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Viernes, 25 de enero de 2008 - 03:42 GMT
Comprar como si no hubiera un mañana
Matías Zibell
Matías Zibell
BBC Mundo, Rafah

Palestino bajo una torre de vigilancia
Había motocicletas como para organizar un campeonato mundial en la ciudad de Gaza (...) Tabaco como para enfermar de cáncer a todo Medio Oriente, cemento para levantar una nueva Torre de Babel y combustible para calentar, o quemar, todo el territorio.

Si el miércoles fue el día de la gente, el jueves fue el día de las mercaderías en la frontera que, temporalmente, no divide a la Franja de Gaza y Egipto.

Esta mañana (jueves), lo primero que uno notaba al llegar a la ciudad egipcia de Rafah era que, a pesar de que había la misma gente yendo y viniendo por las calles, llegar caminando a los sectores donde se habían roto las defensas de concreto y alambre costaba el doble.

Lo que obstaculizaba el paso eran todos los vehículos, desde camiones de carga hasta carretas empujadas por burros, que se dirigían hacia la Franja con todo lo que los palestinos habían comprado en las últimas horas.

Había motocicletas como para organizar un campeonato mundial en la ciudad de Gaza. Cabras que eran arreadas y luego arrojadas por arriba del muro como si fuera una nueva disciplina olímpica. Cuatro personas subiendo un camello con la misma técnica que habían utilizado minutos antes para pasar un burro.

 Sobre el muro caído

Tabaco como para enfermar de cáncer a todo Medio Oriente, cemento para levantar una nueva Torre de Babel y combustible para calentar, o quemar, todo el territorio.

De visita

"Algunos compran para revender, otros para almacenar porque no saben cuándo volverán a vivir como antes", me dijo un adolescente que no tenía muchas esperanzas de que la bonanza fuera a durar mucho.

Familia palestina
Muchos aprovecharon para visitar a su familia en Egipto.
Él había cruzado para encontrarse con su abuela, que vivía en la Rafah egipcia, y que había visto por última vez en el año 2005, cuando se produjo un episodio similar a éste que se extendió por una semana.

No fue el único que aprovechó la situación de excepción para visitar a su familia en Egipto. Otro andaba por ahí del brazo con su sobrino, al que no conocía y fue a conocer, 40 kilómetros mediante, a El Arish.

Los afectos cobraron la forma de una motocicleta para el joven que me pasó, sonriente, mientras caminaba por la Franja. Había gastado US$1.200 en cumplir su sueño. No era una de fabricación china que se consigue por US$350 en las calles egipcias y que también cruzaron el muro durante la jornada.

Pero las grandes estrellas del día fueron el cemento y el combustible.

Bolsas y bidones

En las gasolineras del lado egipcio, la cantidad de gasolina vendida obligó a olvidar las diferencias en el cambio entre shekels, la moneda israelí que se usa en la Franja, y libras egipcias.
Camino a El Arish
En peregrinación a El Arish, algunos palestinos caminaron 10 horas hasta llegar a destino.
El shekel y la libra se equipararon en un artificial 1 a 1, medida que se extendió a otros productos y que ha facilitado el intercambio comercial entre ávidos compradores y tenaces vendedores.

Aunque no pude averiguar cuánto costaba el litro de combustible en Gaza, un vendedor egipcio de cemento llamado Wisam me dijo que, mientras en El Arish se vendía la tonelada de cemento en 400 libras egipcias, los palestinos le habían dicho que del otro lado había llegado a 4.000 shekels.

Este vendedor egipcio reconoció que el precio del cemento ha subido levemente en el norte del Sinaí debido a una abultada demanda que a él lo beneficiaba, pero se quejó de que alimentos y tabaco también se han encarecido, afectando a visitantes y locales.

Un palestino también me contó que para él las cosas del lado egipcio seguían siendo baratas pero que algunos ya se estaban "haciendo los vivos" con los precios.

Compradores y vendedores piensan por igual que esta situación no se va a extender mucho más y quieren obtener el máximo beneficio. Mientras negocian, los camiones de la policía egipcia pasan disimuladamente con rollos de alambre de púa para reemplazar al que se ha roto.

Como en la ruleta, en algún momento se escuchará el grito de "no va más" y habrá que recoger las fichas de la mesa. Por ahora el casino sigue abierto.



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