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Jueves, 22 de noviembre de 2007 - 03:20 GMT
Tensiones por brasileños en Japón
Philippa Fogarty
BBC, Tokio

Flavia Tyemi Yanase
Flavia, estudiante universitaria, vive en Japón desde que tenía nueve años.

Cuando Flavia tenía 10 años de edad, un profesor en su escuela primaria le dijo que no tenía futuro alguno en Japón.

Llevaba un año en el país y estaba teniendo dificultades para dominar el idioma.

Recuerda que su profesor le dijo: "Nunca hablarás japonés como los japoneses, y no puedes mantener el nivel. ¿Por qué no vas a una escuela brasileña? ¿ O de regreso a Brasil?"

Ocho años después, cuando le contó que había sido admitida a una prestigiosa universidad en Tokio, su maestro no pudo ocultar su estupor.

Japón no es una nación muy diversa.

Los residentes extranjeros componen apenas 1.6% de la población, y gobiernos sucesivos se han opuesto a la admisión de inmigrantes, temiendo que podrían crear tensiones sociales.

Pero en 1990, al enfrentar una escasez de mano de obra, el gobierno llegó a una fórmula de compromiso.

Japón tiene varias reglas y ellos no conocen las reglas
Keiko Murakami, funcionaria gubernamental

Permitiría el ingreso de Nikkeijin o "personas de ancestro japonés", de segunda o tercera generación, autorizando su ingreso a Japón como trabajadores permanentes.

El argumento sostenía que los Nikkeijin tenían sangre japonesa, hablarían japonés, entenderían la cultura y se integrarían más fácilmente.

Los abuelos paternos de Flavia estuvieron entre las decenas de miles de nacionales de Japón que emigraron a Sudamérica a comienzos del siglo XX a trabajar en plantaciones.

Cuando las puertas se abrieron, muchos Nikkeijin sudamericanos fueron a Brasil.

Los brasileños son ahora el tercer mayor grupo de residentes extranjeros, luego de los coreanos y chinos.

Y la manera como Flavia y sus Nikkeijin se integran es algo que está siendo observado muy de cerca.

"La llegada de los Nikkeijin ha sido vista como una especie de experimento por el gobierno, en términos de cómo introducir grandes cantidades de trabajadores extranjeros en el futuro", dijo Yoko Sellek, del Centro White Rose para el Este Asiático, en el Reino Unido.

"El país se está envejeciendo y por eso el gobierno tiene que pensar acerca de importar trabajadores no calificados", asegura, "pero ve los problemas de la comunidad Nikkeijin como señales de advertencia".

Esto porque los recién llegados son mucho menos japoneses de lo que el gobierno esperaba. Los Nikkeijin de segunda y tercera generación son sociológicamente brasileños, hablan portugués y todas sus referencias culturales son brasileñas.

"Brasileño es igual a malo"

Hamamatsu, una ciudadela industrial cerca de 300 kilómetros al sur de Tokio, es el hogar del mayor número de brasileños.

Cerca de 19.000 se han asentado aquí, encontrando trabajo en las fábricas.

La ciudad los necesita, dice la funcionaria municipal Keiko Murakami, debido a que hacen el trabajo que los jóvenes japoneses no están dispuestos a hacer.

LATINOAMERICANOS EN JAPÓN
Jóvenes brasileños en Hamamatsu.
En 2004 había 286.557 brasileños residentes en Japón
También se contabilizaban 55.750 peruanos, que constituyen el quinto grupo de extranjeros en tamaño
Fuente: Gobierno de Japón

Así que los funcionarios se esfuerzan por ayudarlos, ofreciendo programas de idiomas, traducciones de documentos clave y empleando intérpretes para ayudar a que las personas resuelvan asuntos administrativos.

En las calles, los edificios tienen avisos en portugués.

Al sur de la estación ferroviaria, carteles en portugués ofrecen lecciones de conducir y préstamos bancarios, al tiempo que las tiendas venden DVD brasileños.

Pero las disputas por asuntos como la música a alto volumen, espacios de estacionamiento y basura son motivo diario de fricciones.

"Su cultura y costumbres son distintas", dice Murakami.

"Japón tiene varias reglas y ellos no conocen las reglas, por lo que eso lleva a tensiones", agrega.

Educación

Un problema serio, dice, es la educación.

Integrar a los niños brasileños mayores a los salones de clase en Japón ha resultado difícil.

Mientras que 98% de los niños japoneses completan la escuela secundaria, el porcentaje es mucho menor para los recién llegados.

Muchos se retiran de la escuela intermedia también, porque no pueden comunicarse y sufren de comportamiento agresivo por sus compañeros.

La tasa de deserción escolar ha sido vinculada a altos niveles de delincuencia juvenil, lo que a su vez ha creado percepciones negativas de la comunidad brasileña.

"Algunos de mis amigos llegaron a Japón cuando tenían 15 años y no sabían nada, no tenían ni idea de japonés. Y fueron discriminados y tuvieron que ir a trabajar a las fábricas. Fue muy duro para ellos", recuerda.

Los japoneses nos necesitan pero todavía nos discriminan
Flavia Tyemi, brasileña de ancestro japonés

"Y si la gente les sigue diciendo que ´eres brasileño, luego eres malo´, ellos harán esas cosas".

Para los trabajadores, entre tanto, bajos salarios y explotación siguen siendo un problema.

En la fábrica donde trabaja el padre de Flavia, se pierde de los bonos y prebendas salariales pagadas a sus colegas japoneses.

Luego de una década de trabajo de tiempo completo, apenas acaba de recibir sus primeros días de vacaciones pagas.

En Brasil se graduó de una universidad y su esposa era maestra.

Pero no considera factible conseguir un trabajo "de cuello blanco".

"Los japoneses nos necesitan pero todavía nos discriminan", dice Flavia.

"Dicen, ´tenemos la misma sangre que ustedes pero ustedes son distintos, así que vayan y trabajen en una fábrica´. Los japoneses no creen que podamos trabajar junto a ellos, vestidos de traje".

"Asuntos sin resolver"

Aviso en portugués en ciudad japonesa.
Se observan muchas señales de la presencia brasileña en Hamamatsu.

Por supuesto, no todas las experiencias de Flavia han sido malas.

Algunas personas se esforzaron bastante por ayudarle, aclara.

La señora Murakami piensa que la mayoría de los japoneses aceptan ahora que tendrán que vivir junto a extranjeros.

Sin embargo, la mayoría de los expertos está de acuerdo en que la inmigración no es la respuesta al problema de la crisis demográfica debido a las cifras que involucran.

Se necesitarían 650.000 inmigrantes al año para mantener la población en su nivel máximo de 2006, según un informe gubernamental.

Sellek sostiene que es mucho más probable que el gobierno modifique la actual política de inmigración, importando un mayor número de "aprendices" temporales de Asia y enfocándose en personal calificado, en vez de abrir completamente las puertas de Japón.

Pero los Nikkeijin seguirán siendo un tema caliente.

"Si no resolvemos los asuntos pendientes con la comunidad Nikkeijin, ¿cómo podemos pensar en traer más?", pregunta Murakami.

"No podemos avanzar al siguiente escenario del debate hasta que se hayan resuelto estos problemas".

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