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Lunes, 19 de mayo de 2008 - 14:22 GMT
Sismo se lleva una generación
Daniel Griffiths
BBC

Tarjetas de identidad de colegiales chinos
Tantas vidas esperando ser vividas... Toda esa posibilidad, todo ese potencial se perdió
Una semana después del terremoto, China aún no sabe con exactitud cuantos niños perdió. Pero cada día se siente con más fuerza cuán profunda es la tragedia en un país en el que las familias están reducidas a su mínima expresión.

China inició la política del hijo único a finales de los años '70 para frenar los problemas de superpoblación en el país. Con la muerte de tantos jóvenes, los padres se quedaron solos y las comunidades perdieron una generación.

El corresponsal de la BBC, Daniel Griffiths, compartió el dolor de un pueblo en la provincia de Sichuan.


Los tableros de basquetbol en el patio de juegos del colegio Juyuan todavía estaban erguidos cuando yo llegué, evidencia de otra época, aquella previa al terremoto.

Pero en vez de niños jugando en las canchas, lo que había eran socorristas con tapabocas, policías en uniformes azules y botas de caucho, soldados y familiares compungidos. Una multitud apeñuscada en ese patio embarrado.

Patio de juegos
Los tableros de basquetbol sobrevivieron el sismo, pero por ahora no hay quién juegue.
En una esquina había un toldo con rayas rojas, azules y blancas. Debajo, los cuerpos de los niños que ya habían encontrado en la destrucción.

Toda la atención estaba dirigida a una montaña de escombros, concreto y metal retorcido que antes fue el edificio de la escuela.

Grandes grúas amarillas levantaban lentamente pedazos de paredes mientras que equipos de socorristas y médicos revisaban los deshechos, quizás esperando oír un grito o ver algún movimiento.

Pero nada.

Tantas vidas esperando ser vividas. Quizás habrían sido doctores, o profesores, o campesinos. Esposos o esposas, padres. Todas esas posibilidades, todo ese potencial se perdió.

Pidiendo ayuda

En la carpa donde guardan los cadáveres.
En una esquina había un toldo con rayas rojas, azules y blancas. Debajo, los cuerpos de los niños que ya habían encontrado en la destrucción
El señor y la señora Fu están aquí para consolar a un familiar cuyo hijo de 16 años aún no ha sido encontrado. Era su único hijo.

Su madre no ha dormido desde el terremoto. La encontré sentada con otros padres en el patio de juegos. No ha perdido la esperanza.

"Uno puede oír a gente pidiendo ayuda ahí abajo -dice- pero no hay manera de llegar a ellos".

A lo largo del día, los socorristas han seguido sacando cuerpos sin vida de niños.

De tanto en tanto, se escucha el estruendo de fuegos artificiales.

Tradicionalmente son usados en ocasiones alegres, como bodas o el año nuevo chino, pero ahora se prenden cada vez que encuentran otro cadáver.

El sonido de la felicidad se ha convertido en el sonido del dolor.

Tragedia doble

Una señora de unos 50 años de edad se me acercó para decirme que "todos esos niños eran hijos únicos".

Duelo por los muertos
Todos esos niños eran hijos únicos
Señora en el colegio de Juyuan
"Es que, en China, a la mayoría de nosotros nos dicen que sólo podemos tener un niño. Ellos no tienen hermanos o hermanas".

Una tragedia doble.

Juyuan enfrenta la perspectiva de una generación perdida. Y ésta no es la única escuela que colapsó. Hay muchas más.

El gobierno ordenó que se investigue si estaban mal construidas y, de ser así, prometió castigar a los responsables.

Pero eso no le devolverá a los padres los hijos que ya perdieron.

Cuando me fui ya era de noche, pero el patio del colegio seguía lleno de gente. Tanto los padres como los socorristas se disponían a pasar otra noche en la intemperie, con la esperanza desesperanzada de encontrar al menos a un niño vivo.



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