La captura de los soldados desencadenó una guerra entre Israel y Hezbolá.
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Hasta cierto punto, por lo menos para Israel, el regreso de los restos de sus dos soldados capturados por Hezbolá constituye el capítulo final de su guerra de 2006 en Líbano.
Fue la captura de esos dos hombres -vivos, pero tal vez gravemente heridos, todavía no se sabe- lo que desató el conflicto.
El primer ministro israelí, Ehud Olmert, acordó realizar el intercambio de prisioneros bajo presión de las familias de los dos soldados y con su propia posición política cada vez más insostenible, debido a presuntos escándalos financieros.
Hezbolá, que recientemente se ha fortalecido gracias a una nueva fórmula de gobierno en Líbano, cantará victoria por el acuerdo.
No sólo recibe cadáveres, sino también cinco prisioneros vivos, entre ellos Samir Kuntar, quien estaba encarcelado por matar a varios israelíes hace 29 años.
¿Futura confrontación?
A muchos de los israelíes con quienes conversé en los últimos días, todo este intercambio les deja un sabor amargo, aunque no es la primera vez que se llega a acuerdos como éste.
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A muchos de los israelíes con quienes conversé en los últimos días, todo este intercambio les deja un sabor amargo, aunque no es la primera vez que se llega a acuerdos como éste
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En 2004, Israel recibió a un empresario secuestrado y los cadáveres de tres soldados capturados por Hezbolá unos cuatros años antes.
Sin embargo, mientras que el intercambio de este miércoles podría representar cierto alivio para las familias, a nivel político sólo cierra un libro y abre otro.
Los israelíes insisten en que la mejora de la fortuna política de Hezbolá en Líbano va acompañada de un significativo rearme.
Algunos analistas consideran que, ahora que Hezbolá tiene una mayor participación en el sistema político, se mostrará reacio a buscarse problemas.
Pero muchas personas en Israel creen que una futura confrontación podría ser inevitable.