Las víctimas inmediatas del atentado perpetrado este miércoles por radicales palestinos contra la terminal de Najal Oz, del lado israelí de la frontera entre la Franja de Gaza e Israel, fueron dos civiles israelíes muertos y otros dos heridos. Pero en realidad, el precio lo pagan también los propios palestinos a los que los reivindicadores del ataque dicen representar.
Un tanque israelí maniobra a las afueras de la terminal de Najal Oz.
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Pero no sólo porque en los intentos israelíes de detener a los responsables, disparando desde el aire, habrían muerto -según fuentes palestinas- también civiles que no estaban involucrados.
El precio de los atentados lo paga la población palestina toda, porque a menudo -también en este último ataque- el blanco elegido es precisamente un sitio desde el que de hecho se presta servicios a la Franja de Gaza en general.
La terminal de Najal Oz, aledaña al Kibutz que lleva el mismo nombre, constituye un punto clave de abastecimiento de combustible a la Franja de Gaza.
Camiones de la compañía israelí "Dor Alon" -que ganó la licitación para este trabajo-, llegan cargados de combusible al lugar, se conectan a la tubería subterránea que pasa el combustible al lado palestino, y éste llega a destino.
Su funcionamiento no se ha interrumpido en ningún momento desde comienzos del año, tampoco en medio de los más difíciles momentos de la crisis entre Israel y Hamas, como la escalada del mes de febrero.
Energía
Cada semana Israel abastece en la terminal ahora atacada, 75.000 litros de benzina, 176.000 litros de diesel y 2.200.00 litros de diesel pesado para la planta eléctrica de Gaza.
Muchos ciudadanos palestinos son víctimas de los ataques perpretados por grupos radicales palestinos.
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En total, se trata de más de 112 millones de litros que han llegado a manos palestinas en Gaza -únicamente por la terminal de Najal Oz- desde que Hamas tomó el poder por la fuerza en la Franja de Gaza y a pesar de ello.
Pero el ataque a un sitio que sirve a los propios palestinos, no es un fenómeno nuevo. En repetidas ocasiones ha habido disparos de morteros y cohetes hacia pasajes fronterizos, por los que cruzan mercaderías o pasa gente: Erez, Sufa, Kisufim, Kerem Shalom y Karni.
Algunos de los ejemplos más recientes, son la caída de dos morteros en el pasaje de Sufa el 23 de marzo, la de dos cohetes Qassam muy cerca de la terminal Najal Oz el 18 de febrero, otros cinco al mismo sitio dos días antes.
También está el aterrizaje de un cohete Qassam en el puesto de Erez por el que salen de Gaza los enfermos en camino a tratamiento en Israel y también los representantes de las organizaciones humanitarias.
Ha habido también ataques directos, con células infiltradas, por ejemplo en la terminal de Karni-mucho mayor que la de Najal Oz-centro neurálgico del movimiento de mercaderías.
Cierre
Lo increíble del fenómeno es que los radicales saben de antemano, que al atacar sitios de este tipo, la reacción casi inmediata de Israel es clausurarlo por un tiempo, hasta confirmar dónde está la falla de seguridad.
El gran pasaje de Karni también cerró mucho tiempo y redujo considerablemente su horario de trabajo, por constantes advertencias de atentados en preparación. El lugar ya fue atacado, cuando palestinos volaron parte de la barrera separatoria entre los dos lados de la terminal.
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En los mejores tiempos de las relaciones, antes de la segunda intifada que estalló a fines del año 2000, aproximadamente 130.000 palestinos entraban diariamente a trabajar en Israel. La mayoría era de Cisjordania y aproximadamente 20.000 de la Franja de Gaza
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Los primeros perjudicados fueron los agricultores palestinos cuyos cultivos se arruinaron sin poder pasar a Israel y de allí a mercados también en el exterior.
Pero probablemente el más claro ejemplo de cómo los atentados perjudican a la propia población palestina, sea el cierre total de las fronteras al flujo de trabajadores palestinos en Israel.
En los mejores tiempos de las relaciones, antes de la segunda intifada que estalló a fines del año 2000, aproximadamente 130.000 palestinos entraban diariamente a trabajar en Israel. La mayoría era de Cisjordania y aproximadamente 20.000 de la Franja de Gaza.
Lo que ganaban en Israel era una importante fuente de sustento para numerosas bocas en una sociedad palestina compuesta por familias numerosas.
La recurrencia de los atentados cerró las fronteras, lo cual se agudizó mucho más aún desde el ascenso de Hamas al poder.
Hoy en día, 45.000 palestinos tienen permiso de trabajar en Israel (en estos días, se agregarán otros 3.000) , además de 1.500 empresarios.
Pero son todos de Cisjordania. Ninguno sale con permisos de trabajo , de la Franja de Gaza. El atentado de este miércoles en la terminal de combustible Najal Oz, no ayudará tampoco a aliviar la situación.