Casi exactamente un año antes de que George W. Bush entregue las riendas del poder en Washington a quien resulte su sucesor, el mandatario se embarca en su primer viaje como presidente a Israel y los territorios palestinos.
Bush espera que una estrategia de tres puntos ayude a lograr ese elusivo acuerdo de paz.
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Bush dice que está optimista con su visita. La pregunta es -sin embargo-, ¿por qué hasta ahora?
Después de todo, éste es un presidente que, durante su tiempo en el cargo, ha hablado mucho de su compromiso con la creación de un Estado palestino independiente a lado de Israel.
¿Es éste simplemente el caso de un presidente impopular que busca desesperadamente establecer un legado?
En días recientes, el Bush ha dado una serie de entrevistas a diarios de Medio Oriente.
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Puedo asegurar que lo que luce bien en el papel en Washington, es menos convincente en las calles del mundo árabe
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Cuando el periódico israelí Yediot Ahronot le preguntó si veía una posibilidad de firmar un acuerdo de paz entre Israel y los Palestinos, respondió: "Sí, lo creo, antes de que termine. Yo soy un hombre optimista."
Presuntamente él quería decir antes de que entregara el cargo.
Creo que podríamos asumir que ése sería un legado suficiente.
Lo único es que uno puede apostar que casi nadie en Medio Oriente cree que eso ocurrirá realmente.
Estrategia de tres puntos
Entonces, ¿de dónde saca el presidente su optimismo?
Antes de su viaje, su asesor de seguridad nacional, Stephen Hadley, dijo a los periodistas que el presidente esperaba construir el acuerdo sobre los avances obtenidos en la reunión de Annapolis a finales del año pasado.
Bush busca que Abbas y Olmert logren una visión compartida de un futuro estado palestino.
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Esa reunión culminó básicamente con un acuerdo de los líderes israelíes y palestinos de continuar sus encuentros.
Desde entonces, los dirigentes no se han visto mucho.
Aún así, el presidente Bush espera que una estrategia de tres puntos pueda ayudar a lograr ese elusivo acuerdo de paz.
Primero, animando a ambos líderes a lograr una visión compartida de un futuro estado palestino.
Al mismo tiempo, ayudando a los palestinos a construir instituciones que funcionen para que puedan imponer ellos mismos la seguridad.
Y de paso, mejorar las relaciones árabe-israelíes en todo Medio Oriente.
Hadley dice que ésta es la culminación de un proceso en que el presidente ha venido ocupándose desde que llegó al cargo.
"[Él] ha estado trabajando de manera consistente y continua más de siete años para colocar en su lugar los 'los ladrillos de lo que ahora ofrece una oportunidad para la paz", dijo a los periodistas.
Sin embargo, en los últimos años ha sido difícil ver alguno de esos "ladrillos" en el terreno, en Medio Oriente.
Ayuda de Irán
Recuerdo una conversación con el jefe negociador palestino, Saeb Erekat´, en enero de 2005, poco después de que Mahmoud Abbas ganara la elección presidencial Palestina.
El temor a un Irán nuclear, es un punto que comparten líderes árabes e israelíes.
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El sucedía en el cargo a Yasser Arafat -un hombre con el que el presidente Bush no trabajaría.
Abbas era visto entonces como un moderado. Erekat me dijo que de inmediato la comunidad internacional tenía que "mostrar que apoyarían a las fuerzas moderadas".
Los tres líderes habían acordado que tratarían de suscribir un acuerdo de paz en 2008.
"¿Y si no los apoyan? pregunté.
"Ganará el extremismo".
Mahmoud Abbas no obtuvo el apoyo internacional que quería. Un año después, cubrí las elecciones que le dieron la victoria parlamentaria a Hamas.
De hecho, sólo muy recientemente Estados Unidos y otros países han aceptado plenamente a Abbas "como un hombre de paz", tal como lo proclama un eslogan popular.
Nunca es tarde
Aún así, más vale tarde que nunca, pudiera decirse. Y, además, Bush tiene ahora un punto enorme a su favor.
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En los países Arabes la gente le dirá que la "ideología de los terroristas" o "resistencia" -como muchos la llaman-, se nutre de las grandes injusticias que es lo primero que hay que resolver.
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Los iraníes pueden ser de mucha ayuda cuando se habla de alinear a las naciones Árabes, incluida Arabia Saudita y los estados del Golfo.
Todos esos estados temen un Irán nuclear -si es que en realidad ésas son las ambiciones de Irán-, lo mismo que Israel.
Bush espera que eso le sirva de palanca. El seguirá prometiendo seguridad a los estados Arabes. En contraprestación el espera apoyo de esos estados a su iniciativa palestina-israelí.
También espera animarlos a todos, y a los sauditas y a los egipcios a que traten de abrir sus sociedades a la democracia y a la liberalización política.
Esto es lo que se llama indirectamente una "agenda de libertad". Como lo explicó Stephen Hadley, "necesitamos promover la democracia y la libertad, como contrapartida de la ideología de los terroristas".
Es una buena idea, pero habiendo vivido tanto en Medio Oriente como en Estados Unidos en los pasados cuatro años, puedo asegurar que lo que luce bien en el papel en Washington, es menos convincente en las calles del mundo árabe".
Allí la gente le dirá que la "ideología de los terroristas", o "resistencia" como muchos la llaman, se nutre de las grandes injusticias que es lo primero que hay que resolver.
Y muchos agregan que hasta que Bush, y su desconocido sucesor, comprendan esto, nunca habrá progreso hacia una paz duradera.