Lahoud se negó a entregar el poder al gobierno de Fouad Siniora.
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Líbano quedó virtualmente en estado de acefalía al haber expirado la pasada medianoche el mandato del presidente Emile Lahoud sin que se haya elegido todavía a su sucesor.
Lahoud, un general retirado que cuenta con el apoyo de Siria, abandonó el palacio presidencial negándose a entregar sus poderes al gobierno del primer ministro pro-occidental Fuad Siniora.
Por el contrario, insistió en la "ilegalidad" del gobierno y "confió" el custodio provisional del Estado al jefe del ejército, general Michel Suleiman, aduciendo que el país corría el riesgo de entrar en un estado de excepción.
Esta especie de "limbo institucional" se produce luego de que este viernes el Parlamento fallara por cuarta vez en su intento de elegir el sucesor de Lahoud y postergara la votación (ante la falta de quórum) hasta el próximo 30 de noviembre.
"Conciencia tranquila"
Siniora dijo que el procedimiento de Lahoud es inconstitucional.
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Pero Siniora, quien cuenta con el apoyo de Estados Unidos, descalificó el procedimiento indicando que va en contra de la Constitución libanesa.
Un portavoz del gobierno dijo a la agencia AFP, que la declaración presidencial "no es válida y es inconstitucional. Es como si nunca hubiera sido emitida".
Poco antes Lahoud había abandonado el palacio presidencial Baabda expresando su esperanda de "que venga un presidente que sea un verdadero hombre que apoye un Líbano fuerte".
"En caso contrario el precio que va a pagar será muy caro", agregó en lo que se interpreta como un apoyo a la resistencia que respalda el movimiento chiíta Hezbolá y el gobierno sirio.
Violencia y negociaciones
La mayoría de los libaneses no desean que el país vuelva a la violencia.
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Según la corresponsal de la BBC en Beirut, Kim Ghattas, las rivalidades políticas son tan fuertes que ni los mismos dirigentes se ponen de acuerdo en cuanto a la existencia de un estado de emergencia.
De todos modos -agrega Ghattas- en lo que sí hay un acuerdo generalizado, es que por ahora, nadie quiere el retorno de la violencia que en el pasado sumió al país en una guerra civil de 15 años.
Hasta el momento no se ha reportado ningún incidente y la capital libanesa sigue bajo un fuerte operativo de seguridad con miles de efectivos y tanques desplegados en sus calles.
Legisladores oficialistas y los del movimiento Hezbolá, no parecen querer explotar la situación e insisten en que continúan buscando el consenso para elegir un presidente que según la Constitución, debe pertenecer a la comunidad cristiano maronita.
Muchos creen que el acuerdo dependerá en gran medida de los resultados de la conferencia para la paz en el Medio Oriente, convocada para la semana próxima en Annapolis, Estados Unidos.
Washington, en tanto, envió un mensaje recomendando "a las fuerzas armadas libanesas y a los servicios de seguridad que cumplan con su compromiso de resguardar la seguridad y el orden".