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Martes, 2 de octubre de 2007 - 15:13 GMT
Birmania: desde el monasterio
Redacción BBC Mundo

Protestas en Birmania
Los monjes de la generación más joven no vivieron los hechos de 1988, y pensaron que no los iban a atacar. Los monjes más viejos, en cambio, estaban asustados e inseguros

Un estudiante de Budismo que se encuentra en un monasterio en Birmania le contó a la BBC cómo se sienten los monjes ante las protestas.

Según el testimonio, las protestas han ahondado la brecha generacional entre los más jóvenes, que no recuerdan la dura represión de las manifestaciones en 1988, y los más viejos, que piden cautela.

En Birmania, el tema de la política siempre está presente en la mente de la gente. Pero nada podía predecir lo que está sucediendo ahora.

Siempre se ha dicho que hay espías del gobierno en los monasterios budistas. Por esto, todos sospechan y se cuidan mucho al hablar.

Ha sucedido, conversaciones casuales han llevado a problemas.

El pueblo birmano comenzó protestando por el precio de la gasolina. La primera reacción de los monjes fue una reacción a su situación económica, pues ellos dependen de las donaciones de la gente.

El aumento en los precios impone nuevas presiones a la gente común y corriente, que ya no puede donar parte de su salario a los monjes. Los monjes estaban preocupados por su supervivencia.

Hay que comprender que, para quienes viven toda su vida en un monasterio, dedicarse a algo diferente no es una opción viable.

Algunos monjes expresaron su descontento a miembros del gobierno.

Por otra parte, el incidente en Pakokku, en el que las autoridades golpearon a algunos religiosos, fue un duro golpe que los hizo darse cuenta de que ellos también estaban involucrados.

Hubo mucha indignación, pero poca acción.

Pegados a la radio

Niño monje
Hay que comprender que, para quienes viven toda su vida en un monasterio, dedicarse a algo diferente no es una opción viable.

En el monasterio se dieron cuenta de lo que sucedía cuando un grupo escuchó por la radio que había monjes protestando en las calles de Rangún.

Todos nos pegamos a la radio para escuchar las últimas noticias de la BBC y de la Voz de América.

Creo que las noticias tuvieron más impacto en las decisiones y los eventos que cualquier declaración o cualquier líder.

Los monjes de la generación más joven no vivieron los hechos de 1988, y pensaron que no los iban a atacar.

Los más viejos, en cambio, estaban asustados e inseguros. Los responsables del monasterio se pusieron en contra de los que participaron en las protestas y ordenaron que no lo hicieran más.

Dijeron "no hagan nada, y si lo hacen, los sacamos de la congregación".

Los religiosos de rango medio quedaron atrapados entre los dos bandos. Pero vi que muchos lograban salirse del monasterio a escondidas y luego regresaban.

Los que se iban a las protestas llegaban y se alegraban de haber evadido las golpizas. Algunos resultaron heridos, pero nadie murió.

Los manifestantes querían mandarle un mensaje a la comunidad internacional: escuchaban sobre China, las sanciones, la ONU, las negociaciones, conceptos que no comprendían bien.

Pero veían con esperanza que la comunidad internacional los estuviera observando de cerca.

Esperanzas

Todo lo que querían era mostrarle al mundo su situación, y creo que están dispuestos a morir.

Todo comenzó como un movimiento religioso: los monjes afirmaban con firmeza que no eran un movimiento democrático organizado y que no planeaban convertirse en eso.

Pero sabían que pedirle libertades a los generales no tendría ningún resultado. Sabían que no tenían armas ni podían contra el ejército.

Todo lo que querían era mostrarle al mundo su situación, y creo que están dispuestos a morir.

Tenían muchas esperanzas en la visita el enviado de la ONU, pero estaban sorprendidos de saber que se reunió con Aung San Suu Kyi.

Esta fue la oportunidad para que se expresaran después de 20 años. Ellos esperan que la comunidad internacional conozca su situación y los ayude.

Pero cuando escuchan que el apoyo a las manifestaciones está disminuyendo, y el tiempo pasa sin que nadie los ayude, pierden las esperanzas. Están desilusionados, y creo que pronto van a rendirse.



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