El ejército ha surgido como el árbitro entre las partes en conflicto.
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El ejército de Líbano ordenó el despliegue de fuerzas en la ciudad norteña de Trípoli para poner fin a violentos choques entre seguidores de Hezbolá y simpatizantes del gobierno.
En la noche del sábado los enfrentamientos cobraron tal intensidad con el uso de ametralladoras y morteros lanzagranadas que miles de personas comenzaron a huir de sus hogares.
Las primeras informaciones no confirmadas hablaban de al menos tres muertos.
Un oficial de seguridad que se negó a dar su nombre a la agencia de noticias AFP, dijo que los protagonistas de los choques eran simpatizantes sunitas del gobierno pro-occidental y miembros de la secta Alawita aliada de Hezbolá.
Agregó que estimaban en unas 7.000 las personas que escaparon de la violencia en el distrito Bab al-Tebbaneh de la ciudad.
Calma en Beirut
Algunas informaciones hablan de tres muertos en los violentos choques.
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La irrupción de violencia en Trípoli contrasta con el retorno a la calma en la capital libanesa, Beirut, tras cuatro días de sangrientas batallas campales en sus calles.
Más de 30 personas murieron en los combates entre bandos de simpatizantes de Hezbolá y del gobierno.
El sábado, Hezbolá había acordado el retiro de sus milicias de las calles del occidente de la ciudad -predominantemente musulmán- luego de que el ejército libanés revocara medidas gubernamentales contra el grupo.
Según el corresponsal de la BBC en Beirut, Jim Muir, con este paso, el ejército pasó a convertirse en virtual mediador entre el gobierno del primer ministro Fuad Siniora al que apoyan Washington y la familia saudita y la oposición del Hezbolá respaldada por Siria e Irán.
Crisis
La calma volvió a la ciudad tras la llegada del ejército.
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Precisamente la decisión de Siniora de declarar ilegal el sistema de comunicaciones de Hezbolá más la remoción del jefe de seguridad del aeropuerto de Beirut (supuesto simpatizante del Hezbolá) fueron el detonador de la violencia de la semana que concluye.
Según Muir, si la iniciativa del ejército puede restablecer la calma en las calles y reabrir el aeropuerto internacional de Beirut, se podrá ver un mecanismo para resolver el problema.
De todos modos, queda latente la situación de una de las peores crisis políticas en Líbano desde fines de la guerra civil.
La jefatura de Estado está acéfala desde fines de noviembre de 2007 ya que el parlamento sigue fracasando en su votación para designar al sucesor del presidente Emile Lahoud.
Sin embargo y paradójicamente, Muir destaca que las partes en conflicto coinciden en que ese cargo está destinado al actual jefe del ejército, el general Michel Suleiman.