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Hugh Schofield
BBC, París
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Sarkozy ofreció hacer reformas en su manifiesto de campaña y obtuvo un mandato para el cambio.
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El caballero no da marcha atrás.
El trasfondo del discurso de esta semana del presidente de Francia Nicolas Sarkozy tuvo ecos de la famosa declaración de la ex primera ministra británica, Margaret Thatcher.
Pero las palabras clave no aparecieron en el texto del primer discurso que pronuncia el mandatario desde que empezaron los paros de transporte hace una semana.
Sarkozy improvisó en su mensaje la expresión "Nous ne cederons pas, nous ne reculerons pas" (no cederemos, no retrocederemos), como si rindiera homenaje al ejemplo de la Dama de Hierro.
Aunque nunca hubo la menor probabilidad de que Sarkozy diera marcha atrás en la más simbólica de sus reformas.
Los sindicatos ferrocarrileros protestan para defender privilegios que pocos en el país creen que puedan seguirse defendiendo.
El presidente expresó claramente en su manifiesto de campaña que planeaba reformar los privilegios de pensiones, y nadie puede llamarse a engaño ni a sorpresa.
Y hasta la mayoría de los líderes sindicales admite tácitamente que es hora de poner fin a la anomalía que permite a 500.000 empleados de los sectores ferroviario y de energía retirarse dos años y medio antes que otros trabajadores.
Alicientes financieros
Como sucede con frecuencia, gran parte de las tensiones sociales se deben a los sindicatos -que son instituciones esencialmente débiles en Francia- que temen ser superadas.
Muchos dirigentes sindicales admiten tácitamente que la reforma es necesaria.
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De hecho, sólo hay un sindicato que se beneficia directamente de la situación del sistema de pensiones, pero las otras organizaciones están renuentes a permitir que ese sindicato conserve el monopolio de la posición extrema.
El gobierno espera que los paros cedan y se conviertan en una irritación manejable.
Las conversaciones entre sindicatos, gerencias y gobierno se iniciaron el miércoles y tienen un mes para llegar a un acuerdo, y es difícil seguir luchando mientras los líderes negocian.
Además, ahora es claro que la empresa estatal que administra los ferrocarriles (SNCF) está dispuesta a invertir una vasta suma de dinero -cerca de US$150 millones al año- para alentar al personal a aceptar la reforma.
La negociaciones se centrarán no en los planes del gobierno (que contemplan periodos más largos de contribución para los trabajadores ferrocarrileros) sino en temas como aumentos salariales y esquemas de suplemento a las pensiones.
Pero los planes siguen siendo los mismos.
La ruptura
Cuando todo termine, ¿podrá decir Sarkozy que enfrentarse a los poderosos sindicatos en nombre del cambio económico fue su momento thatcherista?
Sí y no.
Sí, porque el sistema "especial" de pensiones ha sido un dolor de cabeza para los gobiernos durante muchos años.
El gobierno espera que los paros se conviertan en una molestia manejable.
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Una vez más, Sarkozy habrá mostrado que la fuerza y la decisión pueden forzar la ruptura, y que no hay nada que impida cambiar el estado de cosas.
Pero no, porque el costo de cualquier acuerdo puede ser tan elevado como el sistema que está tratando de cambiar. Cien millones de euros al año es mucho dinero.
Y no, porque aunque la reforma del sistema de pensiones ha causado tantos problemas, es de muchas maneras la más fácil de las tareas que Sarkozy ha asumido.
De hecho, el presidente tiene mucha suerte de que los sindicatos hayan elegido llevarlo a un terreno que es desfavorable para ellos.
Un claro mandato para el cambio, el país a favor, los sindicatos divididos. Esta es una reforma que Sarkozy no puede dejar de hacer.
Ojalá el resto fuera tan sencillo.