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Jueves, 5 de junio de 2008 - 02:36 GMT
No sorprende, pero asombra
Dalia Ventura
BBC Mundo

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Hillary Clinton se rindió ante la evidencia.

Esta vez, al menos, no será presidente de los Estados Unidos de América.

A pesar de que la noticia de que el próximo sábado aceptará su derrota hoy no sorprende, sólo hay que remontarse unos meses para confirmar que lo que sucedió sí merece el calificativo de "asombroso".

Fue un viernes de febrero de 2007 cuando los entonces diez aspirantes se presentaron ante los militantes del partido Demócrata en su convención de invierno.

El corresponsal de la BBC, Richard Allen Greene, registró entonces cómo, a pesar de que la multitud recibió de pie "a la indiscutible estrella del evento", Barack Obama, era muy claro que él no era el preferido del partido.

"Ese honor es de la mujer que cerró los discursos de esa mañana: la senadora Hillary Clinton", señaló Greene, quien relató que aunque el vitoreo para ella no eran tan apasionado como para Obama, era generalizado, así como los afiches que llevaban su nombre.

El tiempo pesa

Bill, Hillary y Chelsea Clinton
Cuando todos esperaban que se retirara, se tomó tiempo para pensarlo.
Todo parecía indicar que Clinton iba a la segura pues, como dijo entonces un estudiante de California que asistió al evento, era "el candidato mejor calificado: su experiencia en el bufete privado, como primera dama de Arkansas, en La Casa Blanca, en las campañas (con su esposo y como candidata a senadora), y trabajando con ambos partidos en el Senado".

En contraste, Obama era un "senador de Illinois que apenas ha estado en Washington dos años...", como dijo Greene, antes de agregar "... y la multitud lo adora".

Y aunque en esa época temprana no parecían tantos los que apoyaban a Obama, sí había muchos cansados de los políticos clásicos. Lo que querían era cambio, no experiencia.

A Clinton no le pesó sólo su larga carrera, sino también la idea de que se convertía en el 44º presidente de EE.UU., la historia reciente iba a tener demasiados nombres repetidos: Bush-Clinton-Bush-Clinton... dos dinastías reinando desde 1989.

No todo se perdona

El cambio que clamaban muchos de los electores era radical: querían una ruptura con el pasado. Y el error más pesado del pasado era la guerra de Irak.

Manos con "Te queremos HRC" escrito.
La desilusión se extiende a los millones de personas que votaron por ella.
Desde ese viernes de febrero en Washington, ya era claro que ése sería el tema espinoso para Clinton: "casi excepcionalmente entre los candidatos, ella fue abucheada cuando mencionó Irak".

Así como el candidato demócrata del 2004, John Kerry, como senadora votó a favor de la guerra del presidente George W. Bush contra Irak, algo que le costó incluso el apoyo de quienes se habría pensado serían sus simpatizantes naturales.

Un grupo abultado de feministas prominentes, que incluye a Susan Sarandon, Barbara Ehrenreich y Katha Pollitt, no sólo decidieron votar por Obama sino hasta publicar una petición en internet titulada "Feministas por la paz y Barack Obama".

Afiches con propaganda de la campaña
El equipo de Clinton se equivocó al calcular que la campaña terminaría con el super martes.
"Necesitamos urgentemente un candidato presidencial que entienda que ataques 'preventivos' a otros países y la dependencia en la fuerza militar ha disminuido en vez de fortalecido nuestra seguridad nacional... Nosotras no creemos que la senadora Hillary Clinton sea ese candidato", se lee, entre otras cosas, en el documento que eventualmente firmaron más de dos mil de quienes se habría pensado querrían a una mujer en la Casa Blanca por encima de todo.

Irónicamente, fue ese el interrogante frente a la guerra -cualquier guerra- que imperó, en lugar de aquel otro que algunos siempre percibían como el punto débil de una candidata: si una mujer podía ser concebida como un comandante en jefe convincente. Como señala Arianna Huffington en el popular Huffington Post, "Ella demolió ese signo de interrogación para siempre".

La esperanza

Pero quizás fue más el mensaje que todo lo demás que ya está siendo analizado y seguirá siéndolo en los innumerables obituarios de esta campaña política, que no por fracasar deja de ser exitosa (fue la primera mujer en ganar una primaria -y ganó 20- además de cosechar más votos en primarias que cualquier otro candidato en la historia).

Bill Clinton
Se dice que la opacó el más carismático líder de su generación y ahora el de la próxima.
Y el mensaje es "esperanza", una palabra que, volviendo a ese viernes de febrero de 2007 en Washington, Obama usó cinco veces en el último minuto de su discurso.

Desde ese día, ese "recién aparecido" exhortó a quienes le escuchaban a rechazar el cinismo, conquistar el miedo y sobre todo "empezar a imaginarse el mundo como podría ser".

Y aunque a algunos les suene ingenuo y hasta cursi, la esperanza y la inspiración le ganaron al miedo y la furia, que habían sido las armas para ganarse al público, no sólo del gobierno saliente, sino de varios de los candidatos, inclusive Clinton.

Aunque cabe preguntarse si le habrían permitido a una mujer pronunciar los mismos discursos sin cuestionar su fortaleza y credibilidad.

Al revisar el gráfico de sondeos de Gallup sobre el grado de aceptación de los candidatos demócratas a lo largo de la campaña, en septiembre de 2007 Clinton contaba con el 45% de apoyo y Obama con el 24%. Para finales de mayo del 2008, las cifras eran 45% y 50% respectivamente.

Los datos parecen reflejar la sensación de muchos: Hillary Clinton no perdió, Barack Obama le ganó.



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