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Viernes, 29 de febrero de 2008 - 10:55 GMT
¿Y quién mandará en el Kremlin?
Carolina Robino
Carolina Robino
Enviada especial de BBC Mundo a Moscú

En Smolenks, Rusia, dos mujeres hablan bajo la mirada de Medvedev y Putin.

Putin y Medvedev van a cenar un restaurante.

Putin pide un bistec.

El camarero le pregunta: ¿Y el vegetal?

Putin contesta: "El vegetal también quiere bistec".

Ésta, una de las muchas bromas políticas que se escuchan en Moscú en estos días, refleja con bastante exactitud el dilema que se vive en Rusia con cara a las elecciones de este domingo. ¿Quién llevará las riendas del país cuando, si no hay sorpresas, Dmitri Medvedev asuma la Presidencia y Vladimir Putin se convierta en su primer ministro?

En público y frente a la prensa, los dos afirman que es un pacto natural y que trabajarán unidos por el bien de Rusia y sus habitantes, que combatirán la corrupción, mejorarán la educación, la salud, la vivienda, las condiciones laborales y los servicios sociales.

 Sin campaña en las calles

Pero las especulaciones están a la orden del día. Putin ha sido definido como un mandatario pragmático, disciplinado y agudo, al que no le ha temblado la mano a la hora de enfrentarse a sus enemigos, llámense empresarios, políticos o periodistas.

Putin y Medvedev en muñecas rusas.
Aunque no hay mucha evidencia de campaña, las imágenes Medvedev y Putin no faltan.
Con nervios de acero ha cerrado medios de comunicación, encarcelado a millonarios y acosado a partidos políticos. Todo en nombre de la estabilidad.

Y es una opción que, para el desconsuelo de sus críticos, le ha dado resultados. Su autoridad es adorada por las masas. Tras ocho años en el gobierno su popularidad bordea el 80% según las últimas encuestas. Una cifra que provoca envidia en muchos líderes mundiales.

No resulta fácil imaginarlo echándose a un lado para que otro se convierta en líder supremo y padre de la nueva patria de la que en muchos sentidos se considera fundador.

Durmiendo con el enemigo

La imagen de Medvedev, en cambio, es al menos por el momento mucho más ambigua. Se le alaban sus dotes de administrador y se dice que es más conciliador, liberal y democrático que el actual mandatario. Pero también menos carismático, sofisticado y decidido.

Hay quienes afirman que Putin lo eligió precisamente por esa supuesta debilidad y que una vez instalado como primer ministro seguirá dando órdenes como si fuese todavía el presidente. Quizás -insinúan- podría intentar reformar la Constitución para traspasar más poder a su oficina.

Caricatura de Medvedev y Putin.
Algunos medios rusos han recurrido a la sátira.
Las teorías más conspirativas apuntan a lo siguiente: Medvedev toma el control del Kremlin y tras un periodo razonable renuncia dejando en el cargo a su primer ministro.

Vladimir Putin asumiría la presidencia interinamente, tal como lo hizo a fines de 1999 cuando el entonces mandatario Boris Yeltsin renunció y él se transformó en "el salvador" de una nación golpeada por el hambre y el fantasma de la desintegración. Luego podría volver a ser candidato.

Incluso se ha hablado de celos. En febrero, en su última conferencia anual con la prensa, le preguntaron si iba a colgar el retrato del presidente en su oficina de primer ministro.

"No", contestó sin pestañear.

Los periodistas lo tomaron como una broma, aunque aquí es un secreto a voces que en Putin no abunda el sentido del humor.

Otra teoría dice que el equilibrio de poder dentro del Kremlin es tan delicado y las facciones enfrentadas tan poderosas que Putin, a pesar de que deseaba irse -con su popularidad pudo haber cambiado la Constitución para aspirar a un tercer mandato-, debió ceder y quedarse como primer ministro para mantener el status quo.

La guerra y la paz

Las anteriores, es cierto, son las posiciones más extremas. La mayoría de los politólogos se inclinan, sin embargo, por la línea de la conciliación.

Putin y Medvedev se conocen desde hace 17 años y han trabajado juntos durante mucho tiempo, siempre observando una gran lealtad. Hasta donde se sabe tienen principios similares y una forma parecida de trabajar.

Si hubiese un conflicto entre ambos -y no tiene por qué haberlo, dicen- los dos respetarían la tradición que señala que manda quien está en el Kremlin, es decir, el presidente.

Medvedev y Putin.
¿Quién llevará las riendas del país?
Él es la máxima institución del país. No es solamente es el jefe de Estado, sino el que delinea las políticas del gobierno. Puede vetar leyes, sugiere el nombre del primer ministro y nombra a las autoridades provinciales. Está a cargo de las relaciones exteriores y la defensa. Las tareas del premier, en cambio, son más bien ejecutoras.

Pero todo esto es teórico. En la práctica -y en esto hay consenso- Medvedev sólo mostrará su verdadero rostro una vez que esté instalado en el Kremlin.

Quienes lo conocen de cerca afirman que tiene la ambición y la vanidad necesarias para imponerse no sólo ante Putin, sino ante un grupo que puede resultar más peligroso: los llamados siloviks o "hombres duros", ex funcionarios de la KGB que ven su ascenso como una posible amenaza a sus intereses. Putin era uno de los suyos, Medvedev no, nunca perteneció a los servicios secretos.

Llegado el momento ¿podrá doblegarlos? Ya se verá. Sólo cuando asuma la presidencia se sabrá si es el vegetal del chiste o un tigre con garras suficientes para defender su territorio.



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