Manifestantes en Beirut exigen un acuerdo por parte de los rivales políticos.
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Las conversaciones para poner fin a la crisis política en Líbano finalizaron con un acuerdo, anunciaron los negociadores reunidos en Qatar.
Mediadores árabes dialogaron durante cinco días con el fin de reconciliar al gobierno libanés, apoyado por Occidente, y a la oposición, liderada por la organización Hezbolá que, según analistas, tiene el respaldo de Irán.
Reacciones desde Beirut
La profunda división en Líbano desencadenó una crisis de 18 meses que estuvo a punto de generar una nueva guerra civil.
Un bloqueo político en el parlamento mantiene al país sin presidente desde noviembre del año pasado.
Batallas callejeras
El anuncio vino luego de que ambas partes acordaron la creación de una ley para las elecciones parlamentarias del próximo año y la conformación de un gabinete, con poderes compartidos, que permitirá la elección de un nuevo mandatario.
Según los parlamentarios de oposición se podría votar por un presidente esta semana.
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El diputado de oposición, Ali Hasan Khalil, dijo que esperaba que el voto parlamentario para elegir al mandatario tenga lugar este jueves o viernes.
Los grupos rivales acordaron el año pasado escoger al comandante del ejército, general Michel Suleiman, para suceder al presidente pro-sirio, Emile Lahoud, sin embargo las diferencias en otros aspectos retrasaron el voto.
Líbano vive una crisis política desde fines de 2006 cuando la oposición liderada por Hezbolá abandonó el gabinete nacional de coalición exigiendo mayores poderes y la posibilidad de vetar las decisiones gubernamentales.
De acuerdo al corresponsal de la BBC en Beirut, Jim Muir, Hezbolá habría conseguido su demanda de asientos en el parlamento para mantener el poder de veto.
La crisis explotó este mes con batallas en las calles de Beirut entre grupos armados de ambas facciones dejando al menos 65 muertos.
El intento por parte del gobierno de intervenir una red telefónica privada de Hezbolá y de reasignar al jefe de seguridad del aeropuerto de la capital desencadenó la peor violencia en Líbano desde la guerra civil ocurrida entre 1975 y 1990.