Cuando un líder opositor dijo este miércoles en el parlamento británico que el premier laborista, Gordon Brown, estaba transformándose de Stalin a Mr. Bean (personaje televisivo famoso por su torpeza), las carcajadas de los diputados resonaron en los pasillos.
Brown no deja de ser atacado por la oposición durante sus comparecencias en el parlamento.
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Y es que a Brown no dejan de lloverle las malas noticias. La última: Scotland Yard inició una investigación sobre presuntas donaciones ilegales al Partido Laborista que provocó la renuncia de su secretario general, Peter Watt.
Ello debido a que uno de los principales donantes del partido dio más de US$1 millón a través de intermediarios, algo ilegal según la legislación británica introducida por los propios laboristas en 2000.
El escándalo podría haber abierto fisuras dentro de los laboristas después de que la "número dos" del partido y una de las beneficiarias de las donaciones, Harriet Harman, implicara a un estrecho colaborador de Brown por aceptar dinero a través de intermediarios.
Punta del iceberg
"Ésta es la punta del iceberg, están saliendo más nombres de personas involucradas cada hora y no sabemos dónde terminará todo", dijo a BBC Mundo el diputado nacionalista escocés, Angus MacNeil, quien denunció el anterior escándalo de "venta" de financiación ilegal de partidos que puso contra las cuerdas al predecesor laborista de Brown, Tony Blair.
"Esto es mucho más serio que el caso anterior", sentenció MacNeil, crítico de la decisión de la policía de dar por cerrado ese caso hace cinco meses por falta de pruebas.
Algunos medios británicos ya comienzan a hablar de la "mala suerte" de Brown e informan de que algunos diputados laboristas tienen "lástima" de su líder.
No es para menos: desde que asumió el poder el pasado junio tras 10 años de espera, a Brown no le ha parado de llover encima.
Pocos días después de su nombramiento, extremistas islamistas intentaron atacar Londres y Glasgow, seguidas por las peores inundaciones en décadas en el Reino Unido que dejaron aisladas varias ciudades, incluida Oxford, amén de un conato de fiebre aftosa.
Hasta su reputación como buen gestor al mando del ministerio de Economía se está derrumbando.
En septiembre, cientos de ciudadanos hicieron cola ante las sucursales del banco Northern Rock para sacar sus ahorros por temor a que entrara en bancarrota por la crisis hipotecaria iniciada en Estados Unidos.
La semana pasada, el gobierno extravió dos CD con los datos personales -incluidos los números de cuentas bancarias- de 25 millones de británicos. Y en noviembre, el precio de la vivienda tuvo su mayor caída en 12 años y la primera desde febrero de 2006.
Estos datos son vistos como indicadores de una desaceleración económica y en la City, el centro financiero londinense, muchos ya se preguntan ¿hasta cuándo durará mi trabajo?
Suerte
El secretario general laborista, Peter Watt, tuvo que dimitir, pero pocos creen que será el último.
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Brown responde a sus críticos con anuncios de creación de comisiones de investigación y justifica el resfriado de la economía como un contagio de la crisis hipotecaria y la consecuente contracción crediticia estadounidense.
Entonces, si el clima económico frío actual no es culpa suya, el crecimiento económico ininterrumpido de la última década cuando era ministro de Economía fue gracias a la estabilidad mundial, se preguntaba el diario londinense The Observer.
Aunque por lo visto más de uno se está preguntando lo mismo.
Según la última encuesta del periódico The Daily Telegraph, Brown obtendría un 32% de los votos frente al 43% de la oposición conservadora, la distancia más amplia entre ambos partidos desde la época de la primera ministra tory Margaret Thatcher.
Por ahora nadie espera que Brown dimita: las últimas elecciones fueron en 2005 y en teoría podría gobernar hasta el 2010.
"Pero estas cosas los británicos no las olvidamos", comentaba Janet Robinson, una vendedora de diarios en Londres.
¿Sufrirá Brown el mismo destino que los conservadores cuando fueron defenestrados por el electorado en 1997 entre acusaciones de corrupción e incompetencia?
Dicho todo esto, por fin una buena noticia para él: el personaje Mr. Bean siempre termina bien. ¿Será así con Brown?