Frecuentemente, Estados Unidos calificaba al presidente Pervez Musharraf como su aliado más importante en su llamada guerra contra el terrorismo.
Los analistas consideran que en los últimos tiempos Musharraf fue un aliado mucho menos eficaz.
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La decisión del mandatario paquistaní en las tensas horas y días posteriores al 11 de septiembre de 2001 de retirarle el apoyo al Talibán fue considerada como valiente y decisiva en el esfuerzo estadounidense por derribarlos.
De hecho, funcionarios estadounidenses y británicos decían a menudo que independientemente de los defectos de Musharraf, cualquier otra opción sería mucho peor.
Pero aquel sentimiento cambió durante los últimos meses y muchos analistas afirman ahora que su salida del poder hará poca diferencia en la guerra contra el terrorismo.
Menos eficaz
Aunque la mayoría le dan crédito al ex presidente por las detenciones de espías de al-Qaeda en los tres o cuatro años siguientes a los atentados del 11 de septiembre, los analistas consideran que en los últimos tiempos fue un aliado mucho menos eficaz.
Fuentes de inteligencia occidentales afirman que desde el año 2005 al-Qaeda se ha restablecido de nuevo en las zonas tribales de Pakistán, a pesar de que Islamabad lo niega.
También afirman que las esferas de la seguridad paquistaníes nunca han demostrado mucha voluntad real de hacer frente al Talibán, aliado de al-Qaeda, y a otros extremistas locales paquistaníes que le facilitan refugio y condiciones operativas a esta última organización.
Con o sin Musharraf en el timón, es improbable que esa situación cambie, mientras Islamabad procure mantener sus opciones abiertas para influir en acontecimientos en la vecina Afganistán.
Su partida ciertamente ocurre en un momento de creciente tensión entre Islamabad y Washington. Mientras Estados Unidos exige más acción contra los militantes islámicos, Islamabad advierte que la guerra en el terrorismo es cada vez más impopular entre los paquistaníes del común, y amenaza la verdadera estabilidad del país.