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Miércoles, 30 de enero de 2008 - 12:39 GMT
Una jugada que le costó caro a Giuliani
Kevin Connolly
BBC, Orlando

Rudy Giuliani se dirige a sus simpatizantes el martes por la noche
Se espera que Giuliani dé un paso al costado y vuelque su caudal político a las arcas de McCain.
El paraíso turístico de Orlando es un destino de fantasía donde los sueños se tejen con luces láser que se proyectan sobre la oscura noche tropical desde miles de parques temáticos y distintas atracciones.

También es un lugar cruel donde los sueños pueden volverse añicos, como podrá confirmarle a cualquiera Rudy Giuliani.

El ex alcalde de Nueva York escogió uno de los hoteles más despampanantes y lujosos para su encuentro post-primarias, y esperaba celebrar allí su victoria en Florida.

En cambio, se vio obligado a animar una suerte de funeral político, en el que sus llorosos seguidores aplaudieron una vez más su discurso pero partieron desconsolados, preguntándose dónde fue que las cosas salieron mal.

Siempre se supo que la estrategia de Giuliani de concentrar sus esfuerzos, energías y fondos a las primarias del primer gran estado sólo podía ser dos cosas: una inspiración de genialidad política que reescribiría el libro de las reglas sobre cómo lanzarse a la presidencia en EE.UU., o un acto de locura que provocaría la derrota del líder republicano.

Ahora sabemos cuál de las dos resultó cierta.

Cuando subió al estrado, Giuliani hizo una pausa en reconocimiento a los gritos entusiastas del público. Una mujer gritó apasionada: "¡Esto aún no ha terminado!".

Aunque en el rostro del candidato brilló brevemente el entusiasmo, él ya sabía que era el fin, y también lo sabía su gente.

Alcalde de EE.UU.

Giuliani habló bien, quizá por estar ya exento de las presiones asociadas a la carrera electoral, y no contar con verdaderas posibilidades de ganar.

Giuliani en campaña
Giuliani no fue capaz de anunciar desde el estrado que abandonaba el sueño de ser "alcalde de EE.UU.".

Reiteró los temas que fueron el pan de cada día en su candidatura: la reducción de impuestos y la "importancia histórica" de la guerra contra el terrorismo.

En una de sus pausas la mujer que había gritado anteriormente volvió al ruedo: "¡Se arrepentirán!", a lo que Giuliani contestó con gracia: "Me recuerdas a mi madre".

Si hubiera aparecido tan tranquilo y relajado en la campaña como lucía el martes -conciente ya de que debe dar un paso al costado-, quizá le hubiera ido un poco mejor. Pero nunca se sabrá.

El hombre que una vez fue presentado como el "alcalde de EE.UU." no fue capaz de anunciar desde el estrado que abandonaba la carrera por la presidencia, pero nadie dudaba que su campaña se acabó.

Lanzarse a la presidencia en EE.UU. es un negocio costoso, y los chismes decían que Giuliani se gastaba hasta US$1 millón por semana en publicidad televisiva, sólo en Florida.

Eso es la política republicana. Cualquier aspirante a presidente por este partido debe presentar a una familia, y sólidas credenciales de estabilidad. Giuliani no las tenía

Súmesele a esto los costos de los aviones chárter, el alquiler de las oficinas y el salario de asesores y personal, y se entiende mejor por qué hasta los giulianistas más convencidos estaban seguros de que su candidato está acabado.

Los costos de una pelea por el Super Martes serían los de Florida multiplicados por diez, o más, y nadie seguirá enviando dinero a la campaña de un hombre que salió tercero en el estado donde pasó cerca de 50 días de gira.

¿Un legado exagerado?

Coincidieron conmigo los simpatizantes con quienes conversé a la salida del hotel, cuyas alfombras estaban tapizadas de afiches que rezaban "Florida, territorio de Rudy".

Giuliani en New Hampshire
Ahora Giuliani aparecerá en los libros de ciencias políticas bajo el título de "Cómo no hacerlo".

Rudy, dijeron, era un líder que demostró personalidad al guiar a Nueva York tras los ataques del 11 de septiembre. Ninguno de los otros candidatos lo hubiera igualado, ni siquiera John McCain, aseguraron.

Y paradójicamente, sus dos mayores cualidades permitían adivinar problemas que enfrentaría Giuliani al apostarlo todo por Florida.

Primero, su carácter. A muchos republicanos no les gustaban las actitudes de Giuliani en algunas cuestiones sociales como por ejemplo el aborto, y en más de un estado los republicanos me han dicho que su estilo de vida no les convence: mucho divorcio y la supuesta mala relación que mantiene con sus hijos.

¿Injusto?, quizás. Pero eso es la política conservadora. Cualquier aspirante a presidente por este partido debe presentar a una familia con cierto grado de estabilidad y convencionalismo. Giuliani no las tenía.

También es posible que él haya sobreestimado el legado de su gestión tras los ataques de 2001. Un demócrata parodió su estilo discursivo de la siguiente manera: "Sujeto, verbo, 11 de septiembre".

Esto no significa que se pusieran en duda sus cualidades de liderazgo, pero ocurrió que el tema central de la campaña pasaron a ser los temores de la clase media a la recesión económica.

Giuliani nunca sintonizó con esos miedos, a pesar de que hablaba con frecuencia de la necesidad de recortar impuestos y destacaba su labor al frente de la economía neoyorquina.

Ganadores y perdedores

Y sin embargo, al final de cuentas, la razón más simple es la más convincente.

John McCain festeja tras su victoria en Florida
La política en Estados Unidos es una lucha de gladiadores en la que hay perdedores y ganadores.

Giuliani pensó que podría prescindir de las nieves de Iowa y New Hampshire, dos estados donde no se planteaba ganar, y recuperar el terreno perdido en Florida.

Ahora aparecerá en los libros de ciencias políticas bajo el título de "Cómo no hacerlo".

Puede estar seguro de que todos los aspirantes a la presidencia de 2012 estarán en Iowa, y esto no es un gran legado para un hombre que ha invertido millones en su campaña.

La estrecha victoria de John McCain sobre Mitt Romney probablemente lo convierte en el republicano que lleva las de ganar, pero a Romney lo entusiasmará el poco margen, de forma que se puede esperar un Super Martes muy peleado.

Y de todas formas, de alguna extraña manera la del martes fue la noche de Giuliani. La política en Estados Unidos es una lucha de gladiadores en la que hay ganadores y perdedores, y el gran perdedor de 2008 ya tiene nombre.



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