Hezbolá expulsó a partidarios sunitas del gobierno del oeste de la capital.
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Miembros armados del grupo chiita Hezbolá tomaron el control del área occidental de Beirut y expulsaron a los simpatizantes sunitas del gobierno.
Los atacantes obligaron el cierre de los medios de comunicación pertenecientes al líder de la mayoría parlamentaria, Saad al-Hariri, así como de las oficinas del movimiento sunita oficialista.
Mientras tanto, los partidos de la oposición anunciaron que mantendrán el bloqueo de calles y carreteras alrededor de la capital hasta que se dé una solución a la crisis política.
Hasta el momento han muerto 11 personas -la mayoría civiles- y varias decenas han resultado heridas durante los tres últimos días de enfrentamientos.
Los choques iniciaron este miércoles cuando el gobierno decidió cerrar una extensa red de telecomunicaciones de Hezbolá.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas hizo un llamado a las partes para que detengan los combates en medio de temores de que se produzca una guerra civil.
Declaración de guerra
Nazarla condenó la decisión del gobierno, al considerarla "una declaración de guerra".
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El corresponsal de la BBC en Beirut, Jim Muir, informó de que los enfrentamientos del jueves estallaron pocos minutos después de que Nasrala apareciera en televisión acusando al gobierno libanés de declararle la guerra a su movimiento, cuya razón de ser es luchar contra Israel.
Según dijo, la única manera de superar la crisis actual es que el gobierno rescinda la decisión que tomó el lunes destinada a reducir el poder de Hezbolá.
Hasta el momento, el gobierno se ha rehusado pero el líder sunita, Hariri, declaró que la reacción de Hezbolá era el resultado de un "enorme malentendido", y se ofreció a dialogar para resolver la situación.
Apeló a Nasrala para que de un paso histórico para "salvar a Líbano del infierno".
Pero el canal de televisión de Hezbolá dijo que rechazaba la oferta y que la única solución aceptable era que el gobierno se retractara.
Así, indica Muir, el país ha quedado en medio del sonido de los disparos, y un temor muy real de que éste sea el principio de una guerra civil imparable.
Aliados silentes
El ejército libanés, por su parte, dio el inusual paso de advertir que si las partes no se controlaban y llegaban a un acuerdo, su propia unidad podría verse amenazada.
Se teme que la tensión política y sectaria pueda provocar más violencia.
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Esa es la última esperanza de muchos libaneses para que el país se mantenga unido, según el corresponsal de la BBC.
Bajo presión, durante los 15 años de una guerra civil que empezó en 1975, el ejército se dividió siguiendo las líneas sectarias.
Durante los últimos 18 meses, en los que la crisis actual se ha ido recrudeciendo, la cooperación de Arabia Saudita e Irán ha apaciguado a las partes.
Los sauditas tienen lazos con los sunitas y el gobierno de Beirut mientras que Irán los tiene con Hezbolá y los chiitas.
Pero sus propias relaciones mutuas están en este momento pasando por un período difícil, y no hay indicios de una intervención decisiva de estos influyentes poderes foráneos para calmar la situación, señala Muir.