La guerra en Irak es uno de los principales temas de la campaña electoral en Estados Unidos. La posición de los candidatos ante el conflicto puede condicionar una cantidad muy importante de votos.
La aspirante demócrata, Hillary Clinton, votó a favor de la guerra, pero ahora ofrece un plan que incluye "retirar las tropas, reforzar la estabilidad en la región y reemplazar la fuerza militar con una iniciativa diplomática".
El virtual candidato republicano, John McCain, cree, por el contrario es que la solución es "reforzar la operación militar, tener un nuevo plan contra la insurgencia y avanzar en el terreno político en un ambiente de seguridad".
De los tres, el demócrata Barack Obama fue el único que se opuso a la guerra desde el principio. Su plan incluye "retirar las tropas, hacer presión para que se reconcilien los dirigentes iraquíes, reforzar la diplomacia regional y hacer una labor humanitaria".
Más allá de las estrategias de campaña y del resultado del conflicto, el próximo gobierno también tendrá que hacerse cargo de sus ciudadanos que hicieron la guerra y tratan de volver a encontrar un lugar en la sociedad. De ellos, más de un millón son hispanos.
Éstas son las historias de dos de ellos. Dean Sánchez, veterano de Irak, y Ruben De la Torres, veterano de Vietnam.
"Lo teníamos que hacer"
El infante de Marina Dean Sánchez estuvo entre los primeros soldados estadounidenses que entraron a Bagdad después de la caída de Saddam Hussein, en la primavera boreal de 2003. Su unidad estaba al lado de la que derribó la estatua del ex gobernante.
Después peleó también en la toma de Faluya, donde siguió combatiendo a pesar de estar herido en un hombro. Por esa acción le dieron el Corazón Púrpura, una de las condecoraciones más importantes de las fuerzas armadas estadounidenses.
"Cuando yo me enrolé, después del 11 de septiembre, ya tenía 24 años. Por lo tanto, tenía conciencia de lo que íbamos a hacer y de los que podía pasar allí", cuenta.
Hoy, de regreso en su Denver natal, Dean Sánchez vive en un apartamento de soltero, presta dinero para fianzas y está esperando a ingresar a la escuela de Derecho.
Sigue en contacto con sus antiguos compañeros de unidad, va al gimnasio con algunos de ellos y se siente completamente apoyado por la Infantería de Marina y por quienes fueron sus superiores.
De los veteranos que han tenido problemas para readaptarse o los que critican a Estados Unidos piensa que fueron a la guerra demasiado jóvenes y que no esperaban ver las cosas que vieron. "Hay gente que está hecha para ir a la guerra y hay gente que no", reflexiona.
- ¿Este país ha aprendido a tratar a los veteranos de guerra?, le preguntamos.
- Definitivamente, responde.
"Una bomba de tiempo"
Aunque la mayoría de los veteranos logra readaptarse a la vida civil, John Parvensky, director de la Coalición de Personas sin Hogar de Colorado, le dijo a BBC Mundo que, generalmente, los traumas de la guerra tardan varios años en manifestarse.
Parvensky admite que en este momento existe un buen sistema de apoyo para los veteranos, "pero a medida que pasa el tiempo, el gobierno empieza a olvidarse de ellos y ahí es cuando empiezan los problemas", le explica a BBC Mundo.
Explica que el proceso toma tiempo y que los veteranos que empiezan a consumir alcohol y drogas o tienen problemas mentales entren en un proceso de deterioro que puede durar años.
"Es una bomba de tiempo. Ahora la mayoría de los veteranos sin hogar son los que estuvieron en Vietnam, pero con el paso del tiempo, vamos a ver más veteranos de Irak y de Afganistán viviendo en las calles", sostiene Parvensky.
"Tengo suficientes pesadillas"
Rubén de la Torres es veterano de Vietnam. Desde hace tres meses comparte un cuarto con otras dos personas en una casa para personas sin hogar, en suroeste de la ciudad de Denver.
También resultó herido durante sus años como militar, pero no en combate. Cayó desde casi diez metros de altura cuando él y sus compañeros de unidad cruzaban un desfiladero en Vietnam.
El accidente le provocó una lesión permanente en la espalda, que después le afectó el nervio ciático y lo incapacitó durante mucho tiempo. La discapacidad se sumó a los traumas que le dejó una guerra para la que no estaba preparado.
"En Vietnam hacías lo que tenías que hacer para sobrevivir. A mí, por suerte, no me tocó estar con los que iban de pueblo en pueblo sin saber si las personas que encontraban eran amigas o enemigas. Menos mal, porque ya tengo suficientes pesadillas", cuenta.
Agrega que, a lo largo de los años fue sintiendo que quería estar en otro lugar, fuera de Estados Unidos. "Cuando ves el mundo regular y piensas en cosas que hiciste o viste, te das cuenta de que algo no está bien", dice.
Recuerda, además, que la actitud ante la guerra era diferente a la de ahora. Cuando regresó del frente, una muchacha se le acercó y le escupió en la cara. "Ahora hasta la gente que está contra la guerra apoya a los soldados".
Durante mucho tiempo, Ruben no compartió sus experiencias y ni siquiera le contó a nadie que había estado sirviendo en el frente. "Y cuando suprimes las emociones tanto tiempo, de algún modo te pasan factura".