El Tratado deberá ratificarse mediante vía parlamentaria o referendo en el caso de Irlanda.
Los líderes de la Unión Europea (UE) firmaron en la capital portuguesa un nuevo Tratado y pusieron fin a siete años de negociaciones para mejorar el desempeño institucional de ese grupo de países y fortalecer su posición en el mundo.
La ceremonia se llevó a cabo en el monasterio de los Jerónimos, en Lisboa.
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El Tratado reemplaza a la fallida Constitución rechazada en referendos por Francia y Holanda en 2005 y espera conseguir "una Europa más moderna, más eficaz y más democrática", como dijo el primer ministro portugués y presidente de turno de la UE, José Sócrates.
Para ello, fortalece el papel de la presidencia comunitaria, que tendrá en lo adelante un mandato de dos años y medio en lugar de las rotaciones cada seis meses.
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Se incorpora, además, un Jefe de Política Exterior que representa a los 27 países miembros y se eliminan los poderes nacionales de veto en muchas áreas.
La ceremonia de firma del tratado se llevó a cabo en el monasterio de los Jerónimos, a orillas del río Tajo, al norte de Lisboa.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, manifestó que "desde este viejo continente, una nueva Europa ha nacido".
Durao Barroso agregó: "Lisboa, que tantas veces ha sido punto de encuentro de Europa con el mundo, es hoy punto de encuentro de Europa consigo misma. El Tratado de Lisboa es el resultado de ese reencuentro".
¿Con o sin símbolos?
Aprobado en octubre último, el Tratado no entrará en vigor hasta 2009 para lo cual deberá ser confirmado mediante vía parlamentaria o referendo por los 27 países miembros de la UE.
La firma del tratado pone fin a siete años de discusiones.
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De todos ellos, sólo Irlanda está tiene la obligación legal de someter el documento a una consulta popular.
La discusión del Tratado ha generado controversia entre aquellos que no desean más transferencia de poder de los países miembros a las instituciones europeas y entre los que se oponen a la idea de un "superestado".
Se le califica como una versión reducida de la constitución europea, con un nombre más modesto y sin ninguna referencia a símbolos como una bandera o un himno.
No obstante, según la corresponsal de la BBC en Bruselas, Oana Lungescu, ambos símbolos jugaron un papel central en la ceremonia de rúbrica del Tratado, lo cual hizo a muchos preguntarse cuánto en realidad ha cambiado la fracasada Constitución.
Lo que al parecer sí ha cambiado mucho -en opinión de Lungescu- es la actitud de la dirigencia europea, que contrariamente a las dudas y vacilaciones de los últimos años ahora exhibe la confianza de que Europa está lista para encarar los retos de un mundo cambiante.