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Jueves, 21 de agosto de 2008 - 00:02 GMT
Tragedia en una ciudad vacía
Juanjo Robledo
Juanjo Robledo
Madrid

Un helicóptero sobrevuela el lugar de la tragedia.
Un helicóptero sobrevuela el lugar de la tragedia.

En Madrid parecía que no había pasado nada pero sí había pasado: más de 150 muertos en la peor tragedia aérea que ha vivido la ciudad en 20 años.

Minutos después del accidente del avión de Spanair en la Terminal 4 de Barajas, los bares solitarios y aletargados del centro sintonizaban los Juegos Olímpicos en la televisión.

Es verano y más de un millón de personas se marchan de la ciudad.

Ni siquiera en la moderna línea 8 del metro que va a la T4 se percibía desazón. Los pasajeros, maletas repletas, lucían tranquilos.

"He escuchado algo de un avión, creo que hay heridos pero no sé nada más", comentaba el madrileño Felipe Bada, con vuelo a Roma, mientras llenaba un crucigrama.

En el canal del metro no había ninguna información sobre el siniestro, sólo reportajes sobre el triunfo de la selección española de baloncesto sobre Croacia y las bondades del verano.

"Trabajo poco, encuentro donde aparcar y no veo a mis jefes", decía un madrileño sonriente al que entrevistaban.

Terminal 4

En la T4, seguía la calma, por lo menos en los pasillos. En los medios ya se hablaba de 50 muertos y se especulaba con más.

PEORES ACCIDENTES AÉREOS EN ESPAÑA
27 de marzo de 1977: 583 personas murieron en Los Rodeos, Tenerife, cuando chocaron 2 aviones Boeing 747, uno de Pan Am y otro de KLM.
23 de abril de 1980: 146 personas murieron cerca de Los Rodeos cuando un Boeing 727 de Dan Air se estrelló durante el aterrizaje.
27 de noviembre de 1983: 181 personas murieron y 11 sobrevivieron cuando un Boeing 747 de Avianca se estrelló en Mejorada del Campo, cerca de Madrid, en trayecto a Barajas.
19 de febrero de 1985: 148 personas murieron cuando un Boeing 727 de Iberia se estrelló contra una antena de televisión instalada en el monte Oiz, cerca de Bilbao.

"Tienen que ser más pero no nos quieren decir. Si el avión iba con todo el combustible, fue un bombazo", comentaba un periodista local, ansioso como la nube de medios que se agolpó en un extremo de la terminal.

"Mañana viajo a Lanzarote, al lado de Palma y además con Spanair. Vamos a ir muy calladitos en el avión. No pienso cancelarlo, con lo que cuesta viajar en este país", agregaba, mientras entraban y salían miembros de la Cruz Roja y de diversos grupos de emergencia locales, como el SAMUR.

Unos metros más adelante una familia de Ecuador esperaba la llegada de un hijo procedente de Quito.

"Estoy preocupada. No me gusta volar. Sólo me he montado una vez en avión, para venir aquí a buscarme la vida", señalaba la ecuatoriana Ana Lucía Sarmiento.

Un miembro de un organismo de socorro pasa a su lado. Ella le pregunta: "Disculpe, ¿entre las víctimas hay personas de otras nacionalidades?".

"No lo sé, señora. Están carbonizados", señala el hombre, visiblemente afectado, mientras se aleja por un pasillo de la enorme T4.

Periodistas

Sinuosa y amarilla, la Terminal sobrecoge por su diseño. En el exterior, sigue el drama, el rescate de cuerpos que no pueden grabar los medios.

Vehículos transportan a las víctimas
En el avión viajaban 173 personas. Los sobrevivientes fueron trasladados a hospitales cercanos.

El primer familiar que se asomaba, un adolescente de bermudas y arete que cruza el enjambre de micrófonos susurrando: "Mi tía, mi tía".

Pasan los minutos y los periodistas se ponen nerviosos. "Que nos dejen pasar", dice uno. "Vaya desinformación", dice otro.

Y de repente, estampida. "Van a dar una rueda de prensa", murmuran y se dirigen a la zona de equipajes.

Llegan la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón. Los medios les rodean, les apretujan.

"Normalidad"

En un rincón, el gallego Javier Carballo mira al pleno de personalidades.

Vengo de un crucero. Ahora viajo a Santiago. No me da miedo volar. ¿Cuántos vuelos hay en un día? ¿Y cuántos accidentes?
Javier Carballo, pasajero de otro vuelo

"Sí, son más pequeños de lo que se ven en la tele. Vengo de un crucero. Ahora viajo a Santiago. No me da miedo volar. ¿Cuántos vuelos hay en un día? ¿Y cuántos accidentes?", señala sereno.

Cerca de allí la joven madrileña Macarena Hernández, fuma un cigarrillo.

"Acabo de llegar de Rumania y tengo el celular lleno de mensajes, me preguntan que si estoy bien. He volado con una aerolínea rumana que supuestamente es menos confiable, pero mira tú", comenta.

Tres estudiantes colombianos están perplejos, pero por la normalidad.

"Es como si no hubiese pasado nada. No hay caos, ni gente llorando, por lo menos no aquí", comenta la bogotana Carolina Méndez.

Juegos Olímpicos

De regreso a la ciudad, nuevamente la calma. Los pasajeros, maletas repletas, miran sus guías de viaje de Madrid. Algunos murmuran sobre el accidente.

Vuelo de Air Europa despega en el aeropuerto de Barajas después del accidente,
Otros vuelos continúan despegando de Barajas.

En el canal del metro, después seis horas del siniestro, comentan que ha ocurrido un accidente en Barajas. Después de la nota anuncian el próximo concierto del argentino Andrés Calamaro.

Al salir del metro, en pleno centro de Madrid, las terrazas despiertan del letargo.

En los bares la gente mira concentrada la televisión: la selección española de fútbol juega contra Dinamarca en los Juegos Olímpicos.

"Acabamos de enterarnos del accidente. Hemos sido los últimos en enterarnos. Todo el día hemos tenido el canal de deportes", comentaba el responsable del Bar Gambrinus, en la zona de Tribunal.

Familias

En la terraza, una pareja toma una cerveza.

"Todo está muy calmado porque es verano y porque seguramente no ha sido algo tan cercano como el atentado en los trenes de cercanías el 11 de marzo de 2004. A ver, es terrible lo del avión, pero creo que el 11-M nos tocó mucho más. De todas maneras creo que mañana la gente se dará cuenta de lo que pasó", comenta la madrileña Olga Graña.

Su compañero, sin embargo, luce apesadumbrado.

Wilmer Vásquez es ecuatoriano. Lleva cinco años en Madrid.

"A mí me ha afectado lo del accidente. No conocía a nadie pero tiene que ser terrible para las familias. La gente iba a pasar sus vacaciones", comenta, mientras saca de su mochila un televisor portátil del tamaño de un teléfono.

"Todo el día han estado pasando informes", agrega, mientras señala unas imágenes borrosas del avión de Spanair.



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