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Miércoles, 30 de julio de 2008 - 12:00 GMT
Encuentros con Ratko Mladic
Redacción BBC Mundo

El ex líder serbobosnio Radovan Karadzic enfrentará cargos por crímenes de guerra ante el Tribunal Internacional para la antigua Yugoslavia. Sin embargo, su comandante militar durante la guerra, Ratko Mladic, sigue prófugo. El corresponsal de la BBC Paul Martin recuerda sus encuentros con el ex general Mladic (ahora el hombre más buscado) y con Karadzic.


Ratko Mladic
Ratko Mladic ha sido procesado en relación a la masacre de Srebrenica, en 1995.

Guardias fornidos, con walkie-talkies y chalecos antibalas, me bloquearon la entrada.

Yo caminaba hacia una villa de dos pisos, en un barrio residencial de Belgrado, la capital serbia.

En esa casa -yo estaba absolutamente seguro- se escondía uno de los presuntos criminales de guerra de peor reputación de Europa Oriental, el general Ratko Mladic.

"Ésta es una propiedad diplomática", me dijo uno de los guardias en buen inglés, mientras me empujaba con fuerza contra un jeep.

Después de varios mensajes, su walkie-talkie volvió a traquetear y me soltaron, no sin antes advertirme que la próxima vez no tendría la misma suerte.

Esto fue en 2002, poco después de que el ex presidente yugoeslavo Slobodan Milosevic fuera procesado en La Haya por orquestar la guerra de Bosnia.

Una señora me había dicho que solía ver a Mladic paseando por un parque, cerca de una gran base militar, son su dulce perrito.

Sin embargo, poco después de mi visita volvió a desaparecer y continúa prófugo, presuntamente protegido por elementos del ejército serbio, donde algunos todavía lo consideran un héroe de la patria.

Ojos inexpresivos

Yo me había encontrado con el general en varias ocasiones. La última vez fue a mediados de los '90, en la cima de una montaña que, a pesar de que había un supuesto cese el fuego, él y sus milicianos serbios acababan de arrebatársela a los luchadores musulmanes bosnios.

Sarajevo
Más de 11.000 personas murieron en tres años y medio en Sarajevo.

Él estaba de pie y en su cara redonda se notaba un aire de triunfo. Mladic le estaba haciendo el traspaso de la montaña, situada cerca de la ciudad de Sarajevo, a las fuerzas de Naciones Unidas, en una rara ceremonia impuesta por los serbios, junto a dos funiculares en una pista de esquí.

La ciudad, como se recordará, había sido la sede de las Olimpiadas de Invierno de 1984.

En la cima, Mladic nos concedió una entrevista que nos había prometido mucho antes, en la cual prometió conquistar pronto toda Sarajevo.

Al terminar, se dirigió a un helicóptero que estaba camuflado cerca.

"Oh", le dije, "yo creía que todas las partes habían acordado respetar la prohibición de Naciones Unidas de usar cualquier tipo de aparato aéreo en esta guerra".

El general me miró con sus ojos azules inexpresivos y su mandíbula maciza aumentó de tamaño.

"El comandante de las fuerzas armadas serbobosnias no viaja en burro", dijo. Segundos después, ya estaba en el aire.

Vendetta personal

El general Mladic apenas se esforzaba por ocultar el desprecio que les tenía a las figuras internacionales que trataban de que esta guerra no se convirtiera en algo incluso peor.

El comandante de las fuerzas armadas serbobosnias no viaja en burro
Ratko Mladic

Por ejemplo, pronunciaba mal -a propósito- el apellido del enviado principal de la Unión Europea, David Owen. Lo llamaba David O-van, que significa David la Oveja, en serbocroata.

Mladic solía llevar a los visitantes a su aldea natal en Bosnia y les mostraba todos los lugares donde, según él, habían vivido 101parientes suyos que fueron masacrados por una banda pro-nazi de combatientes musulmanes durante la Segunda Guerra Mundial.

Sí, para él esta guerra era algo personal.

Mladic había estado durante tanto tiempo en el ejército yugoeslavo que conocía a muchos de los comandantes de las partes croatas y musulmanes bosnias que ahora eran sus enemigos.

Como todos usaban walkie-talkies del ex ejército yugoslavo en la misma frecuencia, incluso los llamaba y les preguntaba por su salud, por sus esposas y sus hijos, antes de informarles: "Dentro de diez minutos vamos a hacerlos añicos y mandarlos al infierno", o algo por el estilo.

Mal gusto

Su relación con el ahora detenido líder político de los serbobosnios, Radovan Karadzic, era un poco incómoda.

Radovan Karadzic (izq.) y Ratko Mladic, en 1995.
Radovan Karadzic (izq.) y Ratko Mladic, en 1995.

Una vez le pregunté -frente a Karadzic- quién daba las órdenes y Mladic me dijo: "Yo respondo ante él, pero quien está a cargo de esta guerra soy yo".

Karadzic daba la impresión de que, para él, combatir era algo de mal gusto.

Una vez lo oí pedirle silencio, a gritos, a un grupo de combatientes serbios borrachos que cantaban canciones de guerra y disparaban descargas al aire desde su vehículo blindado, cerca de su cuartel general en Pale, otro ex centro de esquí frente a la Sarajevo sitiada.

El líder serbobosnio estaba obsesionado con el imperio turco-otomano que, en su opinión, se iba a reinstaurar y maldecía a los estadounidenses por apoyar al lado musulmán.

Una vez insistió en que voláramos con él en helicóptero para ver lo que, según él, era una masacre de aldeanos serbios por combatientes musulmanes que merodeaban por el lugar.

El helicóptero subía y bajaba para evitar posibles disparos desde tierra y Karadzic parecía sentirse mal y estaba acurrucado en su asiento, mientras se tapaba los oídos con las manos.

Su leal esposa, Liljana, puso sus manos frente a nuestra cámara y nos ordenó no filmarlo en esa posición.

"No hace falta de que el mundo también lo culpe de que se marea", dijo.

Si esto sigue así, creo que no van a quedar muchos musulmanes en Bosnia
Radovan Karadzic

Cuando aterrizamos, encontramos 28 cadáveres de hombres serbios, todos de edad de prestar el servicio militar, en la plaza central del pueblo de Vlasenica.

Karadzic se dirigió hacia nuestra cámara y dijo: "Si esto sigue así, creo que no van a quedar muchos musulmanes en Bosnia".

Era una anticipación de la limpieza étnica que se convertiría en el lúgubre sello distintivo de la guerra.



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