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Martes, 27 de noviembre de 2007 - 00:03 GMT
La disputada Jerusalén
Jana Beris
Jana Beris
Jerusalén

Vista del Muro de los Lamentos, en el primer plano, y la mezquita de Al-Aqsa, en el fondo, en Jerusalén
Sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, su dimensión política y religiosa la hace única.
Entre los numerosos imprevistos de Oriente Medio, hay un punto que sí se puede predecir: cada vez que se habla de negociaciones serias entre Israel y los palestinos, vuelve a colocarse sobre la mesa el tema de Jerusalén.

Sagrada para el judaísmo, el cristianismo y el Islam, su dimensión política y religiosa la hace única, y es hoy considerada por los israelíes como la capital unificada del estado a pesar de que su parte oriental sigue siendo exigida por los palestinos como capital de un futuro estado independiente.

En la Guerra de los Seis Días en 1967, Israel conquistó Jerusalén Este en el frente jordano.

Para los israelíes, eso fue "liberación" y "reunificación", y para los palestinos, "ocupación".

La parte oriental fue anexada a Israel. Pero esta zona no comprendía sólo la Ciudad Vieja, donde se halla el santuario más sagrado para el pueblo judío, el Muro de los Lamentos -al que Jordania vedaba el acceso a israelíes-, sino también una amplia zona aledaña, que incluía casi 30 aldeas y barrios árabes.

Israel construyó asentamientos y nuevos barrios en el resto de la zona oriental anexada, en los que instalaron aproximadamente 200.000 israelíes.

Instalados

Un palestino camina junto al muro que separa un barrio de Jerusalén de un pueblo cisjordano
Israel conquistó no sólo la Ciudad Vieja oriental, sino también zonas aledañas que luego cercó.

Es bien conocida la posición oficial palestina sobre la necesidad de que Jerusalén Este sea su futura capital. Pocos en Cisjordania, la Franja de Gaza o en el mundo árabe en general, dudan que eso debe ser así.

Sin embargo, entre la población árabe que habita Jerusalén del este, las posiciones no son tan homogéneas. Son palestinos -como sus vecinos del otro lado de la frontera- pero han vivido en dinámicas diferentes desde 1967 y eso ha creado en muchos casos diferencias de enfoque.

Luego de la anexión por parte de Israel, a la población árabe se le dio residencia permanente y se le ofreció la posibilidad de solicitar ciudadanía israelí. Muchos no lo hicieron para no parecer "traidores".

Desde 1967, unos 10.000 árabes se han convertido en ciudadanos, pero en los últimos dos años, casi 20.000 han solicitado la ciudadanía, 3.000 de ellos en los últimos cuatro meses.

"Cuando se vuelve a hablar de una posible división de la ciudad, la gente comienza a preocuparse" -comenta el periodista árabe Khaled Abu Toemah, de Jerusalén Este, quien cree que la mayoría de la población árabe local no quiere pasar a un gobierno palestino.

"Ven lo que pasa en la Autoridad Palestina, las luchas internas, la difícil situación, y también ven los beneficios económicos y de libertad de movimiento que tienen bajo gobierno israelí, y no quieren renunciar a ello", dice Khaled Abu Toemah.

Interrogantes

Manifestación de la extrema derecha israelí en protesta por la conferencia de Annapolis
En vísperas de Annapolis, cientos de manifestantes israelíes criticaron la postura de Olmert.

En la calle, los testimonios son variados, tanto del lado judío como del palestino. No pocos judíos sostienen que no concebirían ver otra vez al Muro de los Lamentos fuera de su alcance, aunque no sean necesariamente religiosos practicantes.

Al mismo tiempo, admiten que no pisan jamás un barrio árabe, donde no se sienten seguros.

Del lado palestino, queda claro que no se toma en cuenta sólo la consideración de su afiliación nacional, sino también aspectos prácticos de su vida diaria.

Para Muhamad Ibrahim (27) de Ras el-Amud, esa es la única opción. "No soporto que Israel pueda decidir que sólo mayores de cierta edad puedan entrar a Al-Aksa (Jerusalén) y quedarme yo fuera, si es mi lugar sagrado" -comenta.

Inestabilidad

A pocos metros de la esquina en la que hablamos están las sucursales de varias policlínicas israelíes. Una de ellas está dirigida por el Dr. Zoher Nasser al-Din, médico pediatra quien dice a la BBC que "no me siento bajo ocupación".

Critica que Israel no haya invertido casi en infraestructura en las zonas árabes, "pero aparte de eso, no cambiaría nada en mi situación actual".

 Dr. Zoher Nasser al-Din, médico pediatra / Foto: Jana Beris
El Dr. Zoher Nasser al-Din dice que la gente "no quiere estar bajo el gobierno palestino".
"La gente no quiere estar bajo gobierno palestino, aunque no todos acepten decirlo. La gobernabilidad allí es muy diferente, hay mucha inestabilidad, no hay seguridad" -sostiene.

Raida Shweike, una ama de casa de 32 años que nació bajo gobierno israelí indica que está acostumbrada. "No me importan mucho las declaraciones políticas, pero sé que yo no quiero que aquí gobierne Ramala".

En un negocio donde varios jóvenes se reúnen, uno comenta que "lo que me importa es que la policía no me pare y me hable mal porque se le antoja, así que prefiero estar bajo gobierno de mi pueblo".

Otro que le escucha responde que "es verdad que aquí hay problemas, pero del otro lado están peor".

¿Cómo dividirla?

El gran interrogante ahora es si, al colocarse a Jerusalén en la mesa de negociaciones, se le preguntará a la población cuáles son sus preferencias. Si lo hacen, se toparán con matices muy variados.

Una eventual partición de Jerusalén parece física y técnicamente imposible, dado que lo que hay aquí no es una Jerusalén occidental del lado de una calle y oriental del otro.

Las partes árabes de la zona Este están dispersas por distintos puntos, con Kalandia y Shuafat en el norte, Tsur Baher en el sur y Bet Tsafafa en el oeste.

Basta con recorrer la zona para preguntarse cómo alguien puede concebir dividir Jerusalén.

La alternativa a la división física con más barreras -aparte del ya existente muro, que para los israelíes da seguridad y para los palestinos es una seria complicación- sería que la ciudad mantenga su unidad, con dos municipalidades encargadas de sus respectivas zonas, o con un manejo conjunto.

De todo esto, se empezará al parecer a hablar en la conferencia en Annapolis.



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