El tema despierta no sólo el nacionalismo de la mayoría árabe sino también de la minoría kurda.
|
El gobierno de Irak anunció la concesión de contratos a cuatro de las mayores empresas petroleras del mundo para que ayuden en la explotación en seis grandes yacimientos de crudo.
Aunque Exxon Mobil, BP, Shell y Total sólo proveerán asistencia técnica, el tema despierta suspicacias políticas.
En un país tan nacionalista como Irak, la propiedad y la explotación del petróleo es un asunto delicado.
Las actitudes hacia los británicos, que gobernaron el país luego de la I Guerra Mundial, y con respecto a la actual presencia estadounidense, están en gran medida marcadas por el tema de la explotación del crudo.
Muchos iraquíes siguen convencidos de que la invasión liderada por Estados Unidos en 2003 perseguía tomar el control de las reservas petroleras.
De ahí que vean con sospecha un regreso de las grandes compañías occidentales que fueron expulsadas de Irak por el gobierno de Saddam Hussein en la década de los años 70.
A la defensiva
Esas sospechas fueron alimentadas por un informe del diario estadounidense New York Times, según el cual asesores de Estados Unidos estuvieron involucrados en la elaboración del acuerdo alcanzado entre Bagdad y las empresas petroleras.
Estas razones han puesto al gobierno iraquí a la defensiva.
Bagdad insiste en que la soberanía no está amenazada y en que el crudo está, y estará, en manos iraquíes.
Una complicación, sin embargo, es que el asunto no sólo despierta sentimientos nacionalistas entre la mayoría árabe iraquí, sino también entre los kurdos del norte.
El delicado tema de si los recursos petroleros deben ser controlados por Bagdad o por las regiones todavía permanece sin una solución.