Es el segundo viaje de Bush a Israel en lo que va del año.
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El Presidente de Estados Unidos George W. Bush inició este miércoles una visita oficial a Israel, la segunda en cuatro meses, con lo que sienta un record sin precedentes.
Si bien está claro que las negociaciones entre Israel y los palestinos serán uno de los temas a tratar , la visita en cuestión no es de trabajo sino, más que nada, de cortesía: Bush llega a Israel con motivo del sexagésimo aniversario de la independencia de ese estado.
La relación entre Estados Unidos e Israel es de gran cercanía y la presencia de Bush en el país, tan poco después de su viaje anterior, es vista aquí como una señal justamente de amistad.
Bush declaró en una entrevista previa al viaje, que concediera a periodistas israelíes destacados en Washington, que no viene a "imponer" ninguna fórmula a israelíes y palestinos, sino a "alentar" a las partes a avanzar hacia un acuerdo.
Fragilidad
Pero la sensación en el terreno es que difícilmente pueda ocurrir algo dramático por presiones de Bush en este momento, no sólo porque él se acerca al final de su mandato, sino por la fragilidad de sus interlocutores.
Es que el presidente de Estados Unidos arribó a la zona en un momento de crisis para el primer ministro de Israel, Ehud Olmert.
Mahmoud Abbas también está en una situación de debilidad política.
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La policía israelí amplió el lunes la investigación en su contra por sospecha de corrupción, allanando oficinas en el Ministerio de Comercio e Industria del que él fuera titular años atrás, requisando documentos supuestamente vinculados a la investigación en curso.
Bush fue cuestionado por los cronistas israelíes sobre la situación.
Estos, mencionando la investigación a Olmert y la ya conocida debilidad del presidente palestino Mahmud Abbas, preguntaron si acaso cree que, con esta situación de fondo, todavía es probable concretar el sueño de un acuerdo palestino-israelí antes de fin de año.
"Esto no es un plan de Olmert. Es el plan de un gobierno", recalcó Bush, en lo que podría interpretarse como una aclaración de que, inclusive si Olmert no está, no tiene por qué terminarse todo.
Y pasó a mencionar alternativas, que algunos analistas ya tomaron como indicaciones de posibles sucesores del premier israelí: "Tsipi Livni está conduciendo las negociaciones... Barak está involucrado. Y también del lado palestino participa más de una persona".
El objetivo de la visita es honrar a Israel en sus 60 años de independencia.
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De todos modos, aunque el declarado objetivo de la visita del mandatario estadounidense es honrar a Israel en las celebraciones por sus 60 años de independencia, Bush y Olmert harán un esfuerzo por destacar que siguen trabajando.
El presidente de Estados Unidos no tiene intención alguna de que se le presente como quien ya no tiene qué hacer y Olmert está decidido a dejar en claro que puede seguir desempeñando sus funciones aún en medio de la investigación policial de la que es objeto.
Presión
En la opinión pública israelí, se multiplican sin embargo las voces de quienes sostienen que Olmert debe dimitir, sea por las serias sospechas en su contra como por considerar que en la situación actual no puede ejercer debidamente la acción de gobierno.
Olmert ha aparecido en eventos públicos con aspecto agotado.
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Ha aparecido en eventos públicos con aspecto agotado y con evidentes dificultades para mantenerse despierto, lo cual nada le agrega a la imagen de seguridad que quiere irradiar.
De fondo, cabe recordar, está aún la seria situación que se vive en el sur del país por los disparos desde la Franja de Gaza, resurgiendo nuevamente la posibilidad de un amplio operativo militar contra Hamas en dicho territorio palestino.
Nadie parece tener aquí certeza de que un primer ministro cansado y bajo investigación policial, pueda aplicar el criterio deseado al tomar decisiones claves para la guerra y la paz...aunque cuente con el apoyo entusiasta de George W. Bush.