Miles de monjes budistas han tomado las calles de Birmania por sexto día consecutivo para protestar contra la junta militar que gobierna el país.
Los manifestantes piden ahora la caída del gobierno militar.
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Más de 2.000 monjes protestaron en una marcha en Mandalay, la segunda ciudad del país, situada en la zona de mayor actividad religiosa.
Mientras otros 1.000 se manifestaron en la antigua capital, Rangún, convergiendo en el templo sagrado de Schwegadon, bajo la atenta mirada de agentes de paisano.
También hubo protestas en otras cinco ciudades del país, un día después de que los líderes de los manifestantes declararan que no pararán hasta que caiga el gobierno.
Se tratan de las protestas más fuertes contra las autoridades birmanas desde el golpe de Estado ocurrido en 1988 aunque no hay informes de violencia.
La líder opositora Aung San Suu Kyi, al parecer visiblemente emocionada, salió afuera de su casa para saludar a los monjes, su primera aparición pública desde que fuera puesta en arresto domiciliario en 2003.
Suu Kyi ha pasado 11 de los últimos 18 años detenida después de que su partido ganase las elecciones en 1990, anuladas posteriormente por la junta militar.
Desafío
En un país donde cualquier tipo de oposición es normalmente reprimida por la fuerza, el desafío que presentan los monjes a la autoridad del gobierno es formidable.
El problema del gobierno es que son reacios a enfrentarse públicamente contra los monjes por temor a enfurecer a la población en un país que atraviesa una gran penuria económica, según indicó el corresponsal de la BBC en la región, Jonathan Head.
Sin embargo, el problema para las autoridades es que cuanto más tiempo permitan las manifestaciones, más débiles parecerán.
Las protestas comenzaron el pasado mes cuando el gobierno dobló los precios de los combustibles.
Pero han tomado un vigor hasta ahora no visto esta semana cuando los religiosos decidieron involucrarse.