Las protestas de los monjes budistas terminó en una ola de violencia en marzo.
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El gobierno chino abrió al turismo extranjero las puertas de Tibet, que habían sido cerradas tras las violentas protestas que ocurrieron a mediados de marzo.
La decisión -comunicada por la agencia estatal de noticias Xinhua- tiene lugar a sólo días del paso de la antorcha olímpica por la disputada región, bajo estrictas medidas de seguridad.
"Tibet es un lugar seguro. Damos la bienvenida a todos los turistas nacionales y extranjeros", dice Xinhua citando a un alto funcionario de la dirección de turismo de la Región Autónoma de Tibet.
"El éxito del paso de la antorcha olímpica hace tres días por Lhasa (la capital de Tibet) demostró que se han consolidado las bases de la estabilidad social", agrega.
La agencia sostiene que desde fines de abril ya ingresan grupos procedentes de varias partes de China.
En tanto, un empleado de esa oficina dijo este miércoles a la BBC que las puertas ya están abiertas también para gente que llegue de otros países, aunque el acceso a periodistas extranjeros continúa siendo muy limitado.
Cifras cuestionadas
Los tibetanos en el exilio siguen reclamando ante la comunidad internacional.
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Hasta el momento sigue sin conocerse con exactitud el número de víctimas así como detenidos que dejó la ola de violencia desatada el 10 de marzo coincidiendo con un aniversario del levantamiento contra el régimen chino.
Las protestas iniciadas por monjes budistas en Lhasa se extendieron entre la población tanto en Tibet como en provincias de los alrededores.
Según las autoridades que responden a Pekín, los manifestantes provocaron la muerte de 19 personas.
Por su parte, el exilio tibetano que sigue al Dalai Lama asegura que las fuerzas de seguridad china mataron a decenas de manifestantes en las peores revueltas en casi 20 años.
Lo mismo ocurre con los prisioneros. Mientras China dicen que todavía siguen detenidos 116 manifestantes, grupos de derechos humanos temen que esa cifra sea mucho mayor.
Negociaciones
La decisión se produce a días del paso de la llama olímpica por Lhasa.
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A pesar de que las fuerzas de seguridad lograron sofocar la rebelión, la tensión sigue siendo extremadamente elevada.
En mayo, el gobierno chino aceptó entablar conversaciones con dos enviados del Dalai Lama, en lo que se interpretó como una concesión a las presiones internacionales.
Pekín acusa al líder espiritual tibetano en el exilio de fomentar la violencia en la región en disputa, algo que el Premio Nobel de la Paz rechaza rotundamente.
Por su parte, los activistas por la independencia de Tibet, acusan al gobierno chino de usar "tácticas dilatorias", en especial luego de haber postergado una segunda ronda de negociaciones tras el terremoto en la provincia de Sichuan.