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Miércoles, 14 de mayo de 2008 - 11:22 GMT
Clinton desafiante
Jamie Coomarasamy
BBC, West Virginia

Hillary Clinton habla luego de su triunfo
Hillary Clinton mostró un tono de desafío en su discurso.
El contraste no pudo haber sido más grande. Hace una semana, en Indianápolis, había visto cómo la fiesta victoriosa de Hillary Clinton llegaba a su fin, bastante antes de que se confirmara oficialmente su triunfo por estrecho margen en esa noche de las primarias demócratas en Indiana.

Ahora en Charleston, West Virginia, la mayoría de los simpatizantes de Clinton aún estaban haciendo fila fuera del Civic Center, cuando el resultado se anunció en las agencias noticiosas estadounidenses.

Si la victoria de la semana pasada fue un chirrido, la de esta semana fue todo un estruendo: una victoria de dos a uno sobre Barack Obama en un estado en el que -como la senadora Clinton estuvo recordando con frecuencia a sus seguidores- ningún candidato demócrata que haya ganado la Casa Blanca ha perdido en casi un siglo. Y eso incluye, por supuesto, a su esposo, Bill.

En su discurso victorioso el tono fue más desafiante que el que mostró en Indianápolis, la semana pasada.

Parada sola en el estrado, Clinton usó el tipo de metáforas que podrían esperarse en un estado montañoso. La gente de West Virginia, dijo, sabe de "los duros caminos que llevan a lo más alto de la montaña".

Los que dicen no

Y dejó clara su intención de seguir en la contienda de las primarias hasta que el último voto se decida, no sólo porque se lo debe a sus millones de seguidores en todo el país, sino, más importante, porque todavía cree que posee la candidatura más fuerte, y la que, entre los demócratas, está mejor posicionada para ganar los estados cruciales en la elección general de noviembre.

Simpatizante de Hillary Clinton
Clinton dijo que seguir en la contienda es una deuda hacia sus simpatizantes.
Al criticar a quienes llamó "los expertos y a los que dicen no", que habían pronunciado la muerte de su campaña después de los resultados de la semana pasada, estaba dirigiendo sus comentarios, aparentemente de manera más explícita que antes, a aquellos superdelegados no comprometidos, los funcionarios del partido cuyo voto decidirá la nominación.

Los llamó a ejercitar su "tremenda responsabilidad" cuidadosamente, para sopesar cuál de los dos candidatos estaba mejor preparado para ganar la elección general.

¿Puede Clinton convencer a suficientes de estos superdelegados para que la apoyen públicamente, o incluso para que dejen el campo de Barack Obama?

Sus victorias en las recientes primarias en Ohio, Pensilvania e Indiana no han logrado ese objetivo, y ése, como admitió su jefe de campaña, Terry McCauliffe, es su único camino realista hacia la victoria.

Superapoyo

De hecho, Clinton ha seguido perdiendo el apoyo de esos superdelegados cruciales en las últimas semanas. Esto ha llevado a algunas figuras supuestamente neutrales en el partido a comenzar a referirse a Barack Obama como el demócrata "probable nominado".

Barack Obama
Observadores han empezado a referirse a Obama como el "probable nominado".
Pero West Virginia suministró un buen ejemplo de uno de los obstáculos que el senador de Illinois enfrentará si deja de ser el casi presunto nominado de su partido y se convierte en su candidato oficial.

En el pueblo minero de Logan, donde la senadora Clinton realizó una de sus últimas paradas de campaña antes del día de la elección, votantes demócratas expresaron abiertamente su desgana para votar por un afro-americano.

Varios dicen que, si Hillary Clinton pierde las primarias, podrían cambiar su preferencia hacia el candidato republicano John McCain.

Las encuestas a boca de urna parecen confirmar esa tendencia. Alrededor de un quinto de los votantes demócratas en el estado, predominantemente blancos, admitieron que el tema de la raza ha jugado un papel en su elección de candidato. Casi en ningún otro estado se había registrado una cifra más alta.

Por supuesto, es difícil decir cuántos de esos votantes realmente romperán con las tradiciones demócratas de generaciones y favorecerán a McCain en noviembre, pero es seguro asumir que algunos lo harán.

Entre ellos, supongo, estarán Hale, una mujer de 77 años, quien me dijo en Logan que no le gustaba la "fe musulmana" de Obama, y Eugene, quien mencionó casualmente, mientras se sentaba en la peluquería, que su padre no quería negros en su casa, y menos en la Casa Blanca.



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