacidad, muerte o cuando tiene que renunciar", explicó a BBC Mundo Joel Goldstein, autor del libro titulado "La vicepresidencia moderna: la transformación de una institución política".
En 1974, por ejemplo, Gerald Ford asumió la presidencia tras apenas nueve meses de ser el "vice" por la renuncia de Nixon tras el escándalo de Watergate.
Otros ocho tomaron el control de la presidencia cuando el mandatario murió, entre ellos Harry S. Truman quién llegó al poder tras la muerte Franklin D. Roosevelt, y Lyndon Johnson quién agarró las riendas luego del asesinato de John F. Kennedy.
Falta de brillo
Pero aparte de poder asumir la presidencia, el puesto fue siempre criticado por muchos por su falta de brillo.
Truman, por ejemplo, aseguró que sus responsabilidades cuando era vicepresidente no iban más allá de "asistir a bodas y funerales".
En los anaqueles de la historia también quedaron grabadas las palabras del primer vicepresidente, John Adams, quien estrenó el puesto con el primer presidente del país, George Washington (1789-1797).
Frustrado con la falta de relevancia aseguró que era "el cargo más insignificante ideado por el hombre."
El primer reformista
En la década de 1970, sin embargo, comenzó la transformación del cargo.
El profesor Joel Goldstein enfatizá que la llegada a la Casa Blanca de Walter Mondale como compañero de fórmula de Jimmy Carter, fue el paso a un cambio en la manera en que se comenzaron a percibir después a los vicepresidentes.
"Mondale logró darle una influencia a la oficina de la vicepresidencia que antes no tenía", señaló el experto.
Carter lo eligió porque necesitaba alguien con más experiencia en Washington, que supiera cómo manejar y trabajar con el Congreso. Mondale además jugó un papel en las decisiones de política exterior y viajó varias veces al extranjero. El incluso mudó su oficina al ala oeste de la Casa Blanca, donde su despacho se encuentra desde entonces.
La marca de Cheney
Mondale, sin embargo, nunca tuvo la influencia que llegó a tener Cheney, a quién los medios estadounidenses no tienen duda en calificarlo como "el poder en la sombra" y el "vicepresidente más poderoso en la historia de Estados Unidos".
"El papel del vicepresidente tiene mucho que ver con el mandatario. En el caso del Bush, el montó su gabinete como una empresa, donde el actuaba como el presidente de la compañía y Cheney actuaba como el director ejecutivo", explicó Goldstein.
Al Gore fue el "número 2" de Cllinton y luego fue candidato a la presidencia de EE.UU.
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Aunque no está dentro de las funciones que le otorga la Constitución de EE.UU., Cheney gobernó mano a mano con Bush y muchas veces sus opiniones prevalecieron frente a otros funcionarios.
Por ejemplo, fue uno de los promotores de la guerra en Irak, pese a las dudas que mostró el que era el secretario de Estado, y por lo tanto el responsable de la política exterior, Collin Powell.
También las opiniones de Cheney han prevalecido sobre una posición más negociadora de la actual secretaria de Estado, Condoleezza Rice, para enfrentar a Rusia por el conflicto de Georgia.
Sus críticos dicen que su poder fue tan grande que la presidencia no tendría, para él, el atractivo que ha tenido para otros "número 2" que intentaron llegar al poder tras su mandato a la vicepresidencia, incluyendo Al Gore - vice de Bill Clinton- quién participó en las presidenciales de 2000.
De todos modos sería difícil que logre llegar por voto popular al poder, ya que no sólo ha sido el más poderoso, pero también el más impopular.
Lo que nadie duda es que ha dejado una gran huella y ocupar sus zapatos no será fácil.
En este sentido, los analistas opinan que será difícil que el nuevo vicepresidente tenga la misma influencia con la que contó Cheney, aunque también opinan que ninguno aceptará un puesto tan sólo decorativo.
Esta es la razón por la que los candidatos han puesto tanto empeño y cuidado para elegir a su "número dos".