El Dalai Lama dijo que el número de muertos puede llegar a 100.
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El Dalai Lama dijo que teme que habrá más muertes en Tibet a menos que Pekín cambie su política hacia la región controlada por China.
El líder espiritual tibetano dijo a la BBC que tiene una "grave preocupación" por las protestas trágicas en la ciudad de Lhasa.
Pero enfatizó que todavía apoya la realización de los Juegos Olímpicos de Pekín en agosto.
El domingo se reportó que Lhasa, la principal ciudad de Tibet, está calma y con una fuerte presencia de agentes de seguridad chinos.
El Dalai Lama comentó a la BBC que había recibido informes diciendo que el número de muertes puede haber llegado a 100, pero dijo que la cifra no podía ser verificada.
La agencia oficial de noticias china, Xinhua, informa que 10 personas murieron en los enfrentamientos, incluyendo a comerciantes que según la agencia fueron "quemados vivos".
El domingo, los comercios permanecen cerrados, las calles vacías y, de acuerdo a los locales, impera el toque de queda.
El Dalai Lama dijo a la BBC que los Juegos son una oportunidad para los chinos de mostrar su apoyo al principio de libertad.
Los manifestantes, que el viernes prendieron fuego a comercios de propietarios chinos y arrojaron piedras a la policía, fueron confinados por las fuerzas de seguridad a un área del viejo pueblo.
Testigos aseguran que en Lhasa hay puestos de seguridad militares, con vehículos y patrulleros armados patrullando las calles.
Reacción internacional
La secretaria de Estado de Estados Unidos, Condoleezza Rice, exhortó el sábado a China a "ejercitar la restricción" cuando tenga que lidiar con protestas.
Los manifestantes arrojaron piedras y quemaron edificios en Lhasa.
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Hubo demostraciones pro-Tibet en Nepal, Nueva York, Australia y varias ciudades europeas.
Un periodista británico dijo que la policía usó gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes que violaban el toque de queda.
Las autoridades en Tibet instaron a los manifestantes a entregarse en la medianoche del lunes, prometiéndoles indulgencia a aquellos que se rindan.
Analistas dicen que lo último que China quiere es un derramamiento de sangre que empañe su imagen antes de las Olimpíadas de agosto, pero que, al mismo tiempo, no puede mostrar debilidad ante los manifestantes.
Muchos tibetanos alegan que su cultura ha sido barrida por Pekín y resienten el asentamiento de chinos en Tibet.
Por su lado, China afirma que Tibet fue siempre parte de su territorio, a pesar de que gozó de largos períodos de autonomía antes del siglo XX.