Las protestas se inciaron el mes pasado cuando el gobierno duplicó el precio del combustible.
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Cerca de diez mil personas tomaron las calles de Rangún, la principal ciudad de Birmania, para protestar contra el gobierno militar.
Unos 5.000 monjes budistas lideraron las marchas, a las que se sumaron por primera vez -desde que se iniciaron las protestas siete días atrás- unas 150 monjas vestidas de blanco.
Estas protestas constituyen la mayor muestra de descontento frente al gobierno, desde el golpe de Estado ocurrido en 1988.
En otras siete localidades y ciudades del país también se registraron marchas de oposición al gobierno.
Según señala el corresponsal de la BBC en el sur del continente asiático, Jonathan Head, la magnitud de las manifestaciones está aumentando porque los monjes han urgido a la población civil que se sume a la protesta, pese a que la semana anterior habían pedido que se abstuvieran de participar.
Seguridad
Si bien hasta el momento las fuerzas de seguridad se han mostrado pasivas, han impuesto un cordón de protección alrededor de la casa de la líder opositora Aung San Suu Kyi, quien cumple arresto domiciliario desde 2003, para que los manifestantes no puedan acercarse a su casa.
Los manifestantes cantaron a coro pidiendo la liberación de Suu Kyi.
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Suu Kyi ha pasado 11 de los últimos 18 años detenida después de que su partido ganase las elecciones en 1990, anuladas posteriormente por la junta militar.
El sábado salió afuera de su casa para saludar a los monjes, en lo que constituye su primera aparición pública desde 2003.
Según testigos, la multitud formó una cadena humana para proteger a los monjes que marchaban hacia uno de los sitios más conocidos de Birmania, la Pagoda Shwedagon.
Durante la marcha podían escucharse cánticos exigiendo la liberación de Suu Kyi.
Las protestas comenzaron el mes pasado cuando el gobierno dobló los precios de los combustibles.
Pero han tomado un vigor hasta ahora no visto esta semana cuando los religiosos decidieron involucrarse.
El último sábado, al menos 2.000 monjes tomaron las calles de Rangún y otros 10.000 marcharon en la ciudad de Mandalay (la segunda del país) y también se registraron actos de protesta en otras cinco localidades de Birmania.