De España a Bolivia, de Bulgaria a Argentina, de Francia a Chile, el bloqueo de carreteras como acción política directa ha resurgido en la escena internacional con renovada fuerza y, a juzgar por sus resultados, con relativo éxito.
En sociedades cada vez más globalizadas, dependemos más del transporte de estos bienes.
Esta protesta no es nueva y a ella se recurre hoy, tanto en las naciones industrializadas y con democracias sólidas, como en los países en vías de desarrollo, con sociedades desiguales y gobiernos débiles.
"Podemos esperar una globalización de estas acciones", le dijo a BBC Mundo, el investigador Iván Briscoe, de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (Fride), con sede en Madrid.
Y es que en sociedades modernas e interconectadas, la distribución y el transporte y abastecimiento de bienes y alimentos, es un hecho físico que depende fundamentalmente de camiones.
El bloqueo de rutas se empleó en la antigüedad como método de guerra, para interrumpir las comunicaciones y los suministros al enemigo.
Y aunque hoy se sigue empleando por gobiernos y organizaciones con el mismo fin, este modus operandi, ha tomado modernamente una nueva dimensión gracias al alza del precio del petróleo, que es la primera razón invocada por los bloqueadores, aunque no es la única.
Otra voz
El Secretario ejecutivo de la Confederación Sindical de Choferes de Bolivia, Franklin Durán, le dijo a BBC Mundo que el bloqueo de carreteras "es una médida extrema de reclamo sindical y nuestra última instancia para que nos escuchen".
En ese país andino, hace tres años los cortes de rutas -unidos al paro cívico- contra la Ley de Hidrocarburos, fueron el principio del fin del presidente interino Carlos Mesa y en 2003 el detonante de la caída del mandatario Gónzalo Sánchez de Lozada, cuando reprimió militarmente el bloqueo de La Paz.
Hoy es el presidente Evo Morales, antiguo promotor de paros y bloqueos, quien tiene que defenderse del método, cuando los transportistas bolivianos le reclaman cumplir compromisos firmados.
Pero en Bulgaria y Chile es una protesta por el alza del combustible, en España por el aumento del costo operativo del transporte y su baja rentabilidad -por el alto precio del petróleo- y en Argentina por la subida de los impuestos a las exportaciones de granos.
"Son acciones de presencia física, de obstrucción, para hacerse percibir, para conseguir voz y forzar el cambio de políticas públicas", explica Ivan Briscoe.
Grupos sociales que están marginalizados de la vida pública, cuando no tienen una respuesta, eligen este método de acción directa para causar molestia y compensan así otras acciones democráticas.
Del aprecio al disgusto
El bloqueo de carreteras interrumpe la normalidad, obstaculiza la llegada de bienes a su punto de consumo, adquiere relevancia mediática, se vuelve un problema policial difícil de resolver y de cierta forma "politiza" la vida coitidiana.
Los transportadores británicos bloquearon el acceso a Londres.
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"Ocupar autopistas es un acto violento, pero se trata de una violencia pasiva", le dijo a BBC Mundo el político y pensador, Ignacio Sotelo, catedrático de la Universidad Libre de Berlín.
Y es que en sí, el acto es una infracción al reglamento de tránsito (no penal) aunque en la mayoría de países la Constitución garantiza la libre circulación y en ese caso se convierte en delito.
Por ello, para evitar una acción legal, los transportadores ingleses que protestaron por el alza de combustible hace dos semanas y bloquearon la A40 -una de las principales rutas de ingreso a Londres- dejaron libre un carril para los vehículos particulares y su acción no tuvo carácter indefinido.
Entonces la población valida su reclamo contra el aumento del precio del combustible e incluso aplaude la acción al considerar justo el movimiento social.
Fronteras de la protesta
"La obstaculización gana la simpatía de personas que no son afectadas y la causa se hace más sensible", explica Ivan Briscoe.
Ese apoyo público, así sea mínimo, es esencial para que la causa adquiera fuerza, sea llevada a los pasillos del poder y el problema sea el centro del debate.
En Argentina el paro agrario con bloqueo de rutas es un nudo gordiano para el gobierno.
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Se genera entonces una dinámica política cuyo límite es la molestia que sufre la ciudadanía.
Bolivia es el ejemplo perfecto. Cuando la represión causó muertes, se volcó la simpatía hacia quienes protestaban y luego cayó el gobierno.
En Argentina los productores agrarios, en protesta por los impuestos a las exportaciones de granos, han suspendido su comercialización y en respuesta, los camioneros han interrumpido la circulación de vehículos.
Y en España el paro con carácter indefinido, que originalmente "fue un llamado a no prestar el servicio", según nos dijo Desiré Paseiro, derivó en que los transportadores se manifiestaran bloqueando las carreteras y obstaculizando la circulación.
Perspectiva
Mas allá de la mediatización y de la importancia que han ganado las protestas, el incremento constante del precio del petróleo es un problema global para el cual se necesita una solución política de conjunto.
Pero el momento es delicado, porque el precio del crudo está dictado por coyunturas geopolíticas alrededor del planeta, por lo que cada país ve por sus intereses.
Es lógico esperar que, superada la connotación negativa de atentado a la seguridad que adquirieron las protestas masivas luego de los atentados del 11 de septiembre (los gobiernos crearon leyes específicas), cada vez habrá mas bloqueos de carreteras.
Sin embargo, si la molestia que causen esas interrupciones es superior a la que pueda generar entre la ciudadanía el aumento del precio del petróleo, las protestas perderán poder.