Las pasiones contra Corea del Norte son intensas en Corea del Sur.
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Mientras los líderes de las dos Coreas se reúnen por segunda vez en la historia, en la frontera que divide la península, un pequeño grupo de surcoreanos hace profundas reverencias en dirección del alambre de púas.
Algunos cientos, muchos de ellos ancianos, se reúnen aquí cada año para orar por sus seres queridos, de quienes llevan separados más de medio siglo.
Jon Byong-yoon tiene 84 años y nunca ha estado con su hijo, que ya tiene 56. La guerra lo separó de su esposa embarazada y de su hogar en el norte. Ahora espera que la cumbre de esta semana aproxime a los dos países y pueda ver a su hijo.
La primera cumbre coreana se celebró en junio de 2000, y entonces también hubo multitudes entusiasmadas como telón de fondo para el abrazo que se dieron los líderes.
Hubo pocos avances. Algunas de las familias divididas recibieron autorización para encontrarse, y se estableció una zona industrial común en la frontera.
¿Impulso electoral?
Kim Jong-il, quien estuvo en la primera cumbre, podría tener interés en ayudar a su homólogo surcoreano.
Ante la inminencia de las elecciones en el Sur, una cumbre exitosa le daría al partido de Roh Moo-hyun impuso ante la oposición conservadora a la que el régimen norcoreano podría ver como mucho menos amistosa.
Otro incentivo que tiene el norte de la península coreana es que el empobrecido país comunista tiene una economía que equivale a 3% de la economía del sur, según estiman algunos analistas.
La cumbre podría llegar a un acuerdo que otorgue más ayuda económica a Pyongyang y fortalezca, aunque sea de manera limitada, los lazos económicos entre las dos naciones.
Potencial propagandístico
¿Qué piensan los norcoreanos sobre la cumbre?
"Los norcoreanos presentarán la visita de Rho Moo-hyun como un tributo", según el profesor Brian Myers, experto en el uso de propaganda oficial.
Muchos sostienen que no debería celebrarse ninguna cumbre entre las dos Coreas.
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"La última cumbre se presentó como un encuentro entre Kim Jong-il y las masas surcoreanas. En otras palabras, el presidente de Corea del Sur fue eliminado de la ecuación", señala el profesor Myers.
Algunos coreanos piensan que no debería celebrarse una cumbre.
Han Chang-kwon huyó de Corea del Norte y ahora vive en Seúl. Hablé con él durante una manifestación contra los abusos a los derechos humanos de los norcoreanos.
"Miles de norcoreanos están en campos de concentración, muchos más tienen hambre, y esta cumbre no tendrá ninguna importancia si esos temas no se discuten", me dijo.
Pero el gobierno surcoreano cree más probable que el compromiso -en vez de la crítica- sirva para obtener concesiones de su vecino del norte.
El presidente Rho Moo-hyun prometió presionar para que las familias divididas tengan más oportunidades de reunirse.
Jon Byong-yoon está de acuerdo.
"Si tuviera sólo 70 años podría esperar, pero tengo 84 y se me está agotando el tiempo", dice.