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Miércoles, 4 de junio de 2008 - 04:20 GMT
¿Un hombre negro en la Casa Blanca?
Nick Bryant
BBC

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La larga carrera por la nominación al Partido Demócrata llegó a su fin y con el triunfo de Barack Obama, por primera vez en la historia de Estados Unidos, se abre el camino para que la Casa Blanca pueda ser ocupada por un presidente negro.

"Un hombre negro en la Casa Blanca" no es el título de un nuevo juego de mesa de moda en Washington, sino un libro publicado en 1963 por E. Frederic Morrow, el primer hombre negro que llegó a convertirse en asesor presidencial.

Hasta su nombramiento, a mediados de la década de los 50, los empleados negros de la Casa Blanca circulaban por sus pasillos con impecables toallas blancas en sus brazos o cargando trapos para limpiar.

Morrow, un exitoso relacionista público, llegó con la intención de contribuir a dar forma a las políticas del gobierno, aunque su jefe, el presidente Dwight D. Eisenhower, no tomó demasiado en cuenta sus sugerencias.

El ex general buscaba atraer el apoyo de la población negra en los estados clave del norte -después de todo, los republicanos eran el partido de Abraham Lincoln- y Morrow fue convocado sólo para cumplir una función ornamental.

La alegría de Morrow por haber sido el primer negro en el gobierno sólo puede equipararse con la repugnancia que provocó en sus nuevos compañeros de trabajo.

Asistentes blancos se negaron a trabajar con él, mientras que se le prohibió quedarse a solas con cualquier empleada mujer, para evitar que se le ocurriera "molestarla".

Cincuenta años más tarde, el senador Barack Obama tiene la posibilidad -real- de convertirse en el ocupante, con quien quiera que elija, tanto del Despacho Oval como de la Residencia Ejecutiva de la Casa Blanca.

Rechazo

Antes de la era de los derechos civiles, Washington D.C. era un una ciudad que no acogía de buen agrado a los residentes y visitantes negros.

Los "Jinetes de la Libertad" en una estación de autobuses de Montgomery, Alabama, 1961
Cuando Obama nació, la segregación era la norma en los estados del sur.
Para los pasajeros negros que viajaban del norte al sur, la Union Station en Washington era el punto en el que debían cambiar de un autobús en el que viajaban mezclados blancos y negros a otro en el que viajaban segregados.

Para los diplomáticos africanos era difícil aceptar un cargo en esa ciudad, dado lo complicado que era -por su condición de negros- conseguir una buena casa para alquilar.

Incluso los congresistas negros, predecesores de Obama, debieron pasar por situaciones similares.

Otro ejemplo: por un código de conducta tácito, los legisladores negros -sólo había dos en 1945 comparados con los 41 que existen hoy en día- no podían utilizar las peluquerías del Congreso ni las piscinas.

También se les prohibía a los periodistas negros ingresar en la galería de prensa. No en vano el Congreso era considerado como el único lugar en Estados Unidos en donde el sur no había perdido la guerra civil.

Barack Obama nació en el verano de 1961, año en que los famosos "Jinetes de la libertad" se toparon con la fuerza bruta del racismo del sur, cuando intentaron acabar con la segregación en las terminales de los autobuses "Dixie".

Pero él no nació en los estados de la Vieja Confederación, donde surgió la lucha por los derechos civiles, sino en Hawai. Sus padres eran de Kenia y Kansas y su padrastro indonesio, de ahí que su educación primaria tuvo lugar en Yakarta.

Su adolescencia se caracterizó por la búsqueda de su identidad más que por la lucha por la igualdad. Y mediante el uso -y abuso- del alcohol, la marihuana y la cocaína, Barack Obama encontró la forma "de empujar esas preguntas fuera de mi mente", como confesó en sus memorias publicadas en 1995.

Credenciales

Martin Luther King Jr., E. Frederic Morrow, Presidente Eisenhower, A. Philllip Randolph.  23 de junio de 1958
Morrow (en el fondo) era tratado con desconfianza en la Casa Blanca.
La verdadera identidad de Obama continúa siendo un enigma. El cliché explotado por su campaña dice que Obama es un africano y un americano, pero no un auténtico afroamericano.

Obama hizo trabajo comunitario en los 80 ayudando a los menos privilegiados en Chicago, muchos de los cuales eran negros.

Pero sus credenciales en cuanto a derechos civiles son un tanto débiles en comparación con otros legisladores negros, como por ejemplo el congresista John Lewis, un veterano de los "Jinetes de la Libertad" y del Domingo Sangriento en Selma, en 1965, cuando los defensores de los derechos civiles fueron golpeados salvajemente por la policía.

Por eso la aparición -muy publicitada por cierto- de Obama en la marcha para conmemorar el 42º aniversario del Domingo Sangriento, parecía más un intento por mejorar su imagen, e incluso rectificarla.

Al sumarse a Lewis y otras leyendas de la lucha por los derechos civiles, Obama trató de aplicar la estrategia de asociación con el fin de desviar el apoyo de los negros a Hillary Clinton, la esposa de un político a quien la novelista Toni Morrison describió alguna vez como el "primer presidente negro" de EE.UU.

Ironía histórica

Pero como Obama bien sabe, pegarse demasiado a la lucha por los derechos civiles tiene sus inconvenientes.

Barack Obama y Bill Clinton
Muchos consideran a Clinton el primer "presidente negro" de EE.UU.
Conocido antaño como el "Sur Sólidamente Democrático", los estados de la Vieja Confederación se tornaron rápidamente un bastión de los republicanos después de las reformas a los derechos civiles de los 60, que pusieron coto a los resabios de la discriminación racial.

Desde que se aprobó la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la Ley de Derecho al Voto de 1965, todos los presidentes han sido sureños: Lyndon Johnson, Jimmy Carter, Bill Clinton, y -sus contrariados simpatizantes dirían que también- Al Gore.

Dadas las peculiaridades del Colegio Electoral, los candidatos presidenciales exitosos necesitan ganar estados en el sur. Y, en el lado demócrata, sólo los sureños moderados han probado ser buenos en esto.

Es por eso que la ironía histórica es que para convertirse en "Un hombre negro en la Casa Blanca", Barack Obama tendrá que conseguir el apoyo de los blancos en el sur.

En este sentido, el desafío que se le plantea evoca el título de otro libro, que le es más afín: su más reciente autobiografía: "La audacia de la esperanza".



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