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Lunes, 11 de agosto de 2008 - 16:54 GMT
Maltrecha relación Rusia-EE.UU.
Jonathan Marcus
Jonathan Marcus
Analista en temas de Defensa, BBC

Putin y Bush hablan entre ellos.
Putin y Bush se encontraron en Pekín, durante la inauguración de las Olimpiadas.

El vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, le aseguró al mandatario georgiano Mijaíl Saakashvili que "la agresión rusa no debe quedar sin respuesta". ¿Qué significa esto para las relaciones entre EE.UU. y Rusia?

Las declaraciones reflejan claramente el deterioro en las relaciones entre Washington y Moscú, pero esta crisis va mucho más allá y le recuerda a los EE.UU. un hecho estratégico: Rusia y lo que opina el gobierno ruso sí importa.

Hasta ahora, Washington ha actuado como si pudiera ignorar las opiniones de Moscú. Así por lo menos lo hizo con la independencia de Kosovo.

La realidad, como lo demuestra ahora el conflicto en Osetia del Sur, es mucho más compleja.

Con el ataque militar en contra de las fuerzas georgianas, Rusia deja claro que seguirá actuando como un árbitro en lo que ellos creen que es su "patio trasero".

Pero más allá del papel que puedan jugar en la región, el mundo no puede ignorar el poder que tienen en otros temas. Para empezar, Rusia es una potencia energética y es el principal proveedor de gas a Europa.

Washington tampoco puede desestimar su importancia diplomática. Como miembro permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, Moscú juega un papel crucial en todo lo que pasa en el mundo, incluyendo los esfuerzos para controlar los programas nucleares en Irán y Corea del Norte.

Por eso, si tomamos en cuenta todos estos factores es sorprendente que la política de EE.UU. hacia Rusia se esté desarrollando de la manera que lo hace. Es como si creyeran que fueran inmunes a las acciones de Moscú.

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Una reparación es vital

Muchos expertos en EE.UU. opinan que el fracaso de cultivar lazos con Moscú -un fallo que ha repetido cada presidente desde el fin de la guerra fría- ha contribuido a que las relaciones empeoraran paulatinamente.

Si bien es verdad que muchas veces las posiciones de los rusos no ayudan para mejorar la situación, lo que queda claro es que hay una necesidad de reparar las relaciones bilaterales.

Una vez que se calme la situación en Georgia y los ánimos estén menos caldeados, el nuevo presidente de los EE.UU., sea quien sea el que sustituya a George W. Bush en enero del 2009, debe tener como prioridad el mejoramiento de sus lazos con Moscú.

Por ahora, el aspirante a la Casa Blanca del Partido Republicano, John McCain, parece tener una actitud mucho más dura que su rival demócrata, Barack Obama, pero el ganador descubrirá muy pronto que la colaboración de Rusia es esencial para lograr muchos de los objetivos que se ha impuesto EE.UU. en materia de política exterior.



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